4 may 2009

Apropósito del 11° Bafici

El balance es positivo, no obstante quedan pendientes algunos puntos para reflexionar. Se vieron las 417 películas anunciadas en tiempo y forma. Salieron los libros prometidos (valioso en especial el dedicado a ese gran crítico que tuve el placer de frecuentar en mis comienzos llamado Rodrigo Tarruella).Los jurados e invitados cumplieron. El público acompañó la mayoría de las funciones. Dijeron, sin aportar datos demasiado precisos, que la concurrencia superó en un 20 por ciento el de la edición anterior. Si fue así, no fue poco. Pero para quienes conocen de cerca la historia de la muestra, la sensación es que se está perdiendo algo de su mística.
Si hay algo que caracterizó al menos la primera media docena de ediciones del Bafici es, precisamente, la mística. En todo ese tiempo el Bafici fue pura sorpresa y descubrimiento de otro cine, pero también lugar de encuentro para un público principalmente joven, cansado de ver siempre lo mismo, en buena medida digitado por un puñado de distribuidoras preocupadas más por la taquilla que por cualquier otra cosa. El Hoyts parecía una pista de patinaje en donde todos nos deslizábamos más rápidos que la luz para ir de una sala a la otra, para comer mal y rápico, para encontrarnos quien sabe con quien y, como si todo eso fuese poco, para chocarnos con Quintín y felicitarlo porque, a apesar de sus propias cuitas (que las sigue teniendo y muchas), el festival le salía muy bien. Dejo constancia que -soy conciente-, de no haber sido por su propia picardía, podría haber seguido sentado en el sillón de director por algún tiempo más sin perder batalla alguna y menos todavía una guerra. En esos primeros festivales quedó demostrado de que en Buenos Aires podía hacerse una muestra competitiva, con buenos ciclos y revisiones, con reuniones de críticos, teóricos, cineastas y figuras de un cine que no era el de Hollywood, y del que hablaban las reseñas de los más importantes festivales del mundo. Sin embargo, ese afán algo elitista que siempre caracterizó al Bafici fue sacudido por dos realidades. Los cambios de directores artísticos y, finalmente, el cambio político, al que siguió la llegada de Sergio Wolf. La cuestión es que Wolf viene haciendo frente a la crisis que un evento como este sufre al cumplir sus primeros diez años de vida. Quienes hace once años tenían veinte años hoy tienen 31, los de 30, 41 y así sucesivamente. Hay que reconocerlo: a pesar de todo Wolf lo viene haciendo bastante bien. Hubo buenas mesas redondas, seminarios y presentaciones. Sin embargo la descentralización del edificio del Abasto, como base de operaciones de prensa y su punto de encuentro no permitieron a los espectadores cruzarse con críticos, directores y actores en un mismo lugar. Eso se sintió. No es casual que donde hasta el añopasado funcionó el meeting point del Bafici, este año el Hoyts presentó una exposición de cadáveres embalsamados con tecnología de punta.
El festival tiene que entusiasmar al espectador, invitar al tímido o indeciso a entrar en su juego de un cine diferente, y la expresión “¡Larga vida al Bafici!”, lanzada por Wolf, no con la fuerza de un revolucionario sino con la tibieza de un intelectual con poco manejo del discurso político -correcto o incorrecto- en el escenario del 25 de Mayo la noche inaugural, debe tener un correlato en lo que se ve pero más que nada en lo que se vive en las salas. Por suerte, las muestras oficiales fueron más rigurosas que de costumbre, y eso a fin de cuentas, no tiene precio. En estos aspectos el balance es algo parecido a una botella bastante llena. Demasiado para los tiempos que corren.

De lo nuestro

Más de la mitad de la selección oficial competitiva argentina superó la media de calidad histórica.
Al tope se ubicaron Castro, una comedia de enredos a propósito de enigmas que nunca se revelan dirigida con precisión por Alejo Moguillansky, obra que, una vez estrenada, es seguro que dará que hablar, y Tekton, dirigida por Mariano Donoso, un oportuno y bien diferente documental, que propone nuevas ideas a propósito de contenidos y estéticas en un género muy transitado, como la primera producida por el talentoso Mariano Llinas. No es casual que estas películas se hayan llevado los premios como las mejores del jurado oficial y el de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina (a pesar de que a Quintín no le haya gustado). En este grupo quedaron también La madre, desafiante propuesta de Gustavo Fontán apropósito de temas de los que no se hablan; 8 semanas, el falso documental de Alejandro Montiel y Diego Schipani, que corre el telón al backstage de un musical de la calle Corrientes, amores-desamores pasiones y traiciones de un grupo de bailarines y cantantes, y finalmente Bonus Track, con un Raúl Perrone más maduro que nunca. Hubo productos menos acabados no obstante valiosos, como la comedia ¿romántica? Plan B, el comprometido repaso testimonial-biográfico apropósito del poeta homosexual Néstor Perlongher, titulado Rosa Patria, y Cocina, que fue una suerte de coctel entre revista Summa y elgourmet.com. También productos muy cuestionables, tales los casos de los documentales Criada, El viaje de Avelino y la pretenciosa (snob en un ciento) al límite de la fanfarronería 77 Doronship, de Pablo Agüero (que no sabe que las críticas no suelen contestarse) que créase o no (no existe el jurado perfecto, eso quedó una vez más en claro) se llevó el premio a mejor director. No obstante fue más ridículo el análisis de Fernando Martín Peña (ex director de la muestra que viene de fracasar de manera rotunda en su paso por la de Mar del Plata) en la página web otroscines.com (de Diego Batlle), donde apenas entregados los premios dejó demostrado que la envidia es un veneno facil de destilar, cuando es al otro a quien le salen mejor las cosas. Por suerte, Wolf prefirió no entrar en la polémica. Todo un gesto de madurez.

Claudio D. Minghetti

13 abr 2009

Laurent Cantet: el dedo en el ventilador


Hace poco menos de un año, por unanimidad, el jurado del Festival de Cannes presidido por Sean Penn, decidió premiar con la codiciada Palma de Oro a Entre los muros, el film de Laurent Cantet. Por primera vez después de once años, un cineasta francés volvía a recibir el premio máximo de la muestra a orillas de la Costa Azul. Después habría de ser candidata al Oscar.
Basada en el libro autobiográfico del profesor, periodista, cronista deportivo y escritor François Bégaudeau, que participó en el guión y encarna a Marín, el profesor de lengua protagonista, sigue la clase de un colegio público de clase media-baja parisino, con muchos alumnos de origen extracomunitario. A los nueve minutos de proyección, en el primer día de contacto del profesor con su clase, y en un recuento de palabras con las que sus alumnos tienen dificultades, uno de los adolescentes menciona “argentino” con un error de pronunciación que la hace sonar diferente. “¿Cómo se le dice a los jugadores de fútbol en Argentina?”, le pregunta el docente. “Futbolistas”, le replica con seria picardía el alumno.
“Es un juego de palabras que me gustó para comenzar el diálogo de François con sus alumnos, y mostrar como estos juegan un permanente partido de tenis con él y con el resto de los docentes”, explicó Cantet, en su reciente visita a la muestra Pantalla Pinamar donde su película -junto a Camorra y Rumba- fue una de las más aplaudidas.

