9 ene. 2011

Nuestro cine y la Argentina de 2010

Un Oscar, a una producción estrenada en 2009. Poco más de un centenar de estrenos, más de la mitad estrenados en circuitos convencionales, la mayoría de ficción. Pocos nombres de los ya muy conocidos, notable cantidad de debutantes. Ninguno capaz de superar el millón de espectadores, dos capaces de reunir medio millón. El puñado de películas con una importante cantidad de público con algún respaldo de la TV. Idas y venidas con las pantallas alternativas, pero a fin de cuentas la tendencia crece. Una buena porción de títulos que no tuvieron demasiada difusión, que alcanzaron solo un puñado de espectadores, algo que preocupa en especial a los cineastas más independientes. Una menor participación en muestras fuera del país, pero algún premio importante. Mayor presencia del cine nacional en festivales locales pero internacionales, como Mar del Plata y el Bafici. Ningún conflicto importante entre cineastas e Incaa. Apoyo sustancial a la producción de contenidos para la TV digital. Puesta en marcha del IncaaTV, en buena medida dedicado al cine argentino.
Estas son algunas de las claves que guiaron el cine argentino de este año más allá de si en su conjunto –algo difícil de evaluar- fue mejor o peor que en años anteriores. Dicen que en materia de gustos y colores no hay nada escrito pero es una verdad a medias. Las críticas publicadas durante este año hablan, y lo hacen de diversidad. No es poco.
El cine argentino, cuya producción es la más importante y significativa del universo del habla hispana (se ve mucho más cine argentino en España, que de ese origen aquí) vive un momento de transición que no será breve. Los cambios tecnológicos, las formas de comercialización-exhibición, la renovación generacional, la inserción en un mercado cada vez más competitivo con reglas que mutan a toda velocidad, no permiten conclusiones demasiado certeras.
Sin embargo hay algunas cuestiones concretas que no se pueden soslayar. El cine argentino sigue produciendo y la lista de proyectos crece día a día. Parecen haber quedado en el olvido las comedietas vulgares que en viejas épocas llevaban millones de espectadores para dar paso a una nueva forma de encarar el género. Pero no es la única expresión que busca renovarse. Los documentales ya no son el simple registro de algo ocurrido y hasta el cine que cuestiona los lenguajes convencionales, apuesta por ser más arriesgado.
Si hablamos de cine argentino es porque existe e importa. El Oscar de este año a El secreto de sus ojos, es en mayor medida argentino, y el reconocimiento del público a obras como Igualita a mi, comedia a fin de cuentas como Dos hermanos, pero de un nivel muy superior al que acostumbraba a llenar salas hace una década o menos todavía Carancho, Gaturro, El hombre de al lado, con su curiosa ambivalencia entre comedia y drama, se contrapone a una gran mayoría que no alcanzó los 10.000 espectadores.
Pero no hay que lamentarse por lo ocurrido sino todo lo contrario. Toda industria en ciernes sana tiene este tipo de contradicciones en un mundo en el que no solo se juega la creatividad personal de los autores, los nuevos o los consagrados, sino una coyuntura de crisis de todo tipo, desde las políticas, las religiosas y siempre en primer plano las económicas con todo lo que esto supone
En esta década prodigiosa (que no es la de Chabrol), la Argentina pudo sobrevivir y salir de la crisis más impresionante de su historia, no solo recuperar la capacidad de trabajo sino además, recuperar la confianza en una política que le devuelva la esperanza de que todo puede ser mejor y que la utopías deben seguir siendo la meta. Argentina recupero su cultura con políticas nacionales de largo alcance y festejó su Bicentenario como un acontecimiento histórico que nos pertenece a todos. Esa realidad quedó registrada en actos multitudinarios, verdaderamente multitudinarios, donde los referentes nuestra identidad hicieron lo suyo frente a sus hermanos. Fue un año memorable a pesar de una tristeza, alegre a fin de cuentas porque nos ha generado un modelo a seguir: el del esfuerzo que cuando se hace con tanta pasión y desprendimiento nos quita la vida pero nos devuelve el amor para siempre.
2010 fue un año memorable y nosotros debemos hacerlo más memorable todavía empeñados en un futuro todavía mejor.
Es posible.

2 comentarios:

Luna de Pegaso dijo...

Coincido en que el 2010 fue un buen año y esperemos que se pueda seguir creciendo.
Cariños

Celina

Luna de Pegaso dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.