4 may. 2009

Lucía Puenzo - El niño pez


Lucia Puenzo apuesta fuerte, por segunda vez, a un cine diferente. La primera, XXY, hace ya dos años, le permitió alcanzar un lugar de privilegio tanto aquí como en el exterior. Aquella película, con la que abordó un tema difícil –el de una adolescente hermafrodita y la reacción de su entorno- le permitió alzarse con los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina y de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la temporada 2008. Su película resultó tan exitosa en España, donde ganó el premio Goya, que a poco de su estreno era común ver copias piratas en DVD exhibidas de a montones sobre las mantas de los vendedores callejeros del centro madrileño.
Esta vez se trata de El niño pez, en coproducción con España y Francia, basada en su primera novela, publicada en 2004. Esta vez reunió a Inés Efrón con Mariela Vitale, mejor conocida como Emme, dos de las figuras femeninas que mayores expectativas han generado en los últimos años. Se trata de la historia de dos adolescentes, Lala y Ailin, la sirvienta paraguaya apodada La Guayi, que esconden el secreto de un romance prohibido, detrás de una historia de crímenes y enigmas, para su autora “lo que una de ellas hizo en un pasado, lo que las dos planean hacer en un futuro y el romance secreto que las une en el presente”.
El niño pez es una película de mujeres, reconoce la cineasta, si bien detrás de sus dos figuras centrales hay hombres, como Carlos Bardem y Pep Munné, así como Arnaldo André.
-¿Tuviste que hacer algunas modificaciones respecto al original?
-En mi novela, la historia está contada desde el punto de vista de Serafín, el perro de Lala, que tiene un tono algo cínico, teñido de humor, muy difícil de adaptar. La trama de hecho es la misma, pero de la novela a la película el tono cambió radicalmente. Mi mayor dificultad fue tomar esa decisión, hacer ese duelo de sacar al perro como narrador. La sorpresa es cómo una misma trama puede tener dos tonos completamente diferentes.

-Por lo que me decís es un cambio jugado…
-Pensé que había llegado a la versión final del guión en la última escritura y sin embargo todavía faltaba la reescritura del montaje. Además hay un cruce de géneros muy distintos. Tenía que lograr un montaje que empatase todos esos géneros, porque sino hubiese hecho una película demasiado fragmentada.
-Un cambio de tono que reformula el sentido literario…
-En la medida que el perro se transformaba en un personaje secundario el género daba un paso al frente. Si el punto de vista era el de la protagonista, de Lala, una chica de clase alta que se despierta una mañana en su casa con su padre asesinado y sin recordar qué pasó, y huye, ese recuerdo fragmentado de una persona que está huyendo porque no sabe que pasó, tenía que ser extremado, tanto en el guión como en el montaje. Pensé que esa estructura de esquirlas que el espectador empieza a entender lentamente como un rompecabezas iba a funcionar mejor cuanto más la extremáramos, que el espectador tuviese primero la incomodidad de no comprender bien hacia dónde te lleva la trama.
-También deja de lado la linealidad…
-Otra diferencia que encontré en el paso del libro al cine es que cuando lo escribí no tenía esta cosa de idas y venidas de la película, con flashbacks. La estructura, que ya en el libro era algo fracturada, se fracturó aún más. Mi sensación era que se iba convirtiendo en un recorrido emocional, por momentos algo confuso, de las dos protagonistas más que una trama policial, que no lo es. Más que una trama perfecta me interesaba ir muy cerca y que el espectador fuera de la mano del recorrido de Lala, que era confuso, y del de la Guayi, sin poder o querer recordar el secreto que guarda.
-¿Es una película de mujeres?
-Si, no obstante hay personajes hombres importantes
-¿Romance y thriller a la vez?
-La sensación es que aún hilvanando géneros muy distintos tiene identidad propia. Por momentos se mete con géneros puros, pero hubo mucho trabajo de montaje para encontrar un ritmo que fuera común a las escenas de acción, más morosas de lo que son habitualmente, o a las de amor, demasiado intensas para lo que deberían ser. Necesitaba despojarla de todo lo literario, de que los diálogos fuesen los imprescindibles. Necesitaba correrla de lo literario a lo cinematográfico.
-¿Cómo generás climas?
-Con la diseñadora de arte, Mercedes Alfonsín, trabajamos cómo lo siniestro puede irrumpir en el ámbito de lo familiar: cómo en una familia de clase alta, detrás de cada puerta puede estar lo siniestro

