TOP GUN: MAVERICK (EE UU., 2022). Dirección: Joseph Kosinski. Con Tom Cruise, Jennifer Connelly, Miles Teller, Val Kilmer, Ed Harris y otros. ATP, c/R. 131 min.
Película militarista, oportuna para publicitar a las fuerzas estadounidenses en el conflicto que actualmente se vive entre Rusia y la OTAN con escenario en Ucrania, que muestran las aventuras del veterano Maverick del título, un piloto de la aviación naval poco afecto a las reglas de su propia fuerza de combate que por ese motivo no consigue ascenso ni tampoco pretende retirarse para lograrlo sino que espera una decisión que finalmente llega.
Con el fin de destruir una base dónde se está por producir armamento nuclear en la que se almacena uranio ubicada en un país al que nunca se nombra en el relato pero del otro lado del océano o al menos se lo convoca para instruir a un equipo del qué saldrán los tripulantes de las naves que acometerán la tarea de destruir el objetivo.
Luego de reencontrarse en la base qué es conocida con el nombre de la película, Maverick qué es obviamente interpretado por Tom Cruise se reencuentra con el viejo amor de la primera parte, también con un grupo de jóvenes que en principio lo tratan como un viejo y luego lo reconocen como un auténtico líder y héroe y más allá de unas cuantas pruebas aéreas absolutamente inverosímiles finalmente se abocan a la tarea encomendada suponiendo un riesgo nunca antes abordado por la oficialidad de su país.
Hasta ese momento el relato es simplemente pro militar, en el que permanentemente se habla de la supremacía armamentística de la fuerza expuesta, machista en términos de lo que se muestra más allá de que participe una oficial de origen latino, inclusiva porque aparece un oficial superior afroamericano, para luego pasar a mostrar escenas de un enfrentamiento en donde solo se ven soldados de un solo bando, armas de defensa del enemigo que incluyen misiles pero nunca un muerto de los propios ni un cadaver de los enemigos expuesto, es decir ni de un lado ni del otro de la grieta.
La película no incluye ningún tipo de exposición de la relación entre el piloto aéreo y la mujer que lo apasiona, ni siquiera un beso importante.
En términos de película de género Top Gun: Maverick es muy mediocre. En términos de guión es prácticamente un telefilm común y corriente. En términos cinematográficos la película se sostiene por las imágenes de proezas aéreas que perfectamente pueden encontrarse en cualquier buen video game de calidad.
Nada de lo que se ve es básicamente real salvo las escenas filmadas en estudios muy protegidos y en un supuesto casino de oficiales donde todos beben abundante cerveza de la que se ve la marca (cómo también se ven otras marcas auspiciantes).
Cruise es el que mas aparece en cámara (la producción de su bolsillo respalda la presencia) mostrando que todavía puede lucir su físico de buen gimnasio, Jennifer Connelly cumple con cupo femenino protagonista, Ed Harris hace un cameo de unos segundos y Val Kilmer, luce muy desmejorado y edematizado (a punto de estallar) encarnando a un pope de la aeronáutica gravemente enfermo y en las vísperas del adiós.
Todos héroes y colorín colorado.
En suma más de lo mismo pero cada vez de una calidad menos justificable a la hora de pagar el precio de una entrada. Ya se verá por cable.
Cuando todo el cine del mundo hace suponer que el arte, sea por repetición, lugares comunes o zonas de confort que incluso invaden el registro independiente, no está en uno de sus mejores momentos, "Guasón" suena como una bofetada para esa polémica definición de Hollywood acerca del casi utópico equilibrio ideal que puede algunas veces darse entre arte e industria.
Es fundamental aclarar que si bien "Guasón" precede de alguna forma a "Batman" y pertenece al universo de DC Comics, esta (muy) afortunada reinterpretación nada tiene que ver con toda la avalancha de entregas sucesivas, en su mayoría excedidas de efectos especiales y anécdotas llanas autoclonadas, con pocas excepciones, como Christopher Nolan o "Spider Man: Un nuevo universo").
Arthur Fleck es un ser de la noche que vive medicado en una pocilga mugrienta junto a su madre anciana y discapacitada y trabaja como payaso promocionando merenderos baratos o haciendo morisquetas y bromas (incluso fuera de lugar) a chicos en hospitales, hasta que muestra la hilacha.
Arthur escribe una bitácora de su vida, entre chistes de humor negro y recortes pornográficos, tiene memoria eidética, es muy delgado, casi tísico, sube escaleras con aires triunfales, y una característica que lo hace singular y a veces repulsivo es su risa algo sardónica.
Esa forma de reír a carcajadas lacerantes, inoportunas y en forma espasmódica lo convierten en un ser digno de cuidado, sin embargo hay un momento clave en su vida, aquel en el que su monstruo interior comienza a brotar y ya nada será igual sino más bien infernal.
En verdad en esa Ciudad Gótica que no es otra que la Nueva York de la década del 70 pre Rudy Giuliani, puede confundirse con un sinfín de personajes que parecen salidos de la cloaca, de esas tapas caladas por donde se escabulle humo, el mismo que decoró "Taxi Driver".
El Guasón, como él mismo se bautiza, tiene como sueño ser un standapero estilo Lenny Bruce, un 'rey de la comedia' bizarro, e imagina alguna vez como invitado de late show del paradigmatico Murray Franklin, a quien imagina como ese padre que nunca conoció.
De nada vale explicar psicológicamente a un personaje como éste desde un punto de vista cinematográfico porque para eso están los psicólogos que podrían tener reflexiones más certeras que las de un crítico, pero si es necesario hacerlo desde la funcionalidad que tiene para que el lenguaje del cine sorprenda.
Y así Todd Phillips, un cineasta adocenado en comedias efectivas (cero creatividad) saca partido de la locura y cinefilia de los guionistas, donde se mezclan una infinidad de homenajes para nada pretenciosos que finalmente estallan, salpicando con sangre al espectador y a su balde con pochoclo.
Philips transita con total parsimonia por ese mundo deleznable de una ciudad sucia y corrupta, el filo del conflicto social que, de alguna forma, su personaje desata ayudado por su look de payaso afectado por Tourette, enmascarado con una grasosa pasta blanca que cubre sus muecas y miradas torvas.
Esa Ciudad Gótica -o Nueva York renombrada- funciona como olla en donde se cuecen todas las miserias humanas, desde las visibles a esas otras que operan como una infección en las nervaduras subterráneas y que, finalmente, terminan abiertas, supurando lo peor. Los homenajes son múltiples y probablemente como "Psicosis" (1960), y "El incidente" (1967), obra maestras de Alfred Hitchcock y Larry Peerce, y siguen con Martín Scorsese, el de "¿Quién golpea a mi puerta?" (1967), "Taxi Driver" (1972); "El rey de la comedia" (1982), y "Pandillas de Nueva York" (2002). Y hay más, desde los "malchicos" de "Naranja mecánica" (1971), de Stanley Kubrick, las de payasos siniestros varios y el look del de "No tengo cambio" (1990), de Bill Murray y Howard Franklin, hasta el Hannibal Lecter de "El silencio de los inocentes" (1991), de Jonathan Denme, entre muchas otras. "Guasón" sale a demoler el esquema de héroe-antihéroe, para ubicar a este personaje "diferente" casi como un producto de esos otros seres humanos que se suponen "normales", y lo hace al mismo tiempo que construye un relato cinematográfico impecable.
Todo en esta producción es abrumador, desde las composiciones de Joaquin Phoenix en el punto culminante de su carrera, o Robert De Niro, hasta la recreación de la decadencia urbana precisa, que destila olor a mugre, ese que si bien no se puede degustar en la sala, esta en la pantalla y siente. que el arte, sea por repetición, lugares comunes o zonas de confort que Cuando todo el cine del mundo hace suponer que el arte, sea por repetición, lugares comunes o zonas de confort que incluso invaden el registro independiente, no está en uno de sus mejores momentos, "Guasón" suena como una bofetada para esa polémica definición de Hollywood acerca del casi utópico equilibrio ideal que puede algunas veces darse entre arte e industria.
Es fundamental aclarar que si bien "Guasón" precede de alguna forma a "Batman" y pertenece al universo de DC Comics, esta (muy) afortunada reinterpretación nada tiene que ver con toda la avalancha de entregas sucesivas, en su mayoría excedidas de efectos especiales y anécdotas llanas autoclonadas, con pocas excepciones, como Christopher Nolan o "Spider Man: Un nuevo universo").
Arthur Fleck es un ser de la noche que vive medicado en una pocilga mugrienta junto a su madre anciana y discapacitada y trabaja como payaso promocionando merenderos baratos o haciendo morisquetas y bromas (incluso fuera de lugar) a chicos en hospitales, hasta que muestra la hilacha.
Arthur escribe una bitácora de su vida, entre chistes de humor negro y recortes pornográficos, tiene memoria eidética, es muy delgado, casi tísico, sube escaleras con aires triunfales, y una característica que lo hace singular y a veces repulsivo es su risa algo sardónica.
Esa forma de reír a carcajadas lacerantes, inoportunas y en forma espasmódica lo convierten en un ser digno de cuidado, sin embargo hay un momento clave en su vida, aquel en el que su monstruo interior comienza a brotar y ya nada será igual sino más bien infernal.
En verdad en esa Ciudad Gótica que no es otra que la Nueva York de la década del 70 pre Rudy Giuliani, puede confundirse con un sinfín de personajes que parecen salidos de la cloaca, de esas tapas caladas por donde se escabulle humo, el mismo que decoró "Taxi Driver".
El Guasón, como él mismo se bautiza, tiene como sueño ser un standapero estilo Lenny Bruce, un 'rey de la comedia' bizarro, e imagina alguna vez como invitado de late show del paradigmatico Murray Franklin, a quien imagina como ese padre que nunca conoció.
De nada vale explicar psicológicamente a un personaje como éste desde un punto de vista cinematográfico porque para eso están los psicólogos que podrían tener reflexiones más certeras que las de un crítico, pero si es necesario hacerlo desde la funcionalidad que tiene para que el lenguaje del cine sorprenda.
Y así Todd Phillips, un cineasta adocenado en comedias efectivas (cero creatividad) saca partido de la locura y cinefilia de los guionistas, donde se mezclan una infinidad de homenajes para nada pretenciosos que finalmente estallan, salpicando con sangre al espectador y a su balde con pochoclo.
Philips transita con total parsimonia por ese mundo deleznable de una ciudad sucia y corrupta, el filo del conflicto social que, de alguna forma, su personaje desata ayudado por su look de payaso afectado por Tourette, enmascarado con una grasosa pasta blanca que cubre sus muecas y miradas torvas.
Esa Ciudad Gótica -o Nueva York renombrada- funciona como olla en donde se cuecen todas las miserias humanas, desde las visibles a esas otras que operan como una infección en las nervaduras subterráneas y que, finalmente, terminan abiertas, supurando lo peor.
Los homenajes son múltiples y probablemente como "Psicosis" (1960), y "El incidente" (1967), obra maestras de Alfred Hitchcock y Larry Peerce, y siguen con Martín Scorsese, el de "¿Quién golpea a mi puerta?" (1967), "Taxi Driver" (1972); "El rey de la comedia" (1982), y "Pandillas de Nueva York" (2002)
Y hay más, desde los "malchicos" de "Naranja mecánica" (1971), de Stanley Kubrick, las de payasos siniestros varios y el look del de "No tengo cambio" (1990), de Bill Murray y Howard Franklin, hasta el Hannibal Lecter de "El silencio de los inocentes" (1991), de Jonathan Denme, entre muchas otras.
"Guasón" sale a demoler el esquema de héroe-antihéroe, para ubicar a este personaje "diferente" casi como un producto de esos otros seres humanos que se suponen "normales", y lo hace al mismo tiempo que construye un relato cinematográfico impecable
Todo en esta producción es abrumador, desde las composiciones de Joaquin Phoenix en el punto culminante de su carrera, o Robert De Niro, hasta la recreación de la decadencia urbana precisa, que destila olor a mugre, ese que si bien no se puede degustar en la sala, esta en la pantalla y siente.
A los 93 años, y tras una serie de eventos médicos desafortunados, falleció ayer, sábado 17 de agosto, José Antonio Martínez Suárez, director, docente y presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata desde 2008. Nacido en Villa Cañás, Santa Fe, el 2 de octubre de 1925, era hermano mayor de las mellizas Mirtha y Silvia Legrand y se inició en su profesión como "oyente" en los Estudios Lumiton. El debut fue en 1943, cuando tenía 18 años, durante el rodaje de "Se rematan ilusiones", que dirigió Mario C. Lugones, para un año después ser pizarrero de Carlos Hugo Christensen en "La pequeña señora de Pérez se divorcia". Además de Lugones también fue ayudante de dirección de Manuel Romero, Augusto César Vatteone, Antonio Ber Ciani, Juan Carlos Thorry, Lucas Demare, Daniel Tinayre, Ralph Pappier, Leopoldo Torre Nilsson y Kurt Land. En 1960 debutó en el largometraje con "El crack", con Jorge Salcedo según libro de Solly, con el que demostró ser un sobrio narrador en imágenes al enfocar el oscuro submundo del fútbol. En 1962, y en coincidencia con el conocido como Generación del 60, dirigió "Dar la cara", según un relato de David Viñas, acerca de tres jóvenes que acaban de terminar el servicio militar. Después de dirigir un episodio ("La salamanca") del fallido colectivo "Viaje de una noche de verano" (1965), y en el periodo de censura que se abrió desde 1966, se dedicó a la docencia. De esa forma fue titular de la cátedra