12 jul. 2008

EL PROYECTO DE SORIN QUE NO FUE

Hace una década, Carlos Sorín lanzó un proyecto que nunca concretó. Este es un reportaje en el que habla de aquella especia de falso documental, con actores no profesionales, que no llegó a filmar.

Carlos Sorin, el director que hace más de una década debutó y sorprendió con “La película del rey” rodará en 1999 “Bacigaluppi”, la historia de un nadador obsesivo, una broma corrosiva con algo de “Forrest Gump”.

Tiempos posteriores a los míticos Juegos Panamericanos del peronismo. Tiempos del célebre Nicolau y otros arquetipos que hacían gala del “mens sana in corpore sano”. Tiempos de individuos que se confundían en demostraciones masivas. Tiempos en que deportistas preparados para cualquier proeza estrechaban sus manos con las del líder carismático. También de deportistas que supieron pasar --en un tris-- del podio al abucheo o al revés, y perfectamente terminar en el olvido. Dicen, fue el mono Gatica el que acuñó aquello de “Dos potencias se saludan”. Cierto o no, la historia lo incorporó como verdad.
La historia argentina atesora recuerdos verdaderos y falsos, acerca de personajes que el tiempo ayudó a mitificar. También acerca de vicios privados y de virtudes públicas que la memoria traidora o la insistencia interesada de los medios de comunicación a los que el público brinda todo su respeto, en especial los electrónicos de la aldea global del fin de siglo, terminan por convertir en verdad popular.
De aquellos tiempos también sería un tal Domingo Bacigaluppi, nadador que al promediar los años cincuenta estuvo a un paso de convertirse en ídolo de masas, uno de tantos productos de aquella Secretaría de Información Pública que se caracterizaba por transformar en propaganda todo lo que tocaba con su varita mágica, pero que no fue
Bacigaluppi, fue un hombre que tuvo una sola obsesión en su vida: la de marcar un record. Para lograrlo, debía correr contra reloj, porque el tiempo pasa y es tan único como irrepetible.
Pero, ¿existió en verdad ese tal Domingo Bacigaluppi que ahora Carlos Sorin (54) desea rescatar en el largometraje con el que piensa regresar a la pantalla grande?. ¿Existió en realidad ese documental titulado “Brazadas de gloria”, del desconocido Roggero Trocchi a propósito de sus logros y que Sorin cita como único testimonio fílmico, o es simplemente parte de la imaginación de alguien convencido de que es posible recrear la historia?.
En la productora de cine publicitario que comanda hace una década y donde entre equipos de edición abundan réplicas en escala de animales prehistóricos y hasta un pinball, Sorin escribe su propia historia.

UN PROYECTO
--Después del éxito de “La película del Rey” hiciste “Eterna sonrisa de New Jersey” con Daniel Day Lewis, que nunca se estrenó en la Argentina. Fue hace una década...
--No estuve conforme con el resultado. Y esto más allá de que no hice el corte final. Si lo hubiera hecho, tampoco estaría conforme. Vamos a ser honestos: no la hice bien. Era difícil, y en el trajín de una producción relativamente grande como esa uno pierde el feel. La historia me sigue gustando... No se, a lo mejor alguna vez la vuelvo a hacer bien. Pero la cosa es que quiero cerrar el capítulo de aquella película, y la mejor manera es haciendo otra.
--¿Te considerás un hijo de la Generación del ‘60?
--El 60 fue la referencia, el cine argentino que yo veía en mi adolescencia, Birri, Kohon, Kuhn, Feldman...
--Y ¿cuánto te influenció el cine publicitario?
--Tuve un especial cuidado de que no se filtre en mi trabajo. El cine publicitario tiene ciertos facilismos que son eficaces en una comunicación de treinta segundos, pero no hay personajes sino arquetipos. Y lo fundamental es que tiene un objetivo claro que es vender el producto. Cuando uno se maneja con secuencias de cuatro minutos en una película de hora y media la cosa cambia. Aquel barroquismo sería insoportable y siempre tuve una luz de alerta al respecto. A nivel de aprendizaje me dió mucho. Hice cientos de cortos publicitarios y me gusta hacerlos porque es un campo propicio para experimentar la técnica. Te abre la cabeza y eso es bueno.
--Te preocupa el tema de “negocio”, que tanto obsesiona a los directores de cine argentinos...
--Soy básicamente un director de cine publicitario porque es mi profesión y mi negocio. En cuanto a largometrajes soy más bien un aficionado. No vivo de hace películas y cuando hago largometrajes es casi un hobby en el sentido bueno de la definición. Siempre que empiezo una película lo único que me interesa es terminar el rodaje. Nunca pensé qué pasaba después. Aprendí a los golpes, los que me di con “La película del rey”, que la película finalmente se convierte en un producto, pero igual no le doy mucha importancia.
--¿Después de ”Eterna sonrisa...” hubo otros proyectos?
--Cuatro, dos incluso con guión terminado, pero ninguno me entusiasmó tanto como este. Aquellos se fueron cayendo en mi, y si no hice otra película antes es porque no encontraba una que mes estimule hasta hacerla.
--El protagonista de “La película del rey” está preocupado por la obra pero no por el producto en cuanto a negocio...
--Es cierto, por eso en mi nuevo proyecto lo importante era conseguir el productor apropiado que se banque un proyecto atípico como este. Hasta ahora yo soy el productor.

