20 oct. 2010

Marcelo Tinelli, el asador

Marcelo Tinelli es un chef popular, pero chef al fin. Un asador ad hoc de la TV comercial de hoy. Es de esos que preparan comidas grasosas y seguramente dañinas a la salud pero que, pueden entusiasmar tanto a quienes están acostumbrados al bodegón como esos otros que solo pisan los restaurantes de nariz bien respingada, con platos de varios dígitos. Siempre ha sido así porque es el mejor heredero del padrino Gerardo Sofovich. Sus programas son producto de su pura y exclusiva creatividad y la de su circulo íntimo, pero más que nada del público que lo consume y los medios que se alimentan de ese requesón, en verdad grasa de segunda que deja requetefrita en la sartén y que, convengamos tiene un gustito concentrado tentador directamente proporcional al daño que ocasiona en las arterias de la reflexión y el pensamiento. Sus números tienen puestas fuera de serie, y esta semana lo volvió a demostrar con cuadros brillantemente armados por un sinfín de espejitos de colores, en los que se reflejan clowns de varieté, villanos de cómic, pechos 3D de carne y silicona, y maquillaje con pincel fino y grueso. Para algunos el mejor alucinógeno puede ser el opio, para otros el paco. Sustancias alucinógenas finas o ramplonas, alucinógenas al fin. Todos somos adictos potenciales a ellas. Sin embargo a Marcelo esa cuestión de apuntar a la cultura popular sin caer bajo le queda muy-muy, grande y su propuesta tiene la posibilidad de equipararse a uno sola de las dos. ¿Adivinen a cuál?

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