7 jun. 2019

SE FUE NARCISO "CHICHO" IBÁÑEZ SERRADOR

El director Narciso "Chicho" Ibañez Serradlor falleció hoy 6 de junio en Madrid, a los 83 años, en febrero había recibido elGoya de Honor por su trayectoria tanto por sus dos largometrajes como por la infinidad de producciones televisivas, en la 33 ceremonia de los premios que entregó la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España en la ciudad de Sevilla.
Ibáñez Serrador, hijo de los actores Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador, nacido en Uruguay pero criado en la Argentina, más tarde y al igual que su padre radicado finalmente en España, estaba afectado en su salud hace algunos años, y debió recibir el premio en su casa en forma previa.
Aquella noche premiados cineastas como Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró, Juan Antonio Bayona, Rodrigo Cortés, Alex de la Iglesia, Juan Carlos Fresnadillo, Paco Plaza y Nacho Vigalondo, subieron al escenario para homenajearlo con sus palabras.
Al terminar una breve introducción de cada de uno de ellos se presentó un vídeo grabado especialmente por Bayona, con entrevistas a figuras que reconocen el talento y al aporte de Ibañez Serrador a la televisión y al cine español de género.
Chicho Ibañez Serrador cómo se lo conoció popularmente, también fue autor de sus guiones, muchas veces con el seudónimo de Luis Peñafiel.
Su carrera comenzó en la Argentina en 1959, habiendo sido adaptador de numerosos relatos de suspenso y terror para el viejo Canal 7 protagonizados por su padre, de los que no se conservan registros, y tuvo principal influencia de la serie de televisión "Obras maestras del terror" (1959) y el film "Historias de terror" (1960), de Enrique Carreras.
También en 1959 estrenó su comedia teatral picaresca "Aprobado en castidad", que fue presentada en Mar del Plata durante cinco temporadas, para luego trasladarse a Madrid cómo "Aprobado en inocencia", donde permaneció seis meses en cartel.
Al promediar la década del 60 marchó rumbo a España junto a su padre para inciar su carrera en la televisión como autor y director, y a veces actor, de series y telefilmes memorables e incursionar sólo dos veces en el cine.
En su carrera de medio siglo, ibañez Serrador adapto relatos de autores como Cornell Woolrich, Robert Louis Stevenson, Edgar Allan Poe, Ray Bradbury, W.W. Jacobs, Alfonso Paso y también Jacobo Langsner, entre muchos otros.
"Revolucionó la tele", "Nos enseñó a mirar y apreciar el terror", "Maestro no solo de cines sino de cineastas", "Creador de pesadillas único y original" o "Contagiador de amor y pasión por el terror" fueron algunas expresiones dedicadas al homenajeado. 
En el vídeo se incluyeron imágenes de las producciones más importantes del creador del concurso televisivo "1, 2, 3", como "La culpa", "El último reloj" o 'Historias de la frivolidad', de sus únicos dos largometrajes, "¿Quien puede matar a un niño?" y "La residencia", numerosos unitarios algunos con elencos argentinos, y del ciclo de 28 episodios "Historias para no dormir".

"DOLOR Y GLORIA", ENTRE LO MEJOR DE ALMODDÓVAR

Como a otros grandes directores, desde Ingmar Bergman y Federico Fellini a Woody Allen, a Pedro Almodóvar le llegó la hora crucial de hacer memoria de su niñez, de sus tiempos de esplendor, y de su presente, con formato de cine, y el espejo ideal que encontró fue el de "Dolor y gloria", una de sus mejores obras.
En septiembre, Almodóvar cumplirá 70 años y ya acredita más de 20 películas, una filmografía que varias veces lo llevó a competir en el Festival de Cannes y pudo alcanzar la gloria de convertirse, tras el reinado de Carlos Saura, en el más importante nombre del cine español, por cantidad y calidad en las últimas cuatro décadas.
A Salvador Mallo, el director de cine que protagoniza esta historia, le duele el cuerpo en el preciso instante en el que también empieza a recordar el pasado, un presente en el que solo disfruta, a su manera, los singulares cuadros de su enorme living, salvo que pueda movilizarse mejor y, de paso, redimirse a sí mismo.
Salvador sufre el drama común a todos los que tratan de sostener el deseo del arte, sea un escritor, un pintor, un actor o un cineasta: tratar de vivir creando mundos que lo alejen todo el tiempo de la idea de finitud, el de la insoportable levedad del ser.
Pero un día se da cuenta de que ni física ni mentalmente puede soportar el desgaste de la máquina a la qué tanto tiempo explotó para olvidarse de que algún día, cercano o lejano pero en cualquiera de las variantes real, le pasará la factura simplemente por haber tratado de ser de día y de noche, de vanguardia.
No queda ninguna duda de que Salvador es el mismo Almodóvar, cuando se mira en un espejo muy pulido y que apenas distorsiona la realidad, como la memoria siempre traicionera, y lo deja desnudo frente a la vida y a la muerte, que llegara tan inesperadamente como la vida, el día en que supo había nacido.
Este cineasta, que creció pobre y al que el tiempo le permitió ser exitoso, pero no pudo a fin de cuentas resolver su deseo por completo, descubre que puede encontrar, y reencontrar, aquellas cosas que forman parte de sus recuerdos, algunas todavía vivas, pero a los lejos, con solo cambiar de signo la melancolía.
Almodovar propone una de sus historias más sólidas, tanto en lo narrativo como en lo emotivo, y recorre un camino que lo lleva a contar qué es lo que verdaderamente siente detrás de su disfraz de autor, que ya es pasado ser el niño rebelde del destape español, después de casi cuatro décadas de dictadura.
Para resolver este personaje recurrió a Antonio Banderas, un actor de sus primeros tiempos, qué se transforma, dado que es un actor con todas las letras, en ese otro yo (no un calco sino un “otro”) del cineasta capaz de expresar con su caligrafía un texto ajeno que, a la vez, y es evidente, siente como propio, como visceral.
Para Banderas sólo es necesario valerse de las armas que los actores suelen usar en dosis perfectas, la forma de hablar o de mirar, la manera de estar sobrio o con una dosis de estimulantes, liberando incluso ligeros gestos afectados qué hablan de su elección, de deseo en el más amplio sentido de esa definición.
La palabra deseo cumple un papel importante en la filmografía de Almodóvar, incluso es el nombre de su productora, y Argentina también está presente en varios momentos, como el país de una buena amiga, del amor de sus tiempos de ebullición artística, ahora en vísperas de una esposa llamada Lucrecia, como Martel la cineasta para la que el director manchego produjo "Zama," y de quién en el filme se ve un fragmento de "La niña santa".
Desde el homenaje inicial a mujeres que parecen sacadas de un relato de Lorca, entre las que se recorta su propia madre, hasta el mundo de su cuerpo martirizado recreado por -el argentino- Juan Orestes Gatti, que de los discos de Sui Generis, llegó a convertirse en la interpretación onírica del imaginario almodovariano.
Y está Penélope Cruz como su madre, y la insuperable Julieta Serrano como esa misma mujer anciana, Cecilia Roth, y Leonardo Sbaraglia, y también Asier Etxeandia y el niño Asier Flores, como ese Salvador que ya es parte de la leyenda, lo que fue y comienza a ser parte de un sueño lejanísimo y solo asible por la magia del cine.