8 feb 2016

"LA HABITACIÓN",; CINE INDEPENDIENTE CAMINO AL OSCAR

“La habitación”, del cineasta l dublinense Lenny Abrahamson, es una de las grandes sorpresas entre las nominadas al Oscar de la Academia de Hollywood a la producción 2015, en este caso aspirante a varias de las mejores estatuillas, las  correspondientes a filme, director, guión adaptado y actriz.
La sorpresa principal es que, a lo que significa que “Revenant: El renacido”, que se llevó doce candidaturas sea de un director mexicano que, además, ya ganó los mejores premios en 2015 y podría convertir a su director Alejandro G. Iñárritu en el tercero en línea de su país, se suma otra propuesta con sello foráneo.
Pero no suficiente con ser una producción extranjera, con dirección de un irlandés, “La habitación” tiene como una de sus características  principales no ser un ser un “espectáculo de feria”, un estilo bastante frecuentado en el cine estadounidense de los últimos tiempos signado por los efectos especiales.
Como producción, “La habitación” es un ejemplo curioso: en materia de respaldo, por detrás están Canadá, donde se rodó, pero también Irlanda, de donde es originario de su director; y el lugar donde transcurre es algún lugar impreciso de Estados Unidos, igual que la nacionalidad de sus figuras centrales.
La trama es dura, inspirada en muchos casos que se han dado en la última década, referidos a mujeres secuestradas durante años, incluso por padres, sometidas sexualmente, incluso con hijos de esas relaciones, que casi milagrosamente consiguen sortear ese cautiverio y volver al mundo, con todo lo que esto significa.
Leonard (Lenny) Abrahamson es irlandés, y acredita una carrera con varios títulos, una lista que comienza con “Adam & Paul”, de 2004 e incluye  otros tres largometrajes que preceden a “La habitación”, uno de los nueve candidatos al Oscar de Hollywood en el rubro a mejor filme, y de los más acotados cinco a mejor director.
Hay algunos puntos interesantes en la historia, de la ahora guionista Emma Donoghue, autora de la novela en que está basado, que se vio en pantalla por primera vez en el Festival de Telluride en septiembre de 2015 y estrenado un mes más tarde, recibió un caluroso recibimiento de la crítica y finalmente cuatro nominaciones.
El relato está partido al medio, la primera mitad dentro de la habitación a la que se refiere en principio el título, la segunda en otro espacio acotado, pero esta vez en lo que significan las consecuencias postraumáticas de esa situación que viven mujeres y niños frente a las actitudes perversas de quienes las someten.
No hay un antes en la historia, que comienza ya adentro de ese encierro, una especie de casa de de jardín con puerta blindada, ninguna ventana y solo un tragaluz, su único contacto con el exterior, y tampoco queda claro, por largo rato, el vínculo original de la mujer con el carcelero de su muy precaria supervivencia.
No hay golpes bajos, sino todo lo contrario, y esa calma se complementa con una quizás excesiva pulcritud –léase limpieza- en el lugar, a excepción de un minúsculo roedor y algunas cosas poco claras respecto a la educación de un niño que nunca ha tenido otro contacto con el exterior que lo que pudo ver en TV por cinco años.
Otro apunte acertado es haber dado al niño un aspecto femenino, espejo de su madre al punto de que es posible confundir su sexo, y por ejemplo apenas insinuar  la promiscuidad que significa para un niño ser testigo de la relación sexual de su madre con el hombre que los tiene encerrados, que podría haber sido un golpe bajo.
La huida, un poco naif, precede a una vuelta a la supuesta vida normal con los padres de la chica, uno de ellos William H. Macey, un abuelo que no acepta a ese nieto producto de una relación turbia, precede a una reinserción, que incluye algunas reuniones con un psicoterapeuta, que ayuda a recomponer las cosas.
La propuesta tiene un discurrir calmo que, si bien no ofrece demasiadas sorpresas, tiene un lenguaje claro, directo, que se sostiene por un montaje que no permite la tensión baje hasta el último momento, ni siquiera en esa bisagra que significa la huida del pequeño, muy bien resuelta, sin que recurra a malabarismo alguno
La actriz Brie Larson, egresada del American Conservatory de San Francisco, que actualmente tiene 27 años, la edad de la joven que interpreta, empezó a trabajar en telefilmes del Disney Channel y canta hace más de una década, ya fue premiada con el Golde Globe, el Critic’s Choice Movie Award, nominada al Bafta y al SAG.
Sin embargo es el niño Jacob Tremblay el que se compra el relato, primero porque, si bien de a ratos parece contado en primera persona, tiene un protagonismo clave; segundo porque no es para nada sencillo encarnar a niño que nació y vivió por cinco años fuera del discurrir normal de la vida, y lo hace con asombro talento.

