22 abr. 2015

BAFICI, COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA, "IDILIO" Y "LULU"

La competencia oficial argentina del 17º Bafici presentó hoy dos de los largometrajes del “grupo de los fuertes” reservados para las dos últimas jornadas, a saber “Idilio”, del debutante Nicolás Aponte A. Gutter, y “Lulú”, sexta transgresión de Luis Ortega.
Tras obras muy logradas, como “Caja negra”, “Los santos sucios” y “Verano maldito”, Ortega se propone esta vez poner en foco a dos marginales, Lucas y Ludmila, que viven en un cuchitril ruinoso, a la vera de Palais de Glace, sobre Libertador.
El le pega duro a las anfetaminas y a lo que venga de un laboratorio, va calzado con un arma de fuego y dispara al aire o a alguna escultura, incluso a la silla de ruedas en la que se moviliza ella, por más que ya camine, tras haber recibido en su espalda una de esas balas.
Ludmila es bonita y tiene algo de perversión, Lucas es pícaro, chistoso, bravucón y le gusta contonearse, “bailar” le dice, en cualquier lado, sea arriba del camión en el que junta deshechos de reses vacunas, un trabajo bastante desagradable o en el mostrador de una farmacia.
Un episodio importante del relato, más allá de un permanente ir y venir de Lucas y Ludmila por zonas peliagudas de la ciudad, como los subterráneos, Once, incluso Lugano 1 y 2, tiene que ver con un raro “levante” relacionado con su idea de ser padre y la resistencia de su amada.
A Ortega le gusta retratar escenas protagonizadas por marginales que surgen de su observación de la sordidez camuflada por el paisaje urbano, y esas imágenes le ayudan a construir un mundo con personajes que queda más que claro, a pesar de que busquen salida, nunca la encontrarán.
Las postales de este universo marginal, no tienen un orden claro, no obstante el clima de tensión crece y, está más o menos escrito, que el desenlace, con tanto lumpenaje, carne en vías de putrefacción, miserias de por medio y temas sin resolver, no será demasiado feliz.
Luis Ortega tiene un sello que lo hace identificable, un don para componer cuadros bellos en medio de ambientes nauseabundos, siempre acertado a la hora de elegir protagonistas, en este caso el excelente Nahuel Pérez Biscayart y la siempre creativa Ailín Salas, que en este caso asumen sus papeles con notable convicción, y merecen el aplauso.
Idilio” es una ficción acerca de una mujer muy joven que dialoga con un amigo acerca de un amor que se convirtió en obsesión, más allá de cualquier lógica, porque como lo sugiere el título, es “idílico”, es decir una relación que es vivida con mucha intensidad pero inevitablemente es de corta duración, donde pesa, y mucho, el ideal de una parte.
Para narrar esta pasión bizarra, Aponte A. Gutter eligió una voz femenina que explica y se explica su construcción de la verdad frente a un interlocutor que está del lado de la cámara, una suerte de cabeza parlante donde el contraplano es un recurso que solo se da una vez.
Los varios episodios que conforman esta larga confesión, casi de diván, tiene como bloques separadores canciones, que tienen que ver con el contenido de su discurso: se escuchan con plano en negro, y funcionan como complemento, guía necesaria para seguir con más intensidad el relato.
La selección que arranca con Rimsky-Korsakov, pasa a Shirley Basey para seguir con ACDC, Blondie, Big Brother & The Holding Company, Laura Branigan y Gloria Jones, para terminar con la argentina Julieta Alonso, la única en español (“Tu maldad”), es muy oportuna.
El director renuncia a todo artilugio de color (el filme fue rodado en blanco y negro) o de movimiento de cámara, y eso le permitió trabajar mucho mejor en la gestualidad, la expresividad, las luces y sombras de la excelente Paula Carruega en la piel de esta Camila.
Idilio” es un filme minimalista en el más amplio sentido de la definición, absoluta y genuinamente independiente, donde la idea de recrear a esta chica conflictuada y su intento por entender, finalmente, en dónde están puestos sus sentimientos, se consigue.
Si se acepta el juego propuesto, el resultado es sobresaliente y merece atención, al igual que los pasos siguientes de su autor, y obviamente de la actriz que aceptó el desafío de exponerse en planos secuencia bastante extensos (diez minutos) en los que confirma su talento.



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