Voces de mujeres

Para Efrón, que viene de participar de propuestas muy diferentes, sea XXY o Amorosa Soledad, el personaje de Lala es todo un desafío. Su personaje cambia de fisonomía una vez desatada la historia. Puenzo explica que optó por filmar todas juntas por separado las escenas con uno y otro semblante, para luego montarlas en un juego de idas y venidas. Según Efrón es el papel más difícil de su carrera.
-¿Cómo es Lala?
-Como actriz viví dos momentos del rodaje: cuando Lala tenía el pelo largo y todavía había un equilibrio y cuando Lala se corta el pelo y todo se complica. Debía pensar que la del pelo corto seguía siendo Lala, a pesar de que hasta me cambia el cuerpo. Trabajar con Arnaldo fue maravilloso, un auténtico gentleman.
Emme, que viene de la canción y del teatro, donde es protagonista del musical Doña Flor y sus dos maridos, asegura que es el mejor debut que hubiera esperado en cine.
-Para mi la experiencia fue increíble, de mucho aprendizaje y mucho placer, positiva, de mucho crecimiento y mucha felicidad. En cuanto al personaje, fue difícil, pero siento que pude entenderlo sin juzgarlo. A fin de cuentas es una luchadora que sigue para adelante a pesar de todo, lo que su naturaleza le permite hacer sin demasiado análisis. Trabajar con Lucía fue fantástico: te abre las puertas de lo que ella quiere contar. Una experiencia increíble desde el primer día casting
-¿Cómo fue componer a una doméstica paraguaya?
-Mi abuela es paraguaya. Mi abuela se vino a vivir acá muy chica, por eso si bien habla guaraní no tiene acento, habla guaraní. Cuando yo era chica viajé al Paraguay y me quedó mucho acerca de cómo era ese pueblo. Para entrenarme tuve a Coral, una coach paraguaya de la que tomé su dulzura al hablar.
Al pensar en el casting, Emme no estaba en los planes de Puenzo. “Cuando hice el casting estaba convencida que el papel era para una actriz paraguaya”, asegura la cineasta. “La única argentina que vi fue a Emme, que hizo una prueba excelente en el Paraguay con la gente que hizo Hamaca paraguaya. Emme vino con un acento que ya había ensayado ayudada por un amigo correntino. Lo que creo que influye es que es cantante y tiene oído musical, algo que le permitió asimilar el guaraní. Inés y Emme debían dar esa sensación de muy diferentes, y la idea de que se conocían profundamente, de que ese amor era de años. Durante los ensayos logramos que esa intimidad fuese real: la película se sostendría solo si el público queda convencido de que el amor entre ellas es real. Creo que lo logramos”, asegura.
“Creo que Lucía sabe cómo unirse a buenos profesionales pero fundamentalmente a buena gente, y eso es lo mejor que te puede pasar”, dice Emme. “Con todos ellos me sentí bien desde el primer momento. Mi personaje dependía del de Inés y el de ella del mío”.


La leyenda del Mitã’í Pírã
La novela de Lucia Puenzo se refiere a la leyenda de “el niño pez”. En la época de lluvias y crecientes, el lago Ypoa, forma una vasta zona inundada, tierra de misterios y leyendas, con islas que según sus pobladores, aparecen y desaparecen, o cambian de lugar. Dicen que allí abajo se esconden tesoros, escondidos allí durante la guerra de la Triple Alianza. Hace algunos años, los habitantes del lugar convirtieron en altar un árbol muerto enterrado hasta la mitad de su tronco, Juguetes, fotos de bebés o niños enfermos son sus ofrendas: le piden milagros al niño pez, que vive en las profundidades. Algunos dicen haberlo visto nadando entre las raíces, que tiene membranas entre los dedos, ojos gelatinosos y cabellos largos, que es verdoso y oscuro, como las algas. Y dicen que lleva hasta el fondo a los que se ahogan.

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