Si bien competir con títulos fuertes, entre los restantes siete “Revenant: El renacido” o “En primera plana”, además de nombres como los de Ridley Scott y Steven Spielberg, entre ellos, la presencia de “La habitación” en esta lista habla de la necesidad de dar los Oscar una apertura que supieron tener y puede volver.

6 dic 2015

FERNANDO KRICHMAR Y "EL CAMINO DE SANTIAGO", UNA APROXIMACION AL DOCUMENTALISTA SANTIAGO ALVAREZ

Santiago Alvarez fue una figura paradigmática del cine documental cubano que arrancó en tiempos de la revolución de 1959 y ahora es eje argumental de “El camino de Santiago: Periodismo, cine y revolución en Cuba”, de Fernando Krichmar.
El filme, estrenado el último jueves por Doca en los Espacios Incaa, repasa la obra de Alvarez a partir de la mirada de los actuales cineastas cubanos que hacen frente al género con eje en la realidad  presente, con la perspectiva que permite la experiencia.
En diálogo con Télam, Krichmar repasa desde cómo descubrió la obra de Santiago Alvarez, cuál fue el aporte del cineasta al género en los últimos tiempos, con una nueva coyuntura.
-¿Cómo aparece la obra de Alvarez en tu vida?
-En los 90 nos formamos como cineastas en la búsqueda de los rastros de aquellos que habían usado el cine como arma de contrainformación en los 60 y 70 así llegamos a la obra de Raymundo Gleyzer y a partir de eso casi naturalmente dimos con la experiencia del Icaic y la tremenda obra documental de Älvarez. Pero más allá de estos clásicos, lo que más nos "arrebató" fue vivir en Cuba y tomar contacto con los materiales cotidianos de las 1500 ediciones del noticiero Icaic.
-¿En qué momento nace la idea del documental?
-La idea original es que estos "viejos" que se formaron en este verdadero dispositivo de creación-formación que fue el noticiero, ahora casi todos dedicados de lleno a la ficción, vuelvan al ruedo y filmen un noticiero "homenaje" hoy en día, todos aceptaron encantados hasta que en una charla con Fernando Pérez y Daniel Díaz Torres nos dijeron "Nosotros ya estamos viejos, por qué no convocamos a generaciones jóvenes para que, con nuestro asesoramiento, hagan ellos el noticiero "homenaje". La idea nos llevó a buscar jóvenes cineastas que vengan de la ficción casi sin entrenamiento documental para que podamos recrear la obra de Santiago desde una mirada actual, con la realidad y los problemas actuales de la Cuba revolucionaria
-¿Cómo fue la selección de los que hablan-reconstruyen al personaje?
-Se fue dando naturalmente, los mencionados Díaz Torres y Pérez, nos mostraron los primeros noticieros en que ellos participaron y allí empezamos la ronda de entrevistas. Como el Noticiero Icaic Latinoamericano fue un colectivo muy unido, un personaje fue llevando a otro y fue fundamental en ese sentido el apoyo del mismo Icaic y de Lázara Herrera, la compañera en vida de Santiago.
-¿Cómo se da ese compromiso?
-Aun hoy lleva la oficina con su nombre en el mítico edificio de 23 y 12. Ella nos permitió filmar en las mismas locaciones, algo que puso en un lugar muy emotivo a los "asesores" entre los cuales se destacaron Jerónimo Labrada y Daniel Diez, ambos sonidistas, Myriam Talavera, montajista, Silvio Rodríguez, que fue cobijado por Santiago en el noticiero cuando lo "botaron" de la televisión por simpatizante de los Beatles, Sergio Vittier músico clásico del Grupo de experimentación sonora del Icaic, el fotógrafo Raul Perez Ureta
-¿Cúales fueron los puntos culminantes de la obra de Alvarez?
-Además de los documentales y noticieros Santiago hizo algo que ya es inhabitual: registró directamente, viajando a la realidad latinoamericana y mundial in situ, dando una visión cubana y latinoamericana a hechos estratégicos que se daban en todos los continentes.
-¿Como qué?
