7 ago. 2008

Juan Antonio Bayona y El orfanato

“El cine español está muchísimo mejor que hace una década”, dijo el catalán Juan Antonio Bayona, unos pocos días antes de las elecciones que permitieron prolongar por cuatro años más el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin anticipar su voto, el cineasta que con su opera prima, "El orfanato", la película más taquillera de 2007 en su país (superó nada menos que a "Piratas del Caribe II") y ganó siete premios Goya, aseguró saber “…cual es la diferencia entre las políticas de derechas e izquierdas respecto a la cultura”. Sin embargo, el momento político no impidió conversar acerca de esta propuesta y de lo que piensa del género fantástico inclinado al terror, que en su país han abrevado cineastas como Chicho Ibáñez Serrador, o más recientemente Alex de la Iglesia y Alejandro Amenábar, entre los más conocidos. Más allá de las preguntas y respuestas Bayona reconoció que entre los títulos que lo inspiraron figuran Sexto sentido, The Blair Witch Project y Los otros.
La película de Bayona, que en los países donde fue exhibida lleva vendidos más de 15.000.000 de tickets, cuenta la historia de Laura, una joven mujer que piensa abrir un hogar para niños discapacitados en el viejo orfanato donde pasó su infancia. Junto con su marido y su pequeño hijo Simón llegan al lugar que se convertirá de la noche a la mañana en escenario de una historia entre tinieblas, de locura y de muerte.

Respaldada por el cineasta mexicano Guillermo del Toro, El orfanato tiene como figuras centrales a Belén Rueda, ya conocida por Mar adentro, Fernando Cayo y Roger Príncep, con la participación especial de Geraldine Chaplin y Edgar Vivar, quien fuera el Sr. Barriga en la serie mexicana El Chavo del 8.

Exito histórico

-Alex de la Iglesia sacó algunas conclusiones importantes acerca del cine español actual, al recordar en el diario El País que tu película fue la más exitosa de todas las estrenadas en 2007… -
Una excelente nota… Es mi primera película y no tengo con qué compararla. Se me escapa el hecho de comprender qué es lo que ha pasado. Es muy difícil de asimilar siendo mi primer largometraje, porque no es solamente la cantidad de público sino la reacción de lo espectadores.
-Un director debutante y con actores de un perfil relativamente popular…-Todo ayudó a que la película se convierta en un fenómeno: que tuviera una recepción tan buena en el Festival de Cannes, que un director joven y debutante fuese el autor, que Guillermo del Toro confiara en mi, que fuera una película de terror, un género no que no se aborda con frecuencia en el cine español actual… se han dado una serie de circunstancias que han provocado la curiosidad de la gente.
-Sin embargo se trata de un género muy frecuentado por el cine español de otros tiempos.-Tenemos una tradición respecto al género pero más de serie B, destinado a salas donde se ve cine de culto, muy de conocedores, como las obras de Paul Naschy o de Jess Franco, quizás alguno de la década del 70, como Chicho Ibáñez Serrador, que ha trascendido las fronteras, como últimamente Alex de la Iglesia o Alejandro Amenabar. Me identifico más con estos últimos, que con los de la serie B.
-Me refería a las de Ibáñez Serrador, de la serie "Historias para no dormir" y "La residencia" en adelante…
-Lo importante de Chicho fue que combinó su carácter español, que era muy evidente en el sentido del humor, el grand guignol, el humor negro, que eso es muy español a pesar de que en el fondo lo veía más como un gran presentador de su ciclo semanal, con una vocación internacional.
-Y ¿cómo funciona el culto al misterio en los catalanes?
-Creo que hay un foco muy importante en Cataluña que es Festival de Cine Fantástico de Sitges, también lo hay entre los vascos, en la Semana de Terror de San Sebastián, y de hecho hay gente de mi equipo que conocí a raíz de mi amistad con directores con los que me crucé en esos encuentros. Lo que queda en claro es que son focos importantes para los nuevos cineastas, como Jaume Balagueró, Paco Plaza y Nacho Cerdà, catalanes que reconocidos en el mundo.
-En España hay una fuerte cultura cinéfila.
-Esa es una de las cosas buenas de haber nacido en España. Hemos crecido viendo cine norteamericano por gusto pero muchas veces por obligación, pero también mucho cine español y europeo. He crecido viendo películas de Hitchcock y de Truffaut al mismo tiempo. Creo que al final la cultura en general acaba impregnando a los directores. Es absurdo hablar de directores españoles o franceses cuando vivimos una cultura tan globalizada.

Sencillez y ambigüedad

-Tu película tiene un cierto vínculo a El bebé de Rosemary.
-Hay una intención de mantener una manera de contar la historia parecida. Mi película se aposenta sobre la ambigüedad. Hay una historia de terror que podría estar pasando solo en la cabeza de la protagonista. Eso nos parecía muy interesante porque queríamos que la película se basara en conceptos como la sencillez, y la ambigüedad frente a lo recargado y a lo subrayado del cine de terror moderno.
-La idea de que eso le puede pasar a cualquiera…
-Si, y sobre todo que tenga una raíz psicológica, al contrario de otras películas actuales del cine americano, donde los argumentos están bien resueltos. A mi me interesaba que los hechos se justificaran en la cabeza de la protagonista y en algún momento, hay algunos de esos hechos que no parecen tener justificación alguna por esta mujer no tiene acceso a ellos.
-Los sueños no tienen tecnología CGI…
-El sueño de la razón produce monstruos… es algo muy español
-En las obras de Gaudi estaban las lagartijas, el misterio de la naturaleza.
-Sobre todo la utilización de la vida que te rodea para construir tu propia fantasía. A mi me hacía mucha gracia cuando hablábamos con el guionista de todos los tópicos que aparecen del cine de terror en la película: para nosotros eran necesario que aparecieran para que la protagonista se construyera una película en la cabeza. En un momento, el marido se lo echa en cara, cuando en realidad la película es mucho más retorcida que una Hollywood.
-¿Era el género con el que pensabas debutar en el largometraje?
-Trabajar en el cine de género te da la posibilidad de usar todas las herramientas que te da el cine de la manera más expresiva posible. Disfruto mucho de la puesta en escena y dramatizar los conflictos interiores de los personajes, utilizando esas herramientas. En ese sentido, el cine de terror es muy parecido al melodrama. El orfanato no teme trascender las fronteras del género para ser un melodrama.
-Competís con películas de Hollywood en las que abundan los efectos especiales…
-La gente está un poco saturado de eso. En el cine norteamericano, ante la falta de ideas se basan en los efectos especiales porque tiene rendimiento en taquilla. Pero la gente sabe apreciar una buena historia de terror. Creo que es mucho más interesante dejar que el espectador imagine una historia de terror en su cabeza, sugerir más que mostrar. A las pruebas me remito. La mía ha sido la película de terror más taquillera de las vistas hasta ahora en España.
-¿Vas a seguir incursionando en el género?
-Como no tengo problemas con el género me podría pasar la vida entera haciendo películas de este tipo. Cuando leo un guión no pienso en el género sino en la historia: mi próxima película dependerá de la historia y no del género. Estoy trabajando en un proyecto grande y en otro pequeño a la vez y el que se que se me ponga más fácil será el que primero haga
-¿Has visto cine argentino en tu país?
-Con cuentagotas. Recuerdo las pelis de Bielinsky: Nueve reinas, que me pareció muy buena pero mejor todavía la segunda El aura, una maravilla. Lo que me gustó de las dos es que combinan muy bien lo que cuentan con cómo lo cuentan. No me interesan esas otras películas que nos han llegado cuyo eje está en su discurso social, sino aquellas que además de lo que cuentan tienen una narrativa funcional a lo que quieren contar. Eso es el cine.

Claudio D. Minghetti

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