Los argentinos que vean Entre los muros descubrirán que los problemas que se dan en la educación pública están en la actualidad globalizados. Adolescentes con comportamientos cuestionables, docentes con muchos límites, desalentados, a la vez, por su precariedad laboral y sus bajos salarios.
Cantet vuelve al tono testimonial de fuerte contenido social de sus anteriores Recursos humanos (1999) y El empleo del tiempo (2001), que relacionaron la problemática laboral con los conflictos familiares, y le valieron un importante reconocimiento internacional. El cineasta, que también dirigió hace tres años Bienvenidos al Paraíso, acerca del turismo sexual que entonces fue moda entre las burguesas de su país en medio de la crisis de haitiana de la década del 80, profundiza en el estilo que le dio mejores resultados.

A puertas cerradas

–¿Su película es acerca de los alumnos, los docentes o sobre el estado de la educación pública en Francia hoy?
–Es todo eso a la vez. Me gusta que una película no pueda resumirse en una sola idea. Lo que quería mostrar es la complejidad del sistema escolar, pero también quería filmar a adolescentes en ese momento de su vida, porque es justamente el momento en que empiezan a pensarse a si mismos en el mundo. Tenía ganas de filar su energía, sus ganas de vivir, y transmitir otra imagen de ellos, diferente a la que la sociedad tiene habitualmente. Ser adolescente ya no es nada fácil, si además se es de otro color de piel o simplemente de otra comunidad, es mucho más difícil. La juventud, como grupo, está sistemáticamente estigmatizada. No son ni más ni menos tontos de lo que éramos nosotros a su edad. Es el momento en que piensan su lugar en la vida, proyectándose al futuro.
–Docentes y alumnos tienen deseos, pero no parece que puedan cumplirlos
–Es cierto. Por un lado la película habla de un fracaso. Quiero pensar que igualmente hay algo de optimismo y esto se ve en la inteligencia que estos chicos pueden demostrar. A veces son frontales, nada sutiles en la manera de pensar y expresar sus cosas, pero eso es propio de su edad. Es su inmadurez que les hace tomar los elementos que sean para expresarse. Sin embargo, al mismo tiempo tienen una claridad mental apropósito de lo que viven, un humor hermoso y muchas ganas de defender sus ideas. Generalmente, la imagen que se tiene de ellos es que están en la desidia, que no les interesa más que los videogames. Espero que mi película de una idea más justa de lo que son, diferente de la que se ha popularizado.
–Es una película a puertas cerradas…
–Es un huis clos como los de Recursos humanos o El empleo del tiempo, donde mostré los mundos familiares o empresarios, en un pequeño hotel o en oficinas, con esa idea de algo que ocurre entre muros. Quiero poner al espectador en el mismo lugar en que están los personajes. Los profesores saben muy poco de los alumnos fuera de la escuela y los alumnos saben todavía menos de cómo viven sus profesores. Todo esto libera en unos y otros una serie de fantasmas sobre lo que piensan unos de otros. Traté de reconstruir esta idea que los persigue.
–¿Cree que los padres saben realmente que es lo que pasa en los colegios en la actualidad?
–No. Mis hijos van a un colegio muy parecido al de la película y yo se muy poco de lo que pasa allí. Es que los alumnos no quieren hablar de lo que pasa en la escuela porque es su pequeño mundo, su independencia. Los profesores hablan muy poco de lo que sucede entre esos muros porque de esa forma se protegen de lo que digan los que están afuera. Es como una especie de caja negra, de la que no se sabe casi nada y encima en la cual no se trabaja. Quería ver qué era lo que sucedía realmente en una escuela, por eso quería hacerlo con verdaderos alumnos y profesores. Desde el taller al rodaje escuché mucho lo que los chicos tenían para decirme. El guión de la película se enriqueció con esto.
–Hay una preocupación histórica del cine francés de tocar historias de adolescentes…
–El tema no es patrimonio del cine francés. En general todos los que hacen cine se interesan en estas etapas de la vida. A esa edad estamos en carne viva, es el momento en que comenzamos a pensar de una manera abstracta, que empezamos a pensar el papel que vamos a tener en la sociedad, y eso es apasionante en sí mismo.
–¿Actores no profesionales?
–Entre los profesores algunos profesionales, pero el resto no. La escuela es un ámbito de entrenamiento tanto de alumnos y profesores como buenos actores. Los alumnos están acostumbrados a componer los personajes que se espera de ellos.
Prejuicios y globalización
–¿Qué prejuicios tenía acerca de las aulas?
–No tenía demasiados prejuicios, porque fui a la escuela y soy hijo de docentes, por lo que la enseñanza fue tema de conversación familiar mientras yo mismo crecía, y porque tengo hijos que van a la escuela. Tengo amigos profesores. A los alumnos de hoy los conozco un poco por mis hijos y sus compañeros. La película me confirmo algunas ideas. Que cuando se le da sentido a lo que se hace con la adolescencia, los adolescentes son capaces de dar todo. Es una de las preguntas que la película les hace plantear a los profesores. Muchos de los chicos van a la escuela y se aburren, y cuando se aburren no pueden aprender nada. Cuando se está obligado a aprender, no se aprende nada. Cuando se aprende de memoria sin saber porqué se lo aprende, no se aprende. Es lo que me apasionó del personaje de François que corre el riego de autorizarlos a negociar, negociaciones que les van a permitir entender porqué están ahí. El piensa que todas las situaciones son buenas para enseñar algo. Sería más fácil sentarse cómodo en el escritorio y que la clase discurra, pero sin embargo, el está dispuesto a bancarse todas las preguntas, incluso si alguien le pregunta si es homosexual, él piensa que hay que estar dispuesto a contestarlo. No es importante para hablar de uno mismo sino para atacar la homofobia que existe en algunos chicos.
–¿La globalización viene nivelando para abajo?
–Si la globalización existe es porque la sociedad cree que la necesita. Aceptamos sin problemas la radicación de empresas en diversos países, la transferencia de dinero de aquí para allí, pero no aceptamos los movimientos de la gente. No se quieren ver las consecuencias humanas de la globalización. Quiero demostrar que esto, por lo contrario, puede ser enriquecedor: mis hijos son tienen un espíritu más abierto que yo a su edad. En mis tiempos había una sociedad más homogénea, en esa época el sistema escolar seleccionaba mucho antes: todos éramos blancos de clase media, en donde esta confrontación no existía. Si podemos lograr que los chicos de quince años de hoy compartan un aula con otros muy distintos y que todos puedan convivir, habremos ganado.
–¿Es una película acerca del presente y del futuro?
–Es una película sobre el presente, pero también sobre mi futuro, porque encontré un método de trabajo. Es un punto de partida para mis próximos films. De lo que estoy muy orgulloso es que presento a una clase como un ámbito democrático, y que la película fue realizada dentro de un espíritu igual de democrático, una manera de pensar el cine bastante nueva.