-Por ejemplo en Vietnam, al principio los vietnamitas no entendían por qué quería filmar los parques y los niños jugando, los jóvenes tomando una birra o un helado en los bares de Hanoi, los campesinos labrando la tierra...para ellos era importante la guerra contra el invasor yanqui... Santiago iba más allá, quería mostrarle a los cubanos y al mundo un pueblo pacífico que el medio del horror de los bombardeos, seguía su vida cotidiana con tremenda fe en la victoria, y además de mostrar esa "vida cotidiana" ponía letreros que decían "nosotros convertimos el odio en energía" , la mirada artística en lo cotidiano.
-Estuvo aquí…
-Registró como nadie las tensiones de la asunción de Héctor Cámpora en 1973, en Argentina con el El nuevo Tango. Para nosotros es increíblemente actual esa mirada que  complementa el acto protocolar y la movilización en la Plaza de Mayo, con un acto en Córdoba del presidente cubano Dorticós llevado casi en andas por Agustin Tosco festejando el aniversario del Cordobazo o Piedra sobre piedra, sobre el devastador terremoto de 1970 y los de la experiencia socialista en Chile que advierten la reorganización del fascismo y el golpe desde antes de la asunción de Allende, por ejemplo en "Como, Por qué y para qué se asesina un general" .
-¿En qué medida Alvarez es autor de sus obras?
-Fue el organizador de un colectivo que potenció al máximo las energías creativas de cada uno de sus miembros, un artista que nutrió y se nutrió de la savia joven de un colectivo en acción integrado al mango a un proceso revolucionario muy profundo y eso resuma en cada material, incluso algunos documentales dicen en los créditos "realización" y luego una larga lista sin jerarquías ni detalles de su función en el film.
-¿Cómo fue la búsqueda de material acerca de Alvarez?
-Nos ayudamos de dos obras, una del amigo venezolano Atahualpa Lichy y otro material hecho en la escuela de San Antonio de los Baños por una alumna brasileña, "Now y siempre" con un Santiago ya grande pero muy distendido y "jodedor" haciendo chistes permanentemente como dicen los que lo conocieron que era su temperamento habitual, estos elementos de archivo nos permitieron tener la presencia "viva" de Santiago en nuestro documental.
-Hay un contrapunto entre lo curioso, lo simpático, lo dramático y hasta lo cómico. ¿Cómo se logra el equilibrio dada esa disparidad?
-Es uno de los grandes aportes de Santiago al documental mundial, ese uso tan latinoamericano del humor y la parodia. En ese sentido nos permitió el uso de este recurso que agiliza cualquier documental y colabora en el proceso de distanciamiento como decía Brecht para convocar a la actividad y participación mental del espectador del documental.
-¿Cómo resumirías la idea del documental, y cuál es su mensaje? 
-Creo que ofrece una idea de cómo la Revolución Cubana construyó sus herramientas audiovisuales de interpretación de su propia realidad y del mundo a través de la figura de su máximo documentalista en una mirada, una reconstrucción y un homenaje de quienes se formaron, y formaron su obra, con él y de los jovenes actuales que viven otra realidad y que se asoman a la producción cinematográfica sin haber pasado por su "tutoría" y sin casi haber conocido sus películas ni sus noticieros.
-Creés que el cine documental puede ofrecer un nuevo Alvarez?
-Como dice Silvio Rodriguez en nuestra película, y yo suscribo absolutamente, "Hace falta un espacio como ese por la combinación entre ética y estética" No solo poner en pantalla la realidad, la verdad de la lucha de clases, si no hacerlo con una búsqueda de recursos estéticos y expresivos que permitan llegar a las grandes masas sometidas para convocarlas a la reflexión y a la acción revolucionaria.
-Creés que la nueva tecnología de bolsillo cambia el concepto de documental?
-Ya lo decía el general Nguyen Giap, el vietnamita que venció descalzo a los ejercitos imperialistas de Francia y Estados Unidos: "Lo importante no es el arma, si no la idea detrás del arma".