LA COMEDIA DE LA VIDA
--¿Cómo definirías “Bacigaluppi”?
--Diría que es una comedia, con ciertas cosas apócrifas, pero con una intención de comedia, una mirada de humor desde el vamos. En realidad “La película del rey” también la tuvo, cosa que en la segunda se perdió.
--¿Y en qué punto la realidad se confunde con la ficción?
--Bacigaluppi es como esos abogados que aparecían en el programa de Mauro Viale, que se peleaban a los gritos, que se vestían raro: no sabés si son reales o no, pero tampoco tiene mucha importancia.
--¿Esta cuestión habla de nuestra falta de rigor a la hora de chequear la verdad, ya sea histórica o presente?
--No es necesario ir al Archivo General de la Nación para descubrir que somos descuidados con nuestro pasado y esto da pié a que uno pueda armar material apócrifo con mayor facilidad (dice entre risas). Pero lo apócrifo en “Bacigaluppi” es solo una humorada, porque no se basa en eso. La temática es otra distinta. Pero bueno, está insertado como un personaje real, y de repente lo es... como los abogados de Viale.

DOVER, 1955
--¿”Bacigaluppi” es real?
--Si, totalmente. Lo es a partir de la película. Fue un muy buen nadador, excelente. Con una voluntad y un tesón fuera de serie: alguien que se hizo a sí mismo. Pero esas centésimas de segundo que lo separaban de los grandes, de estar en el Olimpo, eran abismos infranqueables y toda su vida fue la lucha contra Dios, contra su naturaleza. Es una lucha que necesariamente se pierde.
Cuando se da cuenta que en las carreras de velocidad no tenía chance, se decide por aguas abiertas: cambia tiempo por distancia. Cambia metas pero básicamente sigue siendo el mismo personaje con la misma obsesión.
--Es una película que requiere reconstrucción de época...
--La acción se inicia en Dover hacia 1955, antes del cruce del Canal de la Mancha. De allí vuelve al pasado, cuando nace en Lima, no la capital de Perú sino la localidad de Lima, en la provincia de Buenos Aires, al lado de Zárate. Después vivió parte de su infancia en el oeste de San Luis, retornó a su pueblo y finalmente llegó a Buenos Aires para hacer el servicio militar, donde comienza su carrera que va del ‘51 al ‘55. Es de una película de época, si bien hay testimonios actuales, de gente que estuvo relacionada con su historia... (sonríe)

VIAJE POR EL TIEMPO
--Es un viaje a la Argentina de los años 50...
--Siempre me entusiasmó hacer una película de época, y los años 50 siempre me atrajeron mucho, desde el vestuario hasta la tecnología y el lenguaje. Los años 60 fueron más transitados por el cine. “Bacigaluppi” termina con la caída de Perón, aunque después hay una saga (ya que muere en 1963) que resume la historia posterior a su cruce del Canal.
--Esta cosa confusa entre verdadera y falsa viene de “La era del ñandú”...
--Ahora tenemos mucho mejor técnica que en ese momento como para incorporar personajes en el material documental. Es trabajoso pero existen las herramientas. Esto lo vuelve más interesante, lo vuelve un género.
--¿El truco es la vedette?
--No, para nada: quiero contar una historia.
--Una historia que pretende ser real...
--Ahora todo ocurre en los medios. Esa es la nueva realidad, una fusión entre lo que realmente sucedió, lo que la gente se imagina que sucedió y lo que algunos quieren que haya sucedido. Todo se mezcla. La realidad sigue siendo la científica, la lejana, cada vez más lejana. Fijate lo que pasa incluso con las historias. En realidad, el caso Coppola es mucho más interesante como ficción que muchas de las cosas de ficción que se ven habitualmente en televisión y en cine. Es decir que la realidad invade el ámbito de la ficción.
--¿Y cómo se puede hacer para que la ficción supere la realidad?
--Falsificando documentales, es decir, falsificando la historia... En el caso “Bacigaluppi”, insisto que el truco no es la estrella. Hay una historia, que es la que me interesa, que no es demasiado distinta a la de “La película del rey” o la del dentista. Tienen mucho que ver entre sí.

