4 feb. 2011

Natalia Oreiro, Ernesto Alterio y Benjamín Avila reunidos en busca de la memoria

Burzaco. Es la casa que en la ficción, tomada de la propia experiencia de vida del cineasta recordado por su documental Nietos, identidad y memoria, viven Daniel (el uruguayo Cesar Troncoso), Charo (Natalia Oreiro) y su hijo Juan, en realidad Ernesto, y adónde habitualmente se lo ve a Beto, hermano de Daniel. Allí se vive el miedo a flor de piel, porque existe un vínculo muy fuerte con la militancia y la acción directa, porque hay armas y porque todos tienen los nombres cambiados. En medio de esa clandestinidad, un chico de 12 años trata de vivir su paso de la infancia a la adolescencia como si nada estuviese ocurriendo, y todos tratan de ser felices porque, al fin y al cabo, es a eso lo que apunta su lucha. Avila es hijo de madre desaparecida secuestrada con un niño que por largo tiempo fue buscado por las Abuelas de la Plaza de mayo hasta su final descubrimiento, y la última pareja de su madre había sido uno de los jefes de Montoneros, también muerto hacia finales de la década del 70. A partir de esta historia, que llevó a guión con Marcelo Müller, Avila salió a pelear una ficción que primero fue reconocida en el Festival de la Habana de 2009, reconocida allí con un Coral a guión inédito. Después, en su búsqueda de respaldo encontró a Luis Puenzo, que convirtió a su productora en socia, y así con un poco de aquí y un poco de allí, con la entrada en el reparto de Natalia Oreiro, Ernesto Alterio y el uruguayo Cesar Troncoso (el mismo de El baño del Papa, Buen día para pescar y Ernesto apenas tarde), además de Cristina Banegas, comenzó el rodaje que culminará en aproximadamente cinco semanas m{as. Tras la partida de Alterio que vuelve a España para iniciar el 28 una nueva película con Emilio Martínez Lázaro en la que, nos dijo, interpretará a un payaso al que las cosas no le van para nada bien.
Oreiro, Alterio y Avila se sienten en la mesa de un trailer con buena refrigeración y hablan de la película que los reúne.
- (A Alterio) ¿Cómo llegaste al film de Avila?
E.A.: Estaba filmando la vida de los jueves y a través de Paula Hernández, con quien hice Lluvia, conocí a Benjamin. Me habló del proyecto y me interesó de entrada. Hace dos años que se viene armando, una historia muy personal de Benjamín. En un principio fue este el personaje elegido para mi, después fue variando pero al final quedo este y es el que me gusto de entrada. En un momento era el Daniel, pero volvió a ser este. Con benjamín tuvimos entrevistas en Madrid y finalmente, cuando entró Puenzo en la producción nos pusimos de acuerdo definitivamente.
-¿Te interesó la idea de viajar por el tiempo hasta 1979?
E.A.: Volver a otro tiempo era uno de los atractivos de la historia. Poner el cuerpo en una época que viví pero en otras circunstancias, de lejos porque entonces tenía cinco años, y con mi familia ya nos habíamos ido a España en el 74
N.O.: -Para mi es algo más nuevo todavía porque yo nací en aquel año
-Estos papeles son, para ustedes, particularmente comprometidos…
N.O.: -En cada elección de trabajo busco el compromiso, es lo más honesto que uno puede hacer cuando quiere contar una historia. En todos los géneros el cine habla de compromiso de trabajar durante dos meses con un equipo enorme en la filmación. Nosotros estuvimos ensayando durante mucho tiempo algo que la gente solo verá en un rato, y eso habla de mucho amor. Y al ser como en este caso la historia del director habla de una emotividad superior, y para nosotros es tener un referente continuo.