29 oct 2015

CATARINA MOURAO PRESENTA EL DOCUMENTAL "A TOCA DO LOBO"

“A toca do lobo” (“El refugio del lobo”) es un filme de Catarina Mourao acerca de su abuelo, el novelista, cuentista y poerta lusitano Tomaz de Figueiredo (1902-1970), exponente de un estilo propio tan antiguo como moderno en la década del 60, que se puede ver en Buenos Aires en el marco de la 3ra. Semana de Cine Portugués en el Malba.
Mourao, como lo hicieron los argentinos Andrés Di Tella con “Fotografías” y Javier Olivera con la inminente “La sombra”, toma una figura familiar como eje central, y diseña con prolijidad de arquitecta la perspectiva que le permita reconstruir a la distancia aquel personaje que, a pesar de ser su abuelo, tiene un significado que va más allá de su protagonismo en la literatura de su país.
La cineasta, autora de  “Desassossego”, “A flor da pele” y “Pelas sombras”, acerca de la artista plástica portuguesa Lourdes Castro, contó para este repaso familiar con numerosos álbumes familiares, documentación variada, e incluso filmaciones y en especial un viejo programa de TV acerca de singulares coleccionistas donde aparece Figueiredo mostrando su secreta galería de fundas para pipas.
-¿Por proximidad, tomar como eje de un documental a un familiar, no implica renunciar a objetividad?
-La idea del cine nunca fue la objetividad, fue siempre explorar un punto de vista. En este film, el universo que quiero tratar es aparentemente un universo cercano pero simultáneamente distante. A veces la familiaridad puede tornarse muy extraña, es lo que Freud denomina el “uncanny”. Los álbumes, las fotografías y los filmes de familia son archivos tal como las memorias y los sueños, y eso es perfectamente asumido en la película.
-Igualmente, el desafío sigue existiendo...
-El desafío no era tanto tornar más objetivo lo que es familiar pero sí tornar lo familiar en universal. Y para eso es fundamental envolver emocionalmente el espectador.
-¿Cómo fue el proceso de búsqueda de material propio y ajeno?
-El proceso de pesquisa, el rodaje y el montaje de la película se fueron dando más o menos en simultáneo. Fui encontrando historias, fui filmando, fui montando. Y después volvía nuevamente a encontrar nuevas pistas que a veces hasta contradecían las pistas iniciales o las memorias de mi mamá. Quise que el film, más allá de la narrativa más cronológica sobre la historia de mi abuela y de mi mamá, reflejase mi propio viaje navegando por los archivos que iba encontrando.
-El hecho de tener mucho material familiar del tema encarado, ¿facilita o complica la posibilidad de sintetizar una historia tan vasta?
-En principio tener mucho material nos permite tener más opciones, un diseño más rico de la historia en su complejidad. Pero después es necesario saber elegir para tornar la historia inteligible. A veces se nos es negado el acceso a material, a veces somos confrontados con puertas cerradas y silencios y eso también es “material” en si mismo, un hallazgo que quise incorporar en la película. El hecho de nunca haber logrado entrar en Casares, a la casa de mi abuelo, fue determinante y moldeó el film que hice. Fue frustrante pero simultáneamente liberador.
-La abundancia de fotografías de notable calidad ayudaron en la tarea, más allá de que también hay filmaciones caseras de varias épocas.
-Sí, haber encontrado filmes antiguos en buen estado de conservación y en los que quien filmaba tenía una mirada cinematográfica ayudó muchísimo. Fueron estos descubrimientos de filmes caseros, así como un fantasmagórico programa de TV con mi abuelo, que desencadenaron las ganas de hacer la película.
-¿Qué dificultades tuvo, a nivel familiar para encarar a semejante personaje, y cuál fue el mayor obstáculo que tuvo en el rodaje?
-Creo que transformé la dificultad en una fuerza del film. El film es sobre la opacidad y el silencio que dominaron 48 años en Portugal y que claramente tuvieron efectos en la esfera más familiar y personal de la vida de los portugueses. Mi tía, a partir del momento en el que no quiere colaborar en la película e impide mi visita a la casa de mi abuelo, se torna en un personaje casi ficcional pero ausente del film. Ella es obra de una construcción sobre su identidad y una metáfora perfecta para toda una época.
-Tu obra aborda un subgénero del documental que es el de la obra autorreferencial...
-Hacer un film en primera persona con esta dimensión auto reflexiva implica un nivel de exposición que yo desconocía. Se trata del primero que hice con mi voz en off y en el que yo aparezco. En el inicio la idea no era esa pero a medida que fui filmando las conversaciones con mi mamá se hizo inevitable mi presencia en la película. No podía dejar a mi mamá hablando sola en la pantalla. Este viaje era un viaje de las dos. Claro que este abordaje más autobiográfico coloca muchos desafíos.
-Es imposible salir del gran tema que es una historia personal...
-Se trata de intentar que una historia personal sea relevante para los demás, sea tratada con suficiente profundidad que permita que otras personas se revean en ella o que se envuelvan en su viaje y que las memorias personales tengan eco en un contexto social y político mas vasto.
-¿Qué cree haber aprendido haciendo este trabajo?
-Aprendí que la gran cuestión en el documental es la distancia justa en relación al que queremos filmar y, en este caso, no es muy distinto. Aquí era importante en muchas ocasiones distanciarme de la historia que estaba contando, olvidar que era la mía y mirarla desde afuera. Es un ejercicio difícil pero no más difícil que filmar el “otro” y tener la pretensión de que le podemos dar una voz y representarlo como pasa en los documentales que no son autobiográficos. (Publicada en Télam)