LA ZONA DIFUSA
--En “La película del rey” se jugaba con eso de la película dentro de la película...
--Acá también hay cajas chinas con un documental donde aparece Baci (así lo llamaba la gente) de 1954 titulado “Brazadas de gloria”, de Roggero Trocchi, un director que había sido asistente de Leni Reiefensthal en “Los dioses del estadio”, y que no se estrenó nunca porque coincidió con la caída de Perón. Dicen que las latas con los negativos se destruyeron, o las destruyeron, pero yo conseguí material en Roma con la hija de Trocchi...
--Todo esto me recuerda a “La era del ñandú”...
--Creo que la gente ahora es más avispada que en aquellos tiempos... o no... no se. Dentro de ese contexto de credibilidad que tenía, uno podía irse hacia la fantasía más absoluta con el mismo peso de un noticiero. Ahora también:
la televisión tiene mucho prestigio y además se creó como una especie de zona difusa donde no se sabe bien que es o no verdadero. Lo verdadero y falso pertenecen a otra dimensión: la dimensión de los medios Siempre ocurrió con la radio y con el cine, pero con la contundencia de la imagen televisiva esto se hace más fuerte. El prestigio de la forma: la realidad está en la pantalla, esa es la realidad. Para mi el ejemplo más claro son los abogados de Viale: ¿existen o no existen?, ¿estarán actuando?, ¿son abogados o actores?, ¿es cierto lo que dicen?... “Bacigaluppi” se inscribe en esa misma zona.
--Pero Bacigaluppi ¿existió realmente?
--Creo que a esta altura eso es lo menos importante.

Claudio D. Minghetti

EL LIBRO DE LOS RECORDS
“El origen de este personaje tiene que ver con un proyecto televisivo. En principio no era un nadador, sino alguien que quería batir un record y a lo largo de su vida lo intentaba de distintas maneras. Un “recordista” que hacía girar su vida en función de esa meta. Paradojicamente terminaba ingresando en la Guía Guinness como la persona que más veces vió frustrada su ambición de alcanzar un record. Por eso digo que en realidad Bacigaluppi es un personaje trágico en un contexto de comedia”, asegura Sorín.
“El libro que estoy escribiendo con Beda Docampo Feijoo y Alan Pauls estaría terminado en un mes, para empezar la preproducción entre octubre y noviembre de este año. La idea es comenzar a rodar el 1 de febrero de 1999 y si no llego, correrla a setiembre. La mayor parte de la historia transcurre en piscinas: no se puede rodar en invierno. Esos son mis plazos. Voy a tratar de cumplirlos para que sea una película de este siglo”.

LA FICCIÓN SUPERA A LA REALIDAD
Además de “La película del rey”, sobre un director de cine empecinado en filmar, contra viento y marea, la historia de Orellie Antoine de Tounens, el francés que hace dos siglos pretendió construir un reino autónomo en la Patagonia y “Eterna sonrisa de New Jersey”, acerca de un dentista que recorre el sur llevando la buena nueva de los dientes limpios y brillantes Carlos Sorin acredita haber sido responsable de “La era del ñandú”. El “especial” para la televisión de la apertura democrática, formó parte de la serie “Ciencia y Conciencia”, auspiciada por la Secretaría de Ciencia y Técnica. Dentro de un ciclo caracterizado por tomar hechos de la vida real vinculados a la ciencia en la Argentina, Sorin se despachó, sin anunciar con anticipación de qué se trataba, con un falso documental sobre un delirante personaje que nunca existió, y que en viejos tiempos tras descubrir un medicamento supestamente milagroso era desenmascarado y conducido del podio al abucheo. El guión escrito con Alan Pauls fue pionero a nivel local en el tema de la realidad “trucha”, es decir la falsificación de hechos que la cultura mediática permite producir, cada vez con mayor realismo.
Sin embargo, el siglo acredita antecedentes memorables en materia personajes apócrifos y efectos especiales, como el de Orson Welles allá a principios de los años ‘40, cuando realizó su famosa transmisión radiofónica de “La guerra de los mundos”, de H.G. Wells, y en “Citizen Kane” cuando él mismo vestido como el magnate de la prensa Charles Foster Kane --inspirado en el auténtico William Randolph Hearst-- se injertó en un fragmento de noticiero junto a Adolf Hitler. Muchos años después y gracias a los avances de la técnica, Woody Allen volvió a la carga con “Zelig” y finalmente Robert Zemeckis con la excelente “Forrest Gump”, basada en la novela de Winstom Groom.
C.D.M.

DOS OBRAS, MUCHOS PREMIOS
Carlos Sorin es un director premiado. En 1986, “La película del rey” fue premiada en los festivales de Venecia y Valladolid como mejor ópera prima, recibió un Goya de la Academia de Artes y Ciencias de España y el Makhila de Oro en el Festival Iberoamericano de Biarritz..
Su segunda producción, “Eterna sonrisa de New Jersey“, que rodó entre 1988 y 1989 participó en competencia en el Festival de San Sebastián, donde recibió el respetado premio de la crítica (FIPRESCI) y Mirjana Jokovic -quien recientemente fue protagonista de “Underground”, se llevó el galardón como mejor actriz. El film se estrenó con escasa repercusión y algunas críticas lapidarias en Europa y en los Estados Unidos. En la Argentina, una década después, no se tiene noticia ni siquiera por cable. En realidad, para el mismo Sorin se trata de un capítulo cerrado.

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