19 abr. 2015

BAFICI, COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA, "LA SOMBRA" Y "MADRES DE LOS DIOSES"

La primera jornada de la sección oficial argentina del Bafici presentó dos obras de cineastas con antecedentes, como lo son Javier Olivera y Pablo Agüero, responsables respectivamente de propuestas tan disímiles como los son “La sombra” y “Madres de los dioses”, documentales que exploran senderos artísticos que van de lo autoreferencial a lo mìstico.
En “La sombra”, Javier Olivera, recordado por sus anteriores ficciones “El visitante” y “El camino”, así como su reciente documental “Mika, mi guerra de España”, recorre la historia de la casa en la zona norte del gran Buenos Aires, que él mismo ocupó con su padre, el cineasta Héctor Olivera y el resto de su familia por una década, a partir de 1974.
La casa en cuestión fue símbolo de toda una época de esplendor para el productor, fundador del sello Aries con Fernando Ayala, y también de las contradicciones argentinas, que permitían combinar burguesía con ideas demasiado progresistas y consideradas cuasi subversivas por los responsables del giro de derecha de mediados de esa misma década.
Provisto de viejos Super 8 (rodados por el recordado Ayala), que muestran al autor del trabajo cuatro décadas atrás cuando era un niño, y de sus propios registros signados por la tristeza que significa una demolición como esta, Javier Olivera hace un repaso no solo por su propia experiencia familiar sino de una parte clave del cine argentino, que es parte de la memoria colectiva.
El desguase de la casa es casi una metáfora de la desaparición del cine industrial argentino, que tuvo en Aries el último bastión que pudo combinar una cantidad de cine para público masivo, léase Olmedo y Porcel entre muchos otros productos de la TV, con obras con respaldo de intelectuales como David Viñas, Osvaldo Bayer y Osvaldo Soriano.
La reflexión no solo es valiosa por su contenido visual inédito hasta ahora, sino por su armado, y en especial por su texto en el fuera de cámara, con la voz del mismo Javier Olivera, que hace catarsis de lo que fue una parte sustancial de su propia vida y tangencialmente saca conclusiones acerca de figuras recortables de la cultura argentina que forman parte de un todo muy complejo.
El segundo de los filmes vistos hoy es “Madres de los dioses”, de Pablo Agüero, ganadora del premio Cine en Construcción en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y recordado por sus anteriores “Salamandra” y “77 Doronship”, que le valieron el reconocimiento en festivales primero, de la crítica después, tanto aquí como en el exterior.
Nuevamente en El Bolsón, un lugar en el mundo que demuestra conocer por su naturaleza pero también por quienes lo eligieron como suyo, narra en tres movimientos -Apocalipsis, Iluminación y Génesis- la vida de cuatro mujeres que por distintas razones abandona las costumbres urbanas para comenzar desde cero con un nuevo credo y construir un templo. 
Agüero evoluciona en su técnica narrativa respecto a sus trabajos anteriores y lo hace con precisión técnica, es decir con una fotografía que resulta funcional a las narraciones de estas mujeres que parecen esculpidas a mano, y a la presentación que de ellas hace Geraldine Chaplin, que aporta su propia mística al relato.
Lejos de la pura observación que caracterizaba a este tipo de intervenciones documentales a comienzos del cine independiente argentino, la de Agüero deviene rica al observar con cuidado a estas mujeres convencidas y al escucharlas permitiendo al espectador meterse en su mundo sin intermediación, generando una singular corriente de energía.

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