3 jun. 2012

"ABRIR PUERTAS Y VENTANAS", FINALMENTE EL POST NUEVO CINE ARGENTINO

El cine nacional post nuevo cine argentino comienza a asomar jóvenes miradas, esta vez la de Milagros Mumenthaler que presentó esta semana la película con la que logró reconocimientos en diferentes festivales como Locarno, Guadalajara y Mar del Plata. Sin embargo, el filme de Mumenthaler no es de los que aprovechan la estética de la independencia para sacar partido sino, por suerte, una elaborada reflexión a propósito de lo que fue y no fue, de lo que es y no es y, hasta de lo que será más allá de un final donde la desolación parece invadir la pantalla y dejar huella. Las puertas y ventanas se abren para salir por ellas o para dejar entrar el aire fresco, cuando el lugar estuvo mucho tiempo encerrado y empieza a mezclar olores a rancio de lo que allí quedó, ya sea de cortinas, ropa de cama y muebles, y hasta el sonido de un viejo artefacto que conserva la música de otro tiempo. A partir de una idea que mucho tiene que ver con esta definición de lo que es “abrir”, Mumenthaler elabora una historia de mujeres: tres hermanas jóvenes, poco más que adolescentes, que intentan resolver qué hacer con la herencia recibida de su abuela y sus propias vidas. Es evidente que hay en la directora una clara referencia al cine de Lucrecia Martel (en especial a “La ciénaga”, pero también “La niña santa” y hasta “La mujer sin cabeza”), donde no interesan las pistas que puedan ayudar a desentrañar la angustia de las protagonistas sino las circunstancias que las unen en un mismo lugar. El adiós a la casa paterna, o a la de la abuela como en este caso que la suple, tiene un significado trascendente en la vida, marca un antes y un después, un camino de regreso que nunca más se recorrerá porque incluso tiene algo de inexorable evanescencia que lo convierte casi de golpe en mítico, en leyenda de lo que ya no es. Es precisamente esa angustia no exhibida la que Mumenthaler trabaja puntillosamente, incluso con un manejo de la parsimonia y del silencio sobresaliente, en el que mucho tiene que ver el compromiso emocional de las actrices con sus personajes. La cámara de la cineasta sigue a cada una de esta mujeres cuerpo a cuerpo, casi en silencio, a la espera de descubrir en cada gesto, una pista de sus verdades, de lo que sienten en ese momento que las trasciende. Es ineludible pensar qué le ocurrirá a cada una de estas chicas después de que la casa ya no sea de ellas, y de alguna manera esa es una duda que queda manifiesta en el final casi impredecible, abrupto si se quiere. Hay en “Abrir puertas y ventanas” un casting perfecto, el que conforman María Canale, Martina Juncadella y Ailin Salas, las hermanas Tauss, que logran coherencia siendo un grupo heterogéneo de mujeres jóvenes, de distintos rasgos pero con algo intrínseco ofrecido por el guión que las une. De igual manera es perfecta la elección para el detrás de cámara, donde sobresalen los trabajos de dirección de fotografía, a cargo de Martín Frías, y en especial de edición, de Gion-Reto Killias, en una auténtica casa que es evidente no necesitó más que unos retoques para convertirse en esa tan singular, donde todo es decadencia.

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