13 abr. 2009

Laurent Cantet: el dedo en el ventilador


Hace poco menos de un año, por unanimidad, el jurado del Festival de Cannes presidido por Sean Penn, decidió premiar con la codiciada Palma de Oro a Entre los muros, el film de Laurent Cantet. Por primera vez después de once años, un cineasta francés volvía a recibir el premio máximo de la muestra a orillas de la Costa Azul. Después habría de ser candidata al Oscar.
Basada en el libro autobiográfico del profesor, periodista, cronista deportivo y escritor François Bégaudeau, que participó en el guión y encarna a Marín, el profesor de lengua protagonista, sigue la clase de un colegio público de clase media-baja parisino, con muchos alumnos de origen extracomunitario. A los nueve minutos de proyección, en el primer día de contacto del profesor con su clase, y en un recuento de palabras con las que sus alumnos tienen dificultades, uno de los adolescentes menciona “argentino” con un error de pronunciación que la hace sonar diferente. “¿Cómo se le dice a los jugadores de fútbol en Argentina?”, le pregunta el docente. “Futbolistas”, le replica con seria picardía el alumno.
“Es un juego de palabras que me gustó para comenzar el diálogo de François con sus alumnos, y mostrar como estos juegan un permanente partido de tenis con él y con el resto de los docentes”, explicó Cantet, en su reciente visita a la muestra Pantalla Pinamar donde su película -junto a Camorra y Rumba- fue una de las más aplaudidas.

Los argentinos que vean Entre los muros descubrirán que los problemas que se dan en la educación pública están en la actualidad globalizados. Adolescentes con comportamientos cuestionables, docentes con muchos límites, desalentados, a la vez, por su precariedad laboral y sus bajos salarios.
Cantet vuelve al tono testimonial de fuerte contenido social de sus anteriores Recursos humanos (1999) y El empleo del tiempo (2001), que relacionaron la problemática laboral con los conflictos familiares, y le valieron un importante reconocimiento internacional. El cineasta, que también dirigió hace tres años Bienvenidos al Paraíso, acerca del turismo sexual que entonces fue moda entre las burguesas de su país en medio de la crisis de haitiana de la década del 80, profundiza en el estilo que le dio mejores resultados.

A puertas cerradas

–¿Su película es acerca de los alumnos, los docentes o sobre el estado de la educación pública en Francia hoy?
–Es todo eso a la vez. Me gusta que una película no pueda resumirse en una sola idea. Lo que quería mostrar es la complejidad del sistema escolar, pero también quería filmar a adolescentes en ese momento de su vida, porque es justamente el momento en que empiezan a pensarse a si mismos en el mundo. Tenía ganas de filar su energía, sus ganas de vivir, y transmitir otra imagen de ellos, diferente a la que la sociedad tiene habitualmente. Ser adolescente ya no es nada fácil, si además se es de otro color de piel o simplemente de otra comunidad, es mucho más difícil. La juventud, como grupo, está sistemáticamente estigmatizada. No son ni más ni menos tontos de lo que éramos nosotros a su edad. Es el momento en que piensan su lugar en la vida, proyectándose al futuro.
–Docentes y alumnos tienen deseos, pero no parece que puedan cumplirlos
–Es cierto. Por un lado la película habla de un fracaso. Quiero pensar que igualmente hay algo de optimismo y esto se ve en la inteligencia que estos chicos pueden demostrar. A veces son frontales, nada sutiles en la manera de pensar y expresar sus cosas, pero eso es propio de su edad. Es su inmadurez que les hace tomar los elementos que sean para expresarse. Sin embargo, al mismo tiempo tienen una claridad mental apropósito de lo que viven, un humor hermoso y muchas ganas de defender sus ideas. Generalmente, la imagen que se tiene de ellos es que están en la desidia, que no les interesa más que los videogames. Espero que mi película de una idea más justa de lo que son, diferente de la que se ha popularizado.
–Es una película a puertas cerradas…
–Es un huis clos como los de Recursos humanos o El empleo del tiempo, donde mostré los mundos familiares o empresarios, en un pequeño hotel o en oficinas, con esa idea de algo que ocurre entre muros. Quiero poner al espectador en el mismo lugar en que están los personajes. Los profesores saben muy poco de los alumnos fuera de la escuela y los alumnos saben todavía menos de cómo viven sus profesores. Todo esto libera en unos y otros una serie de fantasmas sobre lo que piensan unos de otros. Traté de reconstruir esta idea que los persigue.
–¿Cree que los padres saben realmente que es lo que pasa en los colegios en la actualidad?
–No. Mis hijos van a un colegio muy parecido al de la película y yo se muy poco de lo que pasa allí. Es que los alumnos no quieren hablar de lo que pasa en la escuela porque es su pequeño mundo, su independencia. Los profesores hablan muy poco de lo que sucede entre esos muros porque de esa forma se protegen de lo que digan los que están afuera. Es como una especie de caja negra, de la que no se sabe casi nada y encima en la cual no se trabaja. Quería ver qué era lo que sucedía realmente en una escuela, por eso quería hacerlo con verdaderos alumnos y profesores. Desde el taller al rodaje escuché mucho lo que los chicos tenían para decirme. El guión de la película se enriqueció con esto.
–Hay una preocupación histórica del cine francés de tocar historias de adolescentes…
–El tema no es patrimonio del cine francés. En general todos los que hacen cine se interesan en estas etapas de la vida. A esa edad estamos en carne viva, es el momento en que comenzamos a pensar de una manera abstracta, que empezamos a pensar el papel que vamos a tener en la sociedad, y eso es apasionante en sí mismo.
–¿Actores no profesionales?
–Entre los profesores algunos profesionales, pero el resto no. La escuela es un ámbito de entrenamiento tanto de alumnos y profesores como buenos actores. Los alumnos están acostumbrados a componer los personajes que se espera de ellos.
Prejuicios y globalización
–¿Qué prejuicios tenía acerca de las aulas?
–No tenía demasiados prejuicios, porque fui a la escuela y soy hijo de docentes, por lo que la enseñanza fue tema de conversación familiar mientras yo mismo crecía, y porque tengo hijos que van a la escuela. Tengo amigos profesores. A los alumnos de hoy los conozco un poco por mis hijos y sus compañeros. La película me confirmo algunas ideas. Que cuando se le da sentido a lo que se hace con la adolescencia, los adolescentes son capaces de dar todo. Es una de las preguntas que la película les hace plantear a los profesores. Muchos de los chicos van a la escuela y se aburren, y cuando se aburren no pueden aprender nada. Cuando se está obligado a aprender, no se aprende nada. Cuando se aprende de memoria sin saber porqué se lo aprende, no se aprende. Es lo que me apasionó del personaje de François que corre el riego de autorizarlos a negociar, negociaciones que les van a permitir entender porqué están ahí. El piensa que todas las situaciones son buenas para enseñar algo. Sería más fácil sentarse cómodo en el escritorio y que la clase discurra, pero sin embargo, el está dispuesto a bancarse todas las preguntas, incluso si alguien le pregunta si es homosexual, él piensa que hay que estar dispuesto a contestarlo. No es importante para hablar de uno mismo sino para atacar la homofobia que existe en algunos chicos.
–¿La globalización viene nivelando para abajo?
–Si la globalización existe es porque la sociedad cree que la necesita. Aceptamos sin problemas la radicación de empresas en diversos países, la transferencia de dinero de aquí para allí, pero no aceptamos los movimientos de la gente. No se quieren ver las consecuencias humanas de la globalización. Quiero demostrar que esto, por lo contrario, puede ser enriquecedor: mis hijos son tienen un espíritu más abierto que yo a su edad. En mis tiempos había una sociedad más homogénea, en esa época el sistema escolar seleccionaba mucho antes: todos éramos blancos de clase media, en donde esta confrontación no existía. Si podemos lograr que los chicos de quince años de hoy compartan un aula con otros muy distintos y que todos puedan convivir, habremos ganado.
–¿Es una película acerca del presente y del futuro?
–Es una película sobre el presente, pero también sobre mi futuro, porque encontré un método de trabajo. Es un punto de partida para mis próximos films. De lo que estoy muy orgulloso es que presento a una clase como un ámbito democrático, y que la película fue realizada dentro de un espíritu igual de democrático, una manera de pensar el cine bastante nueva.

Claudio D. Minghetti

(versión completa de la nota publicada en La Nación, el 14/04/09)

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