19 abr. 2015

BAFICI, COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA, "AL CENTRO DE LA TIERRA" Y "MAR"

En su segunda jornada, el Bafici ofreció en su competencia argentina dos reencuentros, el más sorprendente “Al centro de la tierra”, de Daniel Rosenfeld, el recordado autor de “Cornelia en el espejo”, el otro, “Mar”, de la chilena Dominga Sotomayor, rodada en Villa Gesell,
Sin lugar a dudas, la obra de Rosenfeld demuestra que es posible seguir apostando por la transversalidad en los géneros, en este caso el documental, y al hacerlo se proponga a la vez reflexionar acerca de la escala humana dentro de temas que aparentan ser científicos y terminan, como en este caso, abriendo la discusión acerca del hombre frente a misterios difícilmente explicables con palabras
En “Al centro de la Tierra”, su figura central es Antonio Zuleta, un salteño que tiene un par de hijos, una cámara de video elemental y su obsesión por los ovnis, expresada en una sucesión de situaciones de su vida cotidiana, de su búsqueda, que Rosenfeld enumera para generar la idea que el suyo es, precisamente, un viaje al centro de su propia necesidad de explicar lo inexplicable. 
Zuleta, cámara en mano, observa con atención desde hace años los cielos de Cachi y sus alrededores, reconocidos en todo el mundo por los sorprendentes avistajes de objetos y siluetas lumínicas que realizan tanto los fanáticos del misterioso tema, turistas o como en el caso de Zuleta, alguien que entiende existen persones que dones para hacerlo, porque “eso” es básicamente energía..
Rosenfeld, que conoció a Zuleta cuando estaba preparando otro proyecto, asegura que no se trata de un filme sobre ovnis sino de la pregunta que surge al descubrir la pasión de la figura protagonista, la curiosidad y la esperanza de este hombre por encontrar y descubrir algo grande, y en su recorrido por paisajes que deslumbran, maravillosamente fotografiados por Ramiro Civita, lo consigue.
El cineasta, también aplaudido por “Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos”, otro documental filmado en Salta, y en particular por la excelente “Cornelia en el espejo”, según el cuento de Silvina Ocampo, asegura que su filme no es un documental periodístico, sino una narración acerca de un personaje real o, en todo caso, un “documental narrativo”.
El resultado sorprende, y a la vez ratifica la convicción que se tenía acerca de Rosenfeld desde su primera obra hace ya década y media, la de un cineasta dotado de un talento singular, que no difiere a la hora de encarar un documental, una ficción o una obra fuera de género, tal es el caso de esta que con peso propio y muy oportunamente fue seleccionada para la competencia de este año.
Dominga Sotomayor es una joven guionista y cineasta chilena, autora de varios cortometrajes y del largo “De jueves a domingo”, que hace tres años y a partir de una historia sencilla, la de dos niños que viajan del centro al norte chileno en busca de sus padres, logró convencer de que se trataba de una nueva autora a los que había que prestar atención.
Ahora, en esta coproducción chileno-argentina presentada en el Forum de la última Berlinale, el paisaje cambia de orilla continental, y cruza la cordillera para llegar a Villa Gesell, mezcla de médanos mechados de verde muy cerca del mar, donde Martín (el otro Mar del título) va de vacaciones con su novia y todo parece perfecto, lo parece aunque no lo sea porque es una pareja que hace ruido, hasta que llega su madre con un vicio a cuestas, cae un rayo en la zona y todo cambia de color.
La cuestión es observar qué es lo que ocurre entre estos personajes y su ocasional entorno que parece fuera del mundo, donde toman mate, se refrescan en la pileta del hotel, comparten charlas básicas, la tensión crece por contingencias más o menos comunes, alguien se entromete y, de golpe, un par de hechos uno detrás del otro, pegan un giro a lo que parecía gracioso y monótono, a la vez. 
Con esta obra, que también participó en el Festival de Valdivia, Sotomayor atrapa en un tono parecido al que hace ya algún tiempo recurrió Ana Katz cuando rodó “Una novia errante” en un paisaje similar, no obstante con algunos apuntes un poco más graciosos, y como en aquella, esta línea permite a los actores, sobresalir en lo que les toca, en este caso de Lisandro Rodríguez y Vanina Montes, también coguionistas, y Andrea Strenitz, la madre a la que le gusta demasiado el vino.

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