23 abr 2015

BAFICI, COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA, "ARRIBEÑOS" Y "LA PRINCESA DE FRANCIA"


Las proyecciones de las competencias oficiales de la edición número 17° del Festival de Cine independiente, la argentina, finalizaron hoy con dos alternativas de diferente cuño genérico, “Arribeños”, documental de Marcos Rodríguez y “La princesa de Francia”, de Matías Piñeiro.
En “Arribeños”, el autor de “La educación gatronómica”, toma como eje las dos cuadras de la calle del título, entre Juramento y Olazabal, donde hace varias décadas confluyeron inmigrantes chinos principalmente de Taiwán, y delimitaron allí una zona ahora conocida como Barrio Chino.
Rodríguez cumple con las reglas básicas de un documental convencional, con un paseo por el lugar, la puesta en contexto y con entrevistas fuera de cámara que relatan experiencias personales a veces muy indirectas acerca de una comunidad que atravesó medio mundo para incorporase a otra.
Sin embargo, ese recorrido, que incluye año nuevo, karaoke, comidas, dibujos sobre papel de cocina y un poema, terminan reiterándose, y solo dejan como conclusión que estos inmigrantes sienten nostalgia por lo chino aquí y por lo argentino cuando les toca viajar a su terruño natal.
Dado el recorrido del género que en los últimos tiempos ofrece ejemplos que lo encaran en forma transversal, incluso en la misma competencia argentina, como “La sombra”, “Victoria” o “Al centro de la Tierra”, o en la televisión, el caso de esta apuesta por este barrio porteño deviene algo limitada.
Si resulta pertinente subrayar el primer recorrido que hace la cámara por el lugar, su entrada típica en los barrios chinos de todo el mundo, la vecindad con las vías ferroviarias, las fachadas de sus locales, y el repaso fotográfico de quienes hablan del pasado y del extraño desarraigo de cada uno.
Muy diferente resultó la nueva apuesta de Matías Piñeiro ("El hombre robado", "Todos mienten", “Viola”), por recurrir a textos shakespearianos para contar una historia con personajes a los que les gusta regodearse con lo intelectual, a través de diálogos veloces, llenos de referecias tan culturosas como ampulosas.
En este caso, la historia parte de un joven actor ausente de aquí por un tiempo, que siguió  arrera en México y al regresar se vincula al grupo de chicas, actrices under en su mayoría, con las que planea armar un piloto radial basado en una pieza que ellos mismos hicieron hace algún tiempo.
La pieza en cuestión es “Trabajos de amor perdidos”, de las primeras del Bardo, que incluye un personaje llamado como el filme de Piñeiro y en coincidencia interpretado en viejos tiempos por el protagonista de esta historia amores enrevesados, una comedia bien a su estilo juguetón.
El problema, es Piñeiro no es shakespeare y su jueguito se sostiene en la permanente “referencia a”, cuando filma un simbólico partido de fútbol cinco desde la terraza de un edificio con estridente música de Schumann, lo hace con un cuadro del academicista Bouguereau, y los fragmentos de aquella comedia interpretados frente a un micrófono, una y otra vez hasta saturar.
Otro problema es el sentido de los diálogos veloces en los filmes de Piñeiro, en donde los que hablan se responden pisando la voz del otro y a con un vértigo que supera la capacidad de devolución normal de un pensamiento tan elaborado, tan sesudo, probablemente un detritus literario poco cinematográfico.
La interpretación de Shakespeare suena, según la marcación de los actores elegidos por el director, igual que una puesta escolar, de esas de actos patrios, y no se puede discernir si lo hace intencionalmente o es accidental.
Es evidente que el elenco, que incluye a Julian Larquier, Agustina Muñoz, María Villar, Romina Paula, Pablo Sigal, Laura Paredes, Elisa Carricajo y Gabriela Saidon, siguen la afectación indicada por el director, y eso hace imposible sacar conclusiones objetivas de sus trabajos.
El director de fotografía Fernando Locket consigue crear un clima fotográfico atractivo, pero no logra compensar esta frustrada idea de “exquisitez para pocos” o “elegidos” buscada por Piñeiro, que solo puede generar beneplácito en seguidores contra viento y marea.