Claudio D. Minghetti

(versión completa de la nota publicada en La Nación, el 14/04/09)

25 mar 2009

El cine argentino del 2009

Dicen que las crisis se sufren un año después en que se desatan. Sin embargo, y a pesar de lo mucho polemizado apropósito de cine argentino en 2008, parece que 2009 tendrá una abundante presencia nacional en las salas. No parece fácil, sin embargo, la lista existe.
El año arrancó con varias películas, una industrial y varias independientes de diferente rango y calidad, las mejores en circuitos alternativos que se multiplican. En los primeros días de enero, Liliana Mazure, presidenta del Incaa, anunció nuevas cuotas de pantalla y medias de continuidad para el cine local, un aumento en el tema subsidios, así como prometió un nuevo impulso al circuito que maneja la entidad que comanda y que estas medidas son el anticipo as la cuota de pantalla que abarcará a la TV de acuerdo al proyecto oficial pata la radiodifusión local. No será tan fácil en tanto baja el consumo de cine en salas. Sin embargo aseguró que para este año ya existe un centenar de proyectos en vías concretas de terminarse y el estreno previsto de alrededor de 80 títulos (ver lista completa online), casi un 10 % más que el último año. Nada hace pensar que este será un año pleno de éxitos, como ocurrió por última vez en 2004. Encima, más allá de la piratería, los cambios tecnológicos relacionados con la comercialización del cine avanzan y pueden generar un nuevo tipo de crisis. El grupo de películas por conocerse incluye de todo un poco incluso algunos títulos que pueden capturar la atención del público, como en 2008 lo hizo Un novio para mi mujer.
En este sentido, las expectativas no solo están puestas en el regreso a la pantalla grande de Piñeyro, sino en especial el de Juan José Campanella –con El secreto de tus ojos- quien se adelantará un mes, con Ricardo Darín y Guillermo Francella, la misma pareja que en 1988 protagonizó El mismo amor, la misma lluvia. En el resto de la lista hay nombres variados, al menos una docena para tener en cuenta. Se sabe: en 2009 se conocerán también las últimas obras de Lucía Puenzo (El niño pez, en marzo), Carlos Sorín (La ventana, en marzo, y después rodará Ringo), Celina Murga (Un fin de semana solos), Fernando Díaz (La extranjera, con Arnaldo André), Jorge Polaco (Arroz con leche, con Isabel Sarli), Raúl Perrone (180 grados y Bonus Track, ambas en el Bafici), Raúl de la Torre (Cuadros de una exposición), Juan Carlos Desanzo (Verano amargo) y Juan José Jusid (Mis días con Gloria), de Gustavo Postiglione (Días de mayo, en mayo), Teresa Constantini (Felicitas), Israel Caetano (No necesitamos a nadie), Vivian Imar y Marcelo Trotta (Tres deseos) y debutaran Victoria Galardi (con Amorosa Soledad, en marzo) y Pablo Fendrik (El asaltante y La sangre brota), entre otros. También se sabe que volverán a dar pelea Adolfo Aristarain (La muerte lenta de Lucia B), Lucrecia Martel (El eternauta) y muy probablemente Héctor Olivera (El mural). Queda pendiente si, conocer cuál será la respuesta del público, nada menos, en un año donde las miradas, por muchos motivos, estén desplazadas a resolver cómo sortear la crisis internacional en el balance interno y algunas cuestiones de la política con mayúscula, de cara al Bicentenario. Todo un desafío.

