15 jul. 2010

Miss Tacuarembó: Un clásico del futuro


Natalia es una niña, pero como pasado y presente aparecen sin solución de continuidad, también tiene 30 años, una edad muy parecida a la de la Natalia que la encarna. Oh coincidencia, las dos se llaman Natalia. Dani Umpi, autor del relato original nunca dijo que el nombre del personaje haya surgido de Natalia Oreiro, la chica del Cerro, un barrio más bien humilde de Montevideo que alcanzó la fama en Buenos Aires y recorrió buena parte del mundo cosechando éxito. Una nació en Tacuarembó, la otra en el Cerro. Una termina –o comienza- su historia en la colina de Hollywood, bajo sus inmensas letras metálicas, la otra en Buenos Aires como actriz y cantante, como estrella que puede ser ocasionalmente pequeño personaje o protagonista de una película independiente, de una tira televisiva y con ella ser aplaudida en Israel o en Rusia, con la misma trascendencia de la recordada Lolita Torres, pero una del siglo XXI. Claro: la Natalia de ficción fue creada por Umpi y revisionada por Martín Sastre. La de carne y hueso, real y a la vez soñada (si, soñada) se apellida Oreiro Iglesias y por lo visto es algo más que versátil. Tiene un “don”.
Miss Tacuarembó no es una película común, ni un chiste sofisticado. Para ser cine-espectáculo es insolente, transgresora, políticamente incorrecta. Si bien tiene guiños comerciales y canciones pegadizas, su contenido va más allá que el mero entretenimiento. Es más: juega con fuego, y peligrosamente, Meterse con la religión -con la católica-, no es moco de pavo. Sastre se juega y a lo grande, con monjas que cantan y bailan, y con una catequista que parece salida de una historia del Opus, pero a la que solo le falta la cola de flecha como a un demonio de manual. Ah, y la pequeña está enamorada Cristo, a quien como Marcelino (aquel del pan y del vino) le habla y este desde la cruz le hace guiños, antes de bajar y hacer unos pasos de baile insidiosos, esta vez, con la chica bonita que se ha enamorado de él. No es poco, porque además, el mejor amigo de la infancia de la Natalia de Tacuarembó, es gay casi desde que era un crío cuando ya lo insinuaba al decir que su sueño solo era el de bailar como en las comedias de Broadway. Pecado tras pecado de la Natalia que solo soñaba con ser una cantante exitosa se presentará primero para ser elegida reina de la localidad donde nació y después ya en Buenos Aires, hará lo que pueda para ser feliz como guía, disfrazada de Tabla de la Ley en un parque -Cristo Park- que huele a Tierra Santa (no obstante fue filmado en Lujan, con la basílica como fondo), el que luce toda la iconografía católica conocida en la Costanera, donde tendrá que, antes de poder cantar en un patético show televisivo titulado Todo por un sueño (mezcla de American Idol con Gente que busca gente, conducido por una mujer esperpéntica como Rossy de Palma, aquí llamada Patricia Peinado), enfrentarse a la madre –soltera- la había criado bajo una convicción católica extremista y un sinfín de contradicciones, esas que tarde o temprano termina estallando y molestando. En ese sentido, Natalia y Carlos simbolizan a todos estos chicos que sufren la represión de sus padres, obnubilados por los modelos conservadores que les dicta la religión. Quien siente empatía con ellos terminará convencido que la única fe posible es la que uno puede profesar por si mismo o por los seres que quiere. ¿Qué propuesta más transgresora que esta, cuya llegada coincide con el final de un debate público memorable entre lo viejo y lo nuevo, entre lo retrógrado y lo nuevo, como se dio en el mismo momento en que comencé a escribir estas líneas aquí, en un teclado a 600 metros nada más del Congreso?
Miss Tacuarembó es, además de una historia fresca, solo ensombrecida de a ratos por el oscurantismo de la represión en el más amplio sentido de la palabra que sufren sus principales protagonistas, una película liberadora y llena de esperanza en el ser humano, no importa de nada su elección sexual, su altura, su color de piel o si su talismán es tal o cual, su totem es tal o cual, su perfume preferido es tal o cual? ¿Que mayor esperanza la de ver que hay un cura –el padre Clever, interpretado por el español Alejandro Tous- que duda a la hora de escuchar decisiones represivas apropósito de lo que la Iglesia bendice o maldice, en ese caso la telenovela Cristal?. ¿Qué mayor esperanza la de ver a un Cristo que no solo se parece a nosotros sino que (como aquel de Nikos Kazanzakis en La última tentación de Cristo) puede entender a hombres y mujeres como tales porque él mismo lo es, a pesar de la misión que le fue conferida por el mismo Dios? ¿Qué mayor esperanza que ver a personajes que, a pesar de tanto palo en la rueda, pueden conseguir finalmente lo que más desean? Por eso, qué bueno hubiera sido prolongar la historia Carlos y verlo finalmente, considerado como un igual por aquellos que lo castigaron con tanta condena, mote o barbaridades, como esas que se escucharon de a muchas en estos días allí donde se creía que esa brutalidad ya no existía. Miss Tacuarembo tiene un casting perfecto: Oreiro, impresionante en su doble papel, Monica Villa, como siempre una gran actriz igual que la uruguaya Mirella Pascual; Mike Amigorena todo el carisma y el coraje y Diego Reinhold, un gran comediante que puede hacer de todo y tiene un gran futuro por delante. Los temas de Ale Sergi algunos en extremo pegadizos (como muchos de los de Miranda!), por ejemplo ese del “Chiquitito, chiquitito”, que da ganas de ponerse a bailar sobre la butaca. Y si la película dotada de tanta libertad da, como ya dije, ganas de bailar sobre la butaca, va a dar ganas de bailar más en la butaca por la felicidad de la gente después de esta madrugada memorable en la que se aprobó la ley de matrimonio para personas del mismo sexo.Increíble: no solo una buena película sino aquella que puede convertirse en ícono de esa nueva libertad, a imitar por el resto del mundo que todavía no ha optado por ella. Todo un símbolo que llego un 14 de julio, no es casual el día de la toma de la Bastilla… "Algún día el mundo será nuestro", coinciden los dos niños. Y si de sueños se trata, a veces la realidad supera la ficción.

Miss Tacuarembó (idem, Argentina-Uruguay-España/2010). Dirección: Martín Sastre. Guión: Martin Sastre, según el relato original de Dani Umpi. Fotografía: Pedro Luque. Dirección de Arte: Gonzalo Delgado. Música: Ignacio Pérez Marín, con canciones de Ale Sergi. Con Natalia Oreiro, Sofía Silvera, Monica Villa, Mirella Pacual, Mike Amigorena, Graciela Borges. Presentada por Primer Plano. Hablada: en castellano. Calificación: Para todo público.

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