23 abr. 2015

BAFICI, COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA, "ARRIBEÑOS" Y "LA PRINCESA DE FRANCIA"


Las proyecciones de las competencias oficiales de la edición número 17° del Festival de Cine independiente, la argentina, finalizaron hoy con dos alternativas de diferente cuño genérico, “Arribeños”, documental de Marcos Rodríguez y “La princesa de Francia”, de Matías Piñeiro.
En “Arribeños”, el autor de “La educación gatronómica”, toma como eje las dos cuadras de la calle del título, entre Juramento y Olazabal, donde hace varias décadas confluyeron inmigrantes chinos principalmente de Taiwán, y delimitaron allí una zona ahora conocida como Barrio Chino.
Rodríguez cumple con las reglas básicas de un documental convencional, con un paseo por el lugar, la puesta en contexto y con entrevistas fuera de cámara que relatan experiencias personales a veces muy indirectas acerca de una comunidad que atravesó medio mundo para incorporase a otra.
Sin embargo, ese recorrido, que incluye año nuevo, karaoke, comidas, dibujos sobre papel de cocina y un poema, terminan reiterándose, y solo dejan como conclusión que estos inmigrantes sienten nostalgia por lo chino aquí y por lo argentino cuando les toca viajar a su terruño natal.
Dado el recorrido del género que en los últimos tiempos ofrece ejemplos que lo encaran en forma transversal, incluso en la misma competencia argentina, como “La sombra”, “Victoria” o “Al centro de la Tierra”, o en la televisión, el caso de esta apuesta por este barrio porteño deviene algo limitada.
Si resulta pertinente subrayar el primer recorrido que hace la cámara por el lugar, su entrada típica en los barrios chinos de todo el mundo, la vecindad con las vías ferroviarias, las fachadas de sus locales, y el repaso fotográfico de quienes hablan del pasado y del extraño desarraigo de cada uno.
Muy diferente resultó la nueva apuesta de Matías Piñeiro ("El hombre robado", "Todos mienten", “Viola”), por recurrir a textos shakespearianos para contar una historia con personajes a los que les gusta regodearse con lo intelectual, a través de diálogos veloces, llenos de referecias tan culturosas como ampulosas.
En este caso, la historia parte de un joven actor ausente de aquí por un tiempo, que siguió  arrera en México y al regresar se vincula al grupo de chicas, actrices under en su mayoría, con las que planea armar un piloto radial basado en una pieza que ellos mismos hicieron hace algún tiempo.
La pieza en cuestión es “Trabajos de amor perdidos”, de las primeras del Bardo, que incluye un personaje llamado como el filme de Piñeiro y en coincidencia interpretado en viejos tiempos por el protagonista de esta historia amores enrevesados, una comedia bien a su estilo juguetón.
El problema, es Piñeiro no es shakespeare y su jueguito se sostiene en la permanente “referencia a”, cuando filma un simbólico partido de fútbol cinco desde la terraza de un edificio con estridente música de Schumann, lo hace con un cuadro del academicista Bouguereau, y los fragmentos de aquella comedia interpretados frente a un micrófono, una y otra vez hasta saturar.
Otro problema es el sentido de los diálogos veloces en los filmes de Piñeiro, en donde los que hablan se responden pisando la voz del otro y a con un vértigo que supera la capacidad de devolución normal de un pensamiento tan elaborado, tan sesudo, probablemente un detritus literario poco cinematográfico.
La interpretación de Shakespeare suena, según la marcación de los actores elegidos por el director, igual que una puesta escolar, de esas de actos patrios, y no se puede discernir si lo hace intencionalmente o es accidental.
Es evidente que el elenco, que incluye a Julian Larquier, Agustina Muñoz, María Villar, Romina Paula, Pablo Sigal, Laura Paredes, Elisa Carricajo y Gabriela Saidon, siguen la afectación indicada por el director, y eso hace imposible sacar conclusiones objetivas de sus trabajos.
El director de fotografía Fernando Locket consigue crear un clima fotográfico atractivo, pero no logra compensar esta frustrada idea de “exquisitez para pocos” o “elegidos” buscada por Piñeiro, que solo puede generar beneplácito en seguidores contra viento y marea.

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