Claudio D. Minghetti

Entre los siguientes 90 títulos están los posibles 80 estrenos del 2009

Acné, Federico Velroj
Agua y sal, Alejo Taube
Aguas verdes, Mariano de Rosa
Alicia y John, el peronismo olvidado, Carlos Castro
Amorosa soledad, Victoria Galardi y Martín Carranza (MARZO)
Arroz con leche, Jorge Polaco
Artico, Santiago Loza
Boogie, el aceitoso, Gustavo Cova
Bonus Track, Raúl Perrone (BAFICI)
Campo Cerezo, Patricia Martín García
Carne sobre carne, Diego Curubeto
Cartas para Jenny, Diego Musiak
180 grados, Raúl Perrone (BAFICI)
Cuadros de una exposición, Raúl de la Torre
Cuestión de principios, Rodrigo Grande
Días de mayo, Gustavo Postiglione (MAYO)
Diletante, Kris Niklison
El artista, Gastón Duprat y Mariano Cohn
El asaltante, Pablo Fendrik
El corredor nocturno, Gerardo Herrero
El desafío de Lugo, Emilio Cartoy Díaz
El hombre que corría tras el viento, Juan Pablo Martínez
El niño pez, Lucía Puenzo (ABRIL)
El país del diablo, Andrés Di Tella
El paradigma Brandazza, Gustavo Postiglione
El perseguidor, Alejo Mango
El piano mudo, Zuhair Jury
El secreto de sus ojos, Juan José Campanella (AGOSTO)
El sol, Ayar Blasco (NOVIEMBRE)
El sueño del perro, Paulo Pécora
El tango de mi vida, Hernán Belón (FEBRERO)
El torcán, Gabriel Arregui
El último verano de la Boyita, Julia Solomonoff (BAFICI)
El vestido, Paula de Luque
Ernesto Sabato, mi padre, Mario Sabato
Esperando la carroza 2, se acabó la fiesta, Gabriel Condron (MARZO)
Fantasmas de la noche, Santiago Carlos Oves
Felicitas, Teresa Constantini
Fontana, la frontera interior, Juan Bautista Stagnaro
Franklin sangra por la boca. Walter y Marcelo Slavich
Franzie, Alejandra Marino
Horizontal/Vertical, Nicolás Tuozzo
Imagen final, Andrés Habegger
Kluge, Mausi Martínez
La asamblea, Galel Maidana
La extranjera, Fernando Díaz
La hermanas L., Santiago Giralt, Eva Bár, Alejandro Montiel, Diego Schipani.
La mosca en la ceniza, Gabriela David
La mufa, Horacio Maldonado
La revolución es un sueño eterno, Nemesio Juárez
La risa, Iván Fund
La sangre brota, Pablo Fendrik (ABRIL)
La Tigra, Chaco, Federico Godfrid, Juan Sasiain
La ventana, Carlos Sorin (MARZO)
Las aventuras de Nahuel, Alejandro Malowicki
Las viudas de los jueves, Marcelo Piñeyro (SEPTIEMBRE)
Liniers, Marcelo Moresi
Los 100 días que no conmovieron al mundo, Víctor Ramos y Vanessa Ragone
Los pernoctantes, Hernán Khourian, Sebastián Martínez, Diego Carabelli, Angeles Casares
Luisa, Gonzalo Calzada
Manuel de Falla, un músico de dos mundos, José L. Castiñeira de Dios
Mentiras piadosas, Diego Sabanés
Mis días con Gloria, Juan Jose Jusid
Montenegro, Jorge Gaggero
Mundo Alas, Nicolás Batlle, León Gieco (MARZO)
Música en espera, Hernán A. Golfrid (MARZO)
Música para astronautas, Ernesto Baca
No necesitamos a nadie, Israel Adrián Caetano
8 semanas, Alejandro Montiel y Diego Schipani
Paco, Diego Rafecas (AGOSTO)
Padres de la Plaza, Joaquin Daglio
Parador Retiro, Jorge Leandro Colas
Plumíferos, Daniel De Filippo (JULIO)
Querida Mara, cartas de un viaje por la Patagonia, Carlos Echeverria
Rambleras, Daniela Speranza
Regreso a Fortín Olmos, Jorge Goldemberg
Rodney, Diego Rafecas
Rosa Patria, Santiago Loza
Salamandra, Pablo Agüero
Sangre del Pacífico, Boy Olmi
Toda la gente sola, Santiago Giralt
Tres deseos, Vivian Imar y Marcelo Trotta
Tuya, Alejandro Doria (NOVIEMBRE)
Una cita, una fiesta y un gato negro, Ana Halabe
Una semana solos, Celina Murga
Vecinos, Rodolfo Durán
Verano amargo, Juan Carlos Desanzo
Vil romance, José Campusano
Villa, Ezio Massa

Piñeyro, Echarri, Sbaraglia y Las viudas de los jueves

Marcelo Piñeyro, Pablo Echarri y Leonardo Sbaraglia, se juntan por segunda vez en un proyecto. La primera fue hace nueve años, con Plata quemada.
Piñeyro vuelve al cine, tras un paréntesis de casi tres años. En los primeros días de marzo inició el rodaje de Las viudas de los jueves, la novela de Claudia Piñeiro publicada en 2006, que adaptó con Marcelo Figueras. El “thriller y algo más, que recuerda a John Cheever”, como lo encuadra el autor de Tango feroz y Caballos salvajes, toma como eje el microcosmos de un barrio privado y la relación entre cuatro matrimonios vecinos, a partir de la aparición de tres cadáveres flotando en una piscina. Los jueves, los hombres se reúnen para jugar al poquer, las mujeres, para salir de compras…
De la oportuna asociación de productores argentinos y españoles nació la idea de reunir un elenco que incluye a varios viejos amigos del realizador, entre ellos Pablo Echarri y Leonardo Sbaraglia, con quien ya filmó cuatro de sus hasta ahora seis largometrajes. También a Ernesto Alterio, Gabriela Toscano, Juan Diego Botto, Ana Celentano, Gloria Carrá y Juana Viale. Lo que se dice un elenco ganador.
Piñeyro, Echarri y Sbaraglia hablaron de su película.
“En el medio hubo un proyecto que me consumió un año y terminó no siendo. No lo hice, todavía, quizás lo haga o quizás no… en realidad querría hacerlo. Los productores, dueños de los derechos del libro de Piñeyro, me ofrecieron el proyecto en enero del año pasado”, recuerda el director mientras ya se prepara para la gran fecha. “Leí la novela arriba de un avión, me gustó, y le comenté al productor por la parte española, Gerardo Herrero, que me preocupaban algunas cuestiones de producción, entre ellas disponer de un sector de un barrio cerrado real para el rodaje. Todo se resolvió. De inmediato me puse a trabajar con Marcelo Figueras en el guión y fijamos fecha de rodaje para marzo de este año y, como verás, cumplimos”, asegura.
“Me parece un mundo sacado de un relato de John Cheever, las historias de cuarentones exitosos, que han dedicado toda su vida a lograr algo, y cuando lo consiguen descubren que en realidad no tienen nada, que lo logrado no significaba tanto”, adelanta. “Ni bien abrí la novela encontré una cita de El zoo de cristal, de Tennessee Williams, que dice «La acción de esta comedia se sitúa en aquel momento en que los estadounidenses se matricularon en una escuela para ciegos». Dije, bueno, acá hay una clave fantástica, para hablar de un sector social y de un momento tan particular de la Argentina como el del estallido del 2001. Una historia acerca de qué quiere decir ganar o perder, una radiografía social”.