22 abr 2015

BAFICI, COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA, "IDILIO" Y "LULU"

La competencia oficial argentina del 17º Bafici presentó hoy dos de los largometrajes del “grupo de los fuertes” reservados para las dos últimas jornadas, a saber “Idilio”, del debutante Nicolás Aponte A. Gutter, y “Lulú”, sexta transgresión de Luis Ortega.
Tras obras muy logradas, como “Caja negra”, “Los santos sucios” y “Verano maldito”, Ortega se propone esta vez poner en foco a dos marginales, Lucas y Ludmila, que viven en un cuchitril ruinoso, a la vera de Palais de Glace, sobre Libertador.
El le pega duro a las anfetaminas y a lo que venga de un laboratorio, va calzado con un arma de fuego y dispara al aire o a alguna escultura, incluso a la silla de ruedas en la que se moviliza ella, por más que ya camine, tras haber recibido en su espalda una de esas balas.
Ludmila es bonita y tiene algo de perversión, Lucas es pícaro, chistoso, bravucón y le gusta contonearse, “bailar” le dice, en cualquier lado, sea arriba del camión en el que junta deshechos de reses vacunas, un trabajo bastante desagradable o en el mostrador de una farmacia.
Un episodio importante del relato, más allá de un permanente ir y venir de Lucas y Ludmila por zonas peliagudas de la ciudad, como los subterráneos, Once, incluso Lugano 1 y 2, tiene que ver con un raro “levante” relacionado con su idea de ser padre y la resistencia de su amada.
A Ortega le gusta retratar escenas protagonizadas por marginales que surgen de su observación de la sordidez camuflada por el paisaje urbano, y esas imágenes le ayudan a construir un mundo con personajes que queda más que claro, a pesar de que busquen salida, nunca la encontrarán.
Las postales de este universo marginal, no tienen un orden claro, no obstante el clima de tensión crece y, está más o menos escrito, que el desenlace, con tanto lumpenaje, carne en vías de putrefacción, miserias de por medio y temas sin resolver, no será demasiado feliz.
Luis Ortega tiene un sello que lo hace identificable, un don para componer cuadros bellos en medio de ambientes nauseabundos, siempre acertado a la hora de elegir protagonistas, en este caso el excelente Nahuel Pérez Biscayart y la siempre creativa Ailín Salas, que en este caso asumen sus papeles con notable convicción, y merecen el aplauso.
Idilio” es una ficción acerca de una mujer muy joven que dialoga con un amigo acerca de un amor que se convirtió en obsesión, más allá de cualquier lógica, porque como lo sugiere el título, es “idílico”, es decir una relación que es vivida con mucha intensidad pero inevitablemente es de corta duración, donde pesa, y mucho, el ideal de una parte.
Para narrar esta pasión bizarra, Aponte A. Gutter eligió una voz femenina que explica y se explica su construcción de la verdad frente a un interlocutor que está del lado de la cámara, una suerte de cabeza parlante donde el contraplano es un recurso que solo se da una vez.
Los varios episodios que conforman esta larga confesión, casi de diván, tiene como bloques separadores canciones, que tienen que ver con el contenido de su discurso: se escuchan con plano en negro, y funcionan como complemento, guía necesaria para seguir con más intensidad el relato.
La selección que arranca con Rimsky-Korsakov, pasa a Shirley Basey para seguir con ACDC, Blondie, Big Brother & The Holding Company, Laura Branigan y Gloria Jones, para terminar con la argentina Julieta Alonso, la única en español (“Tu maldad”), es muy oportuna.
El director renuncia a todo artilugio de color (el filme fue rodado en blanco y negro) o de movimiento de cámara, y eso le permitió trabajar mucho mejor en la gestualidad, la expresividad, las luces y sombras de la excelente Paula Carruega en la piel de esta Camila.
Idilio” es un filme minimalista en el más amplio sentido de la definición, absoluta y genuinamente independiente, donde la idea de recrear a esta chica conflictuada y su intento por entender, finalmente, en dónde están puestos sus sentimientos, se consigue.
Si se acepta el juego propuesto, el resultado es sobresaliente y merece atención, al igual que los pasos siguientes de su autor, y obviamente de la actriz que aceptó el desafío de exponerse en planos secuencia bastante extensos (diez minutos) en los que confirma su talento.