-El conoce los hechos reales que la sustentan…
N.O.: -Hay cosas que no entiendo de la historia y encuentro en Benjamín un espejo, el me puede decir claramente lo que necesita, qué era lo que estaba pasando, porque uno tiene muchas preguntas sobre todo cuando cuenta parte de una historia que sucedió y lo que le pasa a estos personajes, con muchas convicciones pero al mismo tiempo muchas contradicciones para interpretar. Pero para llegar a entenderlas hay que investigar mucho, vimos mucho material, durante meses…
E.A.: -Una parte importante del trabajo en esta película tuvo que ver con ubicarse en esa época, desprendernos de todo lo que se sabe, todo lo que supo que pasó, desprejuiciarse de todo eso y meterse realmente ahí, en esa época…
N.O.: -Históricamente…
E.A.-...Como dice Natalia, en cada trabajo uno lo pone todo. En mi caso trato de que el compromiso sea el máximo, con mi profesión y mi arte. Y en este caso también tenía esta cosa particular de desprenderme de lo que sabía para ubicarme realmente ahí. Y está siendo divertido…
N.O.-Suena raro, porque uno cree que es una historia muy dura, pero en realidad también es muy amorosa
-La idea parece desacralizar hechos conmovedores reconstruidos por una memoria en fragmentos pequeños, como los de un rompecabezas… de la sordidez pasar a algo más respirable, aunque siga siendo duro, como lo es la vida cotidiana…
N.O.: --Esa gente estaba clandestina, quizás otras familias podían salir a la calle, lo cual no garantizaba absolutamente nada. Dentro de su casa son una familia con un nombre y fuera son la misma familia pero con otra realidad y eso para un niño de doce años es muy condicionante. Una familia que vivía con muchísimo miedo paro al mismo tiempo la alegría, la fiesta, el amor, porque en definitiva lo que estaban haciendo era para tener más de eso, un futuro mejor para Juan, que es el protagonista, el que cuenta la historia. Me parece que lo interesante de la visión del director sobre esta película es que se cuenta desde el hijo y desde el nieto. Muchas veces se ve la historia contada desde los mismos protagonistas que generaron la historia pero en este caso esta contado desde la mirada de este niño que está viviendo de esta forma, clandestinamente pero enamorándose , como cualquier otro chico pero con dos nombres y dos realidades
-Personajes que tratan de responder una pregunta común que se hace mucha gente acerca de cómo fueron los militantes de la acción directa…
B.A.:-Generalmente hay una mirada externa, desde la acción y no de la parte humana de lo que vivían cotidianamente, como si solo hubiesen sido una parte de ellos. Se habla de la militancia como que siempre es un camino a la muerte, cuando en realidad no lo es, sino un camino hacia la felicidad y la muerte es parte del camino
N.O.: -El miedo es parte de esa vida, pero eso no te imposibilita enamorarte
-¿Cómo les resulta caminar y hacer equilibrio por este filo?
N.O. -Es muy rico, alucinante, para mi esta siendo una experiencia muy movilizadora, pero por sobre todas las cosas la posibilidad de tener un referente tan tangible como el director porque es fundamental porque uno llega a comprender, a situarse en una realidad, independientemente si uno lo acepta o no. Creo que lo interesante es saber cómo pensaban, las cosas que hacían, pasar de lo más duro a lo más sensible en el mismo instante que está sucediendo, cómo tenían ese espacio, ese tiempo…

-¿Cómo es tu relación con Natalia, Ernesto, Cesar y los chicos?
B.A.: -Me fui dando cuenta del mundo que les estaba entregando, el mundo cotidiano, con ese bagaje histórico de mi propia vida, vivencias, de gente cercana, de cuando me empezaba a dar cuenta de ese universo cuando ellos lo escuchaban, y me empezaba a dar cuenta de cómo es realmente ese universo ese universo cuando ellos no lo entendían y empezaban a hacerme preguntas que tenían que ver con algo más primario… creo que el proceso que hicimos en los últimos meses fue muy rico, porque ellos empezaron a entender a los personajes, a no juzgarlos porque había algo inevitable de todo eso. Para mi volver a explicar los porqués era repensar y replantear un montón de escenas, muchas cosas del texto. -Vos necesitabas tomar más distancia de tus propios fantasmas y ellos necesitaban acercarse…
N.O.: -Hay mucha sensibilidad en el rodaje, vos te das cuenta, se nota y cuando se termina cada toma hay como un silencio y ves en los ojos de tus compañeros una movilización que no es cotidiana, mucho respeto a lo que se está contando y al trabajo del otro, mucho compañerismo.
-¿Esta era tu idea de debut en la ficción?
B:A.: -Siempre pensé como primera ficción en algo más liviano para después llegar a esta historia.
-Una ficción hasta cierto punto…
B.A.: -Es ficción. Cuando empezamos a hacer el guión hace cuatro años, el trabajo más fuerte que tuve que hacer con Marcelo, a quien busque para que me ayudara a transitarlo desde afuera, porque sino me enredaba solo, con él fue un tramo largo y bueno porque me empecé a distanciar y ver la historia como historia y no como algo tan biográfico, correrlo de mi propia literalidad y llevarlo a una historia que tiene personajes ricos, distintos a la historia original. En la película pasan muchas cosas que no pasaron por la realidad… Por ejemplo el personaje que hace Ernesto en realidad no existió, es casi como una necesidad, haber tenido a alguien así, o María, la nena de la que Juan se enamora, era como necesario recrear esos dos mundos. La creación del mundo de Ernesto fue lo más fácil para mi porque está inventado. Lo más complejo fue el de Juan que parte referenciaba y que parte no.
-Una fuerte carga emotiva..? B.A.: -El otro día teníamos que hacer un primer plano muy intenso del nene, me gusta mucho trabajar con ellos pero también hay que construirlos, y le dije a Natalia que le gritara y que le diera como una tensión muy fuerte, él no tenía que mirarla, solo mirar el fuego. Ella empezó y lo que pasó fue que me atravesó a mí, y entonces lloré. Todos estábamos más o menos llorando
-Y eso no fue ficción…
B.A.: -Eso no fue ficción
-Pero no se ve en la película porque fue detrás de cámara…
B.A.:-No va a quedar lo que pasó pero si el espíritu…
(todos coinciden en hacer igual gesto de aprobación)
N.O.: -Cuando uno cuenta algo ajeno, como mirando documentales o escuchando lo que le ocurrió a otro, escuchando grabaciones, leyendo, quizás no sea parte de uno aunque finalmente lo sea. Empecé a reconocer cosas de mi personaje en otros personajes que no eran la madre. Claramente es una ficción y uno se pone el traje. Trabaja al servicio de la película, pero cuál es la línea que separa eso de lo otro. Es tan finita que sobre todo en los ensayos terminaba muy movilizada. Llegaba a mi casa muy movilizada y quedaba en loop, hablaba todo el tiempo de lo mismo… replantee muchas cosas, me hizo investigar cosas que de pronto no tienen que ver con la película sino como realidad, lo que pasó allá en Uruguay, preguntarle a mi tía, buscar referencias. La línea si, está, porque sino todos los actores tendríamos un problema, pero en esta película el enganche era, sobre todo en los ensayos, muy fuerte.
-Al final todos terminamos buscando lo mismo en lo cercano…
E.A.: -Para transmitir uno tiene que atravesar ciertas cosas, y empezar a poner tu cuerpo ahí, y te va a pasar algo, y uno también se lee a uno mismo, y a mi me hizo revisar mi propia historia, como me pasa con todos los personajes pero con este más, porque también es cercana, tiene que ver con mi historia, y me hacía asociar a cosas de mi infancia. -La relación que existe entre esta película y La historia oficial, en la que estuvo tu papá…
E.A.:Hay algo que me empieza a pasar ahora, sentir que encajo acá. Es muy raro… yo, que me crié en otro lugar… Es como que yo estoy haciendo de mis padres, es como correrse de generación. Entonces mi abuelo es mi papá, y yo ocupo el lugar de mi padre. Es muy interesante. Esa generación te ayuda a comprender mucho. También me tengo que desprender mucho de algo que me da mucha pena, en relación a todo lo que pasó, mucha tristeza sacarme eso para poder ubicarme realmente en el lugar, pensando que había ciertas cosas que todavía pueden ser posibles, ubicarme en un lugar de tener una fe profunda…
N.O.: -Creer en algo…
E.A.: …Y eso es una pena que se haya perdido…
B.A.: Hoy volvemos a vivir una época en la que la gente joven vuelve a tener fe. Lo pongo en términos de fe, palabra que me gusta más que creer, que tiene como más profundidad. La de los 90 fue una década muy fuerte y mala, porque la sensación de la fe perdida era una sensación tangible todos los días, Era imposible imaginar lo que está sucediendo ahora. Yo pensaba que la generación de nuestros viejos fue la última con fe en algo, genuina, la fe tomada como un hecho tan vital que no te hace poder ver las cosas de otra manera de que esto es así, que se puede y se va a hacer, movilizar todo tu cuerpo y todas tus acciones, porque todo está en función de esa fe, constantemente…
N.O.: -Se alejaban del egoísmo porque lo que hacían era por el bien del otro, lo que viví en mi adolescencia en la década del 90 fue el individualismo de pensar en uno, el sálvese quien pueda. Yo estoy bien y que el resto del mundo explote.
-Mucha gente no quiere entender a estos personajes…
B.A.: -Era tan fuerte la referencia de la fe que claramente el que no podía continuar con ese lugar veía al resto como loco. Fue gente muy vital y uno lo puede comprobar a través de su ausencia, lo que ha hecho que recién treinta años después se empiece a recomponer esa fe. Una generación mucho más rica y movilizadora que las generaciones anteriores, porque venía a transformar en serio y estaban muy preparados. No eran personas inocentes, en la película lo planteamos, de que no son simplemente unos pobres pibes que luchan por el boleto estudiantil, sino tipos que estaban realmente comprometidos con su vida, con la fe y la felicidad. Yo siempre digo que para mi la felicidad es tener esa fe, no es sonreír y estar bien, bien por estar en estado de gracia de creencia absoluta de que esto es algo que puede pasar y es lo único que te moviliza tan profundamente que no hay otro modo de ver la vida. Las palabras que te estoy diciendo no llegan a completar el concepto. Un poco despegarme del hoy para construir el presente.
N.O.: -Hoy, claramente, el camino sería otro.
-No se puede descontextualizar…
B.A..: Es lo que primero te sucede. Uno lo analiza desde la coyuntura de hoy y es inviable, pero uno tiene que trasladarse a ese momento como para entender que el camino que ellos eligieron era el que estaban convencidos que tenía que transitarse. Hoy esa misma gente, no elegiría el mismo camino, si desde la creencias, desde lo ideológico. Las metas siguen siendo las mismas y el accionar otro…
E.A.: Lo lindo de ser actor es que te posibilita agarrar un arma (dice con una sonrisa que parece de broma)
N.O.: -Por lo menos en la película…
E.A.: Claro… en la película. Odio las armas.
B.A.: -Si los juzgamos es inevitable despegarnos del presente
N.O.: -Claramente no funcionó. Hay algo de error en el accionar que hoy uno no entiende que ese haya sido el camino.
-Eso es lo mas difícil de entender, quizás buscando el costado humano es posible entenderlos mejor.
B.A.: -Si uno aborda lo humano el diálogo se abre, si uno aborda lo político el diálogo se cierra. Siempre es así. M e pasó también con Nietos. Tuve discusiones con gente que si hubiésemos hablado desde otro lugar no hubiesen ocurrido. Es un camino mucho más sano para nuestra generación y para las que vienen poder identificarse en el otro desde lo humano y respetar que el otro tiene otro pensamiento. Podemos hacerlo hoy, pero en aquella época se mataban y había una cuestión donde el camino era otro. Hoy el camino del factor humano es clave y de algún modo en esta época se esta sintiendo mucho todo eso. Se siente mucho en los jóvenes, que por primera vez están volviendo a identificarse en el otro, palabra ausente en los 90.
-Se necesitan un par de generaciones para volver a recomponer la cosa
B.A.: Exactamente.

Las imágenes que acompañan a las fotografías de rodaje son parte de los estudios para el film Infancia clandestina, hechos por Andy Riva

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