Vidas privadas

“Hay algo que encuentro parecido en mis dos últimas películas”, dice convencido. “En El método mostramos a estos personajes en su vida profesional. En Las viudas… es al revés: nos metemos en sus casas y en sus intimidades, mientras apenas intuimos como es su cuestión profesional. Sus apuestas de vida son muy parecidas”, piensa en voz alta. “El método era grupal, Las viudas… es coral. No se trata de historias que se entrecruzan, como en Magnolia. Es una sola historia, que involucra a muchos personajes, y por eso mismo de ser coral es que necesita excelentes actores. Es una suerte de comedia burguesa con aire de thriller a lo Chabrol…”, explica.
“En las cuatro películas que hicimos en diez años nuestra relación, tanto profesional como personal, se fue afianzando –confiesa Sbaraglia-, de una manera aguda y feroz. Se trata de cuatro etapas diferentes en mi vida y en mi profesión. Esta quinta significa continuar este proceso de crecimiento”.
“Siempre espero con ansiedad trabajar con Marcelo. Tengo la certeza de que algo así va a suceder. Al terminar una película con él siento que cuando tenga algo para mi me va a llamar y me va a decir que soy de la partida. Se que me ofrecerá una buena historia y la oportunidad de lucirme”, asegura Echarri, reciente protagonista, en teatro, de The Pillowman. “Es una energía que funciona. Me potencia mucho la confianza que se da entre nosotros. Las mejores cosas que he hecho fueron con Marcelo. No lo puedo intelectualizar”, insiste, y vuelve a cargar contra la TV. “Creo que tiene que ver con el paso inexorable del tiempo: necesito algo que me represente mejor, como actor y como hombre. La televisión ofrece un ritmo de relato repetitivo más fácil de vender, que no me permite reflejar personajes con matices. Estoy cansado de que en TV tenga que ponerme siempre el mismo traje. El cine y el teatro son un camino certero a lo que quiero ser. Se que siempre hay una puerta abierta, pero tiene que aparecer un proyecto. Por ahora quiero hacer buen teatro, buen cine. Me doy cuenta de que no hay necesidad de estar en TV sobre todo cuando no la TV no tiene nada para contar”, dice. “El Tano y su esposa Teresa (Celentano) conforman una pareja perfecta, a emular, la imagen del éxito. Parece una pareja perfecta y se ocupan de exponer esa imagen… pero las apariencias engañan”, piensa del personaje para el que fue elegido por Piñeyro.
“Trabajar con Marcelo es trabajar en equipo, que es como se hace cine aquí. En España la cosa es más piramidal… quizás los directores más jóvenes se parezcan un poco. Me gusta más de esta manera: me permite crecer”, agrega Sbaraglia, quien en la medida que su hija también crece, se acerca cada vez más a su país, como ocurrió en 2008, cuando rodó aquí El corredor nocturno, que dirigió Herrero con Miguel Angel Solá, y la miniserie Epitafios 2. A pesar de los pasajes caros, para mi España y Argentina son un gran territorio. Estoy tratando de priorizar trabajos acá, de volver, pero sin cerrar puertas”, afirma.
“¿Mi personaje? Roni es la antítesis del Tano. Se quedó sin su puesto gerencial hace cuatro años, es decir fuera del sistema. Observa el mundo al que perteneció desde afuera, con una máscara más liviana, cínica y cáustica, que lo ayuda a sobrellevar el no pertenecer más al grupo de los exitosos. Dice verdades con una media sonrisa. Es el contrapunto constante, que fuerza a la reflexión Trata de entender cómo hacen los otros para sentirse bien”

Ckaudio D. Minghetti

Héctor Olivera sueña con El mural

Héctor Olivera vuelve a la carga. A cuatro años del estreno de Ay Juancito, en la que reconstruyó a Juan Duarte, un personaje vinculado a la política argentina del segundo mandato de Juan Perón en la década del 50 deja momentáneamente de lado su proyecto La bandolera inglesa, acerca de las andanzas de Elena Greenhill en Chubut, a principios del siglo XX, para embarcarse en otra aventura. El mural tendrá como protagonistas a Natalio Botana, propietario del diario Crítica, su esposa, la escritora y poeta anarquista y feminista Salvadora Medina Onrubia, el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros y su mujer, la uruguaya Blanca Luz Brum, quienes fueron los que tuvieron arte y parte en el mural –“Ejercicio plástico”- al que refiere el título, pintado por Siqueiros en 1933 en un sótano de la quinta Los Granados propiedad del empresario periodístico y que, luego de muchas idas y venidas, tras una compleja restauración, será expuesto a partir de 2010 en una sala subterránea de la ex aduana Taylor de Buenos Aires, a espaldas de la Casa Rosada, sobre Paseo Colón. Olivera habla de esta película que se rodará y, probablemente, se estrenará este año.
-¿Porqué este proyecto?
-A los dieciocho años comencé a trabajar en Estudios Baires como asistente de Eduardo Bedoya, quien había sido subdirector y administrador de Crítica y hombre de confianza de su creador, Natalio Botana, a quien llamaban “el Hearst argentino”. Con el antecedente de El ciudadano, clásico entre clásicos, pretender hacer un film como ese hubiera sido un despropósito. Luego me apasionó la historia de su esposa, Salvadora Medina Onrubia, de quien había oído muchas anécdotas no sólo de Bedoya sino también de Julio y Delia Paracca, empleados en los Estudios y que, habiendo trabajado en Crítica, conocían muy bien a los Botana. Y, sobre todo, una extensa charla que tuve, en 1955 en La Paz, Bolivia, con Poroto Botana, autor después de un libro muy esclarecedor: Memoria, tras los dientes del perro. Pero una película que debía comenzar a principios de siglo, con un Botana participando de las luchas orientales entre blancos y colorados, exiliándose en Buenos Aires y comenzando como peón y luego periodista para fundar Crítica en 1913 con todo lo que le ocurrió hasta su muerte, resultaba un proyecto costosísimo por la reconstrucción de diferentes épocas. Y además una historia muy localista para un cine argentino que no puede acometer películas de gran envergadura si no es en coproducción o con preventa internacional.
-Qué fue lo decisivo?
-Años después, a partir de la lectura de Confieso que he vivido, la autobiografía de Pablo Neruda, asocié a la quinta Los Granados –que yo había conocido muy bien y donde incluso había filmado- con Neruda y Federico García Lorca, sino también y principalmente, con David Alfaro Siqueiros y su bellísima mujer, la escritora y poetisa uruguaya Blanca Luz Brum. En ese momento se gestó la historia: las pasiones que se desataron en Los Granados entre esos personajes, además del personaje de Pitón, el hijo mayor de los Botana, protagonista de un hecho trágico. Pasiones que se vivían arriba mientras el pintor trabajaba en el sótano pintando un mural que ha estado guardado en containers durante dieciséis años pero que ha sido rescatado por gestión de la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y será restaurado y mostrado al mundo a partir del 25 de Mayo de 2010.
- ¿Será una película de interiores?
-Hay un decorado principal, Los Granados para el cual hemos decidido con Emilio Basaldúa, director de arte de la película, filmar el parque y la planta baja en un escenario natural y construir en estudios la planta alta con pasillo y dormitorios. Otro decorado importante es el diario Crítica con el despacho de don Natalio en particular, que hoy es una dependencia de la Policía Federal. No sabemos todavía como resolver este escenario. Varios otros incluyen el despacho presidencial, porque el general Agustín P. Justo era muy amigo de Botana, el salón de Asociación Amigos del Arte, adonde Siqueiros fue invitado por Elena Sansinena de Elizalde y Victoria Ocampo a dar conferencias, la sede del Partido Comunista, el teatro Avenida donde se reestrenó Bodas de sangre, en fin muchos escenarios naturales muy variados por cierto.
-¿Qué significa una película “cara” en la actualidad?
-Hay ciertas películas que con un costo de cien mil pesos ya son muy caras porque su único destino posible es el Tita Merello. Hay otras que con un costo de varios millones cuentan con un presupuesta razonable ya que sus posibilidades son internacionales.
-¿Cuánto costaría en la actualidad La Patagonia rebelde?
-Calculo que tres millones de dólares.
-¿Es posible el cine de época en la Argentina?
-Una de las dificultades que enfrenta el cine argentino es que ya no existen calles de época. En San Telmo, por ejemplo, no hay una sola cuadra que no esté asfaltada o con veredas embaldosadas y postes de luz de cemento. Otro gran problema es la falta de utilerías teatrales. Por ejemplo: quienes alquilaron cientos de armas para La guerra gaucha pensaron que era más negocio venderlas una por una a coleccionistas o casas de antigüedades. Si un decorador va a alquilar muebles o armas a San Telmo le piden un ojo de la cara.
-¿En qué se diferencian los presupuestos de La bandolera inglesa de El mural?
-La bandolera… exige siete intérpretes de habla inglesa, además de la protagonista que debe ser lo suficientemente importante como para que detrás de ella vengan los millones necesarios para hacer la película. Luego de intentar la vía de Europa, inicié gestiones –que siguen lentamente en marcha- en una Hollywood donde, cuando me preguntaron el presupuesto y yo dije cinco millones (de dólares) me contestaron: “Esa película no se puede hacer por menos de diez”. A lo que repliqué: “SI me consiguen diez, yo los gasto”. En cine no hay nada más fácil que gastar dinero sobre todo si es ajeno.
En cambio, El mural es una película más acotada. En lugar de doce semanas de rodaje serán ocho, en lugar de trasladar ochenta personas durante dos meses por toda la Patagonia serán cincuenta por Buenos Aires y alrededores.

Claudio D. Minghetti

7 ago 2008

CARMEN MAURA, EN PINAMAR


Carmen Maura está en la Argentina, pero esta vez no la trae ningún compromiso de trabajo. La invitación corrió por cuenta del encuentro argentino-europeo Pantalla Pinamar, donde el sábado la actriz fue premiada con el Balance de Oro, anteayer presentó La comunidad, la recordada película de Alex de la Iglesia, y preestrenó Reinas, la comedia en la que comparte cartel con Marisa Paredes, Mercedes Sampietro y la argentina Betiana Blum. Ahora está en Buenos Aires, una ciudad que “le gustaría estuviera a tres horas de distancia de Madrid”. Hoy, apenas anochezca, será la gran invitada internacional a la primera entrega de los premios Sur, que por primera vez otorga la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina. “Me gustaría volver a hacer cine en vuestro país, donde tuve experiencias realmente muy buenas”, aseguró Maura, poco antes de partir con rumbo al bosque pinamarsense porque, dice entre sonrisas y suspiros, “me apasionan los bosques cercanos al mar”.
Maura habla con singular parsimonia y mucha gracia, dos características que a veces son claves en su amplia galería de personajes, en más de medio centenar de largometrajes. Refulgente, la actriz que fue dirigida por Pedro Almodóvar tras un paréntesis de casi una década en Volver, la película por la que fue premiada en Cannes con una Palma que compartió, precisamente con Penélope Cruz, Lola Dueñas, Blanca Portillo, Yohana Cobo y Chus Lampreave, habló incluso fuera de la rutina típica de cualquier entrevista, de su propia historia, de sus deseos.
Hace ya muchos años, Maura vive sola, con su perra Maggie. Al cumplir 19, apenas había terminado sus estudios secundarios en un riguroso y, según aclara “excesivamente represivo” colegio religioso, elegido por su familia de raíces conservadoras, contrajo matrimonio. Ahora, que ya es abuela y acostumbra, cuando puede, ir a buscar a su pequeña nieta a la escuela, afirma que “Estoy segura de que a diferencia de lo que ocurría durante el franquismo, hoy el tema de las relaciones prematrimoniales no asusta a nadie. Por entonces, entre los jóvenes, con suerte se llegaba al manoseo. En aquellos tiempos follar fuera del matrimonio era un delito, una trasgresión condenable en especial para las mujeres. ¡Si hasta te pedían el acta matrimonial para entrar a los hoteles!”.

Salir al ruedo
La joven Maura pensaba que casamiento era sinónimo de liberación. Sin embargo la realidad le mostró que estaba equivocada. Su matrimonio con un abogado “solo en apariencia muy moderno”, duró nada más que seis años. “Empecé a pensar que no servía para nada, que no sabía ni coser un botón, que todo me salía mal”, recuerda. Así, de regentear una galería de arte que su esposo le propuso como actividad cotidiana, Maura leyó un aviso de un grupo teatral que la entusiasmó, y salió al ruedo: pasó de la aburrida vida entre pinturas y esculturas, con la cuna de su segundo hijo a cuestas, al café concert y al teatro independiente porque descubrió que se trataba de “gente que hacía lo que quería y que incluso podía vivir de eso”. Su decisión fue así, de golpe. Una vez conocida por los suyos se convirtió en la oveja negra de su familia y en recuerdo para su esposo. Separada del padre de sus dos hijos, comenzó un nuevo capítulo de su vida, al principio complicado. Pero no bajó los brazos. No por nada una de sus frases más famosas dice que “he aprendido a sufrir relajadamente”.
Maura habría de pegar un salto del teatro y el cine, donde ya había hecho papeles más o menos importantes en una docena de películas incluso a las órdenes de directores respetados, a un ciclo de comedias para TV, y a un magazine periodístico-humorístico, 24 horas, “un programa de la democracia” en el que componía a una entrevistadora tan popular como audaz. Armada con cuestionarios mordaces, provistos por una troupe de libretistas que la guiaban con carteles (“Confieso que hacía preguntas mordaces incluso a políticos que se ponían rojos, aunque yo no supiera en verdad de qué estábamos hablando”, recuerda), se convirtió en una figura exitosa. Sin embargo, tras la experiencia que duró un año, (“El de la TV en directo fue el trabajo más difícil que hice. No soy periodista, respeto mucho esa profesión”, explica) prefirió volver a lo suyo antes de perderlo para siempre, esta vez al cine. Fue nuevamente de la mano de Almodóvar, un joven manchego muy provocador, protagonista de la movida madrileña, que consiguiría que su talento diera por fin la vuelta al mundo. Tras la Pepi, de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, y la Sor Perdida de Entre tinieblas, en 1984 llegó la desasosegada Gloria del clásico ¿Qué he hecho yo para merecer esto!!. Sin embargo, Maura recién habría de tocar el cielo con la punta de los dedos en 1988, al encarnar a Pepa, en Mujeres al borde de un ataque de nervios, por la que ganó el Goya. De allí en más, su historia es mejor conocida.

De Valentín a Volver
“Después del éxito de Mujeres…, me ofrecieron quedarme en Hollywood. Me explicaron que para hacer carrera allí había que ir a fiestas y todo eso, y a mi, que ya tenía cierta edad, eso no me apetecía: preferí quedarme en mi país, con mi tranquilidad. Les dije que si querían algo de mi, que no tenían más que llamarme y yo encantada. Pero como me llamaron para papeles mucho peores que los que me ofrecían en mi país, no. Una europea puede ir allí solo si lo hace muy defendida. Si me llama un cineasta independiente si iria, incluso a cualquier lado”, reconoce.
Desde que comenzó del siglo XXI, su relación con la Argentina fue creciendo. En 2001 y en teatro, compartió un escenario de la calle Corrientes en la comedia Bienvenida a casa, de Neil Simon, dirigida por Oscar Martínez, al tiempo que rodó junto a Enrique Pinti (“Un gran amigo, el mejor esposo que tuve en el cine”) Arregui, la noticia del día, de María Victoria Menis, que pasó casi desapercibida y, un año después Valentín, de Alejandro Agresti. De esta película le quedó un buen recuerdo del cineasta, una vez que descubrió el talento detrás del carácter, y uno mejor todavía de pequeño Rodrigo Noya, el protagonista que este año también fue estrella del ciclo Hermanos y detectives, “…que es un ser y un actor fantástico, dueño de un encanto y un talento increíbles. Me gustó mucho ser su cómplice”.
“Una película que tiene críticas buenas y premios, pero no la ha visto nadie, no sirve: que los cines donde dan mis películas estén llenos es el mejor premio que puedo recibir. Lo que más me divierte de una película es que den pasta, sentir que somos una industria. La nuestra es una profesión: no tienes que creer que eres la mejor del mundo porque recibes un premio, no que eres la peor por no recibirlo. No soy muy de juzgarme a mi misma. He hecho muchas cosas diferentes y nunca he sido muy exquisita, siempre me he dejado guiar por lo que más me divierte, que esté ambientada en el campo, con animales, o porque el director me cae bien. La persona que va a dirigirme no tiene que andar con rollos, para eso están los psicólogos. Cuando acepté trabajar con Pedro (Almodóvar), yo estaba en el Teatro Nacional, y todo el mundo me decía que me equivocaba, que era una ordinariez y, fíjate… Para mi ha sido mucho más complicada la vida que mi trabajo; mi carrera siempre ha sido una cosa divertida… He llegado mucho más lejos de lo que pretendía: para mi, trabajar como actriz no es subir a una montaña”, dice convencida.

Directores y trabajo

Maura la ha pasado bien a las órdenes de muchos directores, con Fernando Colomo, con Jaime de Armiñán, incluso con Carlos Saura (en la memorable ¡Ay Carmela!) y Alejandro Agresti, una vez que conoció sus particularidades, pero muy especialmente con dos bien trasgresores: Almodóvar primero, De la Iglesia muchos años después. Con el segundo, además de La comunidad, donde compuso un personaje que el director había pensado para un hombre finalmente adaptó para ella, hizo también 800 balas.
“Lo mejor que puedes hacer frente a una cámara es jugar, si vas con miedo, sale lo peor. Es como un baile. Con Pedro tuvimos diez años de cine, y cuando estábamos hasta las narices nos vino bien un descanso. Esta vez tenía un papel que a mi me convencía y me lo ha dado, pero no quiere decir que siga haciendo películas con él. Eso dependerá de que me de ese sitio. El papel que me dio en Volver es precioso y ha quedado muy bien. Al principio cuando lo leías, decías ¡pero coño, como vamos a hacer esto! Porque si ese papel no se lo creía la gente, era el ridículo más espantoso. Conmigo tiene una confianza enorme, sabe que soy muy obediente, que puedo hacer el papel que quiera y la verdad que en el reencuentro quedamos muy impresionados. Estaba acostumbrada a trabajar con él sin medios, sin catorce semanas, sin película para cincuenta mil tomas, y funcionábamos después de tantísimo tiempo exactamente igual. Ha sido un trabajo sencillísimo, muy cómodo, sin maquillaje”.
“Si me tengo que poner triste, finjo, porque ya suficiente tristeza en la vida, ¿no?. Para mi llorar es súper fácil, pero como no me gusta usar mis tristezas para hacer una película… Lo más difícil en una película es soltar una carcajada auténtica. Recuerdo muchas veces tener que aguantarme soltar las lágrimas durante un rodaje por un problema personal que”, asegura. “Hacer reír es más difícil. La comedia tiene un ritmo muy particular”, insiste. “En el drama hay muchas cosas que te ayudan a crear el clima, en la comedia no: a veces, los gags dependen de un gesto, de un segundo. Me fascina hacer reír a la gente”.

Claudio D. Minghetti

Juan Antonio Bayona y El orfanato

“El cine español está muchísimo mejor que hace una década”, dijo el catalán Juan Antonio Bayona, unos pocos días antes de las elecciones que permitieron prolongar por cuatro años más el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin anticipar su voto, el cineasta que con su opera prima, "El orfanato", la película más taquillera de 2007 en su país (superó nada menos que a "Piratas del Caribe II") y ganó siete premios Goya, aseguró saber “…cual es la diferencia entre las políticas de derechas e izquierdas respecto a la cultura”. Sin embargo, el momento político no impidió conversar acerca de esta propuesta y de lo que piensa del género fantástico inclinado al terror, que en su país han abrevado cineastas como Chicho Ibáñez Serrador, o más recientemente Alex de la Iglesia y Alejandro Amenábar, entre los más conocidos. Más allá de las preguntas y respuestas Bayona reconoció que entre los títulos que lo inspiraron figuran Sexto sentido, The Blair Witch Project y Los otros.
La película de Bayona, que en los países donde fue exhibida lleva vendidos más de 15.000.000 de tickets, cuenta la historia de Laura, una joven mujer que piensa abrir un hogar para niños discapacitados en el viejo orfanato donde pasó su infancia. Junto con su marido y su pequeño hijo Simón llegan al lugar que se convertirá de la noche a la mañana en escenario de una historia entre tinieblas, de locura y de muerte.

Respaldada por el cineasta mexicano Guillermo del Toro, El orfanato tiene como figuras centrales a Belén Rueda, ya conocida por Mar adentro, Fernando Cayo y Roger Príncep, con la participación especial de Geraldine Chaplin y Edgar Vivar, quien fuera el Sr. Barriga en la serie mexicana El Chavo del 8.

Exito histórico

-Alex de la Iglesia sacó algunas conclusiones importantes acerca del cine español actual, al recordar en el diario El País que tu película fue la más exitosa de todas las estrenadas en 2007… -
Una excelente nota… Es mi primera película y no tengo con qué compararla. Se me escapa el hecho de comprender qué es lo que ha pasado. Es muy difícil de asimilar siendo mi primer largometraje, porque no es solamente la cantidad de público sino la reacción de lo espectadores.
-Un director debutante y con actores de un perfil relativamente popular…-Todo ayudó a que la película se convierta en un fenómeno: que tuviera una recepción tan buena en el Festival de Cannes, que un director joven y debutante fuese el autor, que Guillermo del Toro confiara en mi, que fuera una película de terror, un género no que no se aborda con frecuencia en el cine español actual… se han dado una serie de circunstancias que han provocado la curiosidad de la gente.
-Sin embargo se trata de un género muy frecuentado por el cine español de otros tiempos.-Tenemos una tradición respecto al género pero más de serie B, destinado a salas donde se ve cine de culto, muy de conocedores, como las obras de Paul Naschy o de Jess Franco, quizás alguno de la década del 70, como Chicho Ibáñez Serrador, que ha trascendido las fronteras, como últimamente Alex de la Iglesia o Alejandro Amenabar. Me identifico más con estos últimos, que con los de la serie B.
-Me refería a las de Ibáñez Serrador, de la serie "Historias para no dormir" y "La residencia" en adelante…
-Lo importante de Chicho fue que combinó su carácter español, que era muy evidente en el sentido del humor, el grand guignol, el humor negro, que eso es muy español a pesar de que en el fondo lo veía más como un gran presentador de su ciclo semanal, con una vocación internacional.
-Y ¿cómo funciona el culto al misterio en los catalanes?
-Creo que hay un foco muy importante en Cataluña que es Festival de Cine Fantástico de Sitges, también lo hay entre los vascos, en la Semana de Terror de San Sebastián, y de hecho hay gente de mi equipo que conocí a raíz de mi amistad con directores con los que me crucé en esos encuentros. Lo que queda en claro es que son focos importantes para los nuevos cineastas, como Jaume Balagueró, Paco Plaza y Nacho Cerdà, catalanes que reconocidos en el mundo.
-En España hay una fuerte cultura cinéfila.
-Esa es una de las cosas buenas de haber nacido en España. Hemos crecido viendo cine norteamericano por gusto pero muchas veces por obligación, pero también mucho cine español y europeo. He crecido viendo películas de Hitchcock y de Truffaut al mismo tiempo. Creo que al final la cultura en general acaba impregnando a los directores. Es absurdo hablar de directores españoles o franceses cuando vivimos una cultura tan globalizada.

Sencillez y ambigüedad

-Tu película tiene un cierto vínculo a El bebé de Rosemary.
-Hay una intención de mantener una manera de contar la historia parecida. Mi película se aposenta sobre la ambigüedad. Hay una historia de terror que podría estar pasando solo en la cabeza de la protagonista. Eso nos parecía muy interesante porque queríamos que la película se basara en conceptos como la sencillez, y la ambigüedad frente a lo recargado y a lo subrayado del cine de terror moderno.
-La idea de que eso le puede pasar a cualquiera…
-Si, y sobre todo que tenga una raíz psicológica, al contrario de otras películas actuales del cine americano, donde los argumentos están bien resueltos. A mi me interesaba que los hechos se justificaran en la cabeza de la protagonista y en algún momento, hay algunos de esos hechos que no parecen tener justificación alguna por esta mujer no tiene acceso a ellos.
-Los sueños no tienen tecnología CGI…
-El sueño de la razón produce monstruos… es algo muy español
-En las obras de Gaudi estaban las lagartijas, el misterio de la naturaleza.
-Sobre todo la utilización de la vida que te rodea para construir tu propia fantasía. A mi me hacía mucha gracia cuando hablábamos con el guionista de todos los tópicos que aparecen del cine de terror en la película: para nosotros eran necesario que aparecieran para que la protagonista se construyera una película en la cabeza. En un momento, el marido se lo echa en cara, cuando en realidad la película es mucho más retorcida que una Hollywood.
-¿Era el género con el que pensabas debutar en el largometraje?
-Trabajar en el cine de género te da la posibilidad de usar todas las herramientas que te da el cine de la manera más expresiva posible. Disfruto mucho de la puesta en escena y dramatizar los conflictos interiores de los personajes, utilizando esas herramientas. En ese sentido, el cine de terror es muy parecido al melodrama. El orfanato no teme trascender las fronteras del género para ser un melodrama.
-Competís con películas de Hollywood en las que abundan los efectos especiales…
-La gente está un poco saturado de eso. En el cine norteamericano, ante la falta de ideas se basan en los efectos especiales porque tiene rendimiento en taquilla. Pero la gente sabe apreciar una buena historia de terror. Creo que es mucho más interesante dejar que el espectador imagine una historia de terror en su cabeza, sugerir más que mostrar. A las pruebas me remito. La mía ha sido la película de terror más taquillera de las vistas hasta ahora en España.
-¿Vas a seguir incursionando en el género?
-Como no tengo problemas con el género me podría pasar la vida entera haciendo películas de este tipo. Cuando leo un guión no pienso en el género sino en la historia: mi próxima película dependerá de la historia y no del género. Estoy trabajando en un proyecto grande y en otro pequeño a la vez y el que se que se me ponga más fácil será el que primero haga
-¿Has visto cine argentino en tu país?
-Con cuentagotas. Recuerdo las pelis de Bielinsky: Nueve reinas, que me pareció muy buena pero mejor todavía la segunda El aura, una maravilla. Lo que me gustó de las dos es que combinan muy bien lo que cuentan con cómo lo cuentan. No me interesan esas otras películas que nos han llegado cuyo eje está en su discurso social, sino aquellas que además de lo que cuentan tienen una narrativa funcional a lo que quieren contar. Eso es el cine.

Claudio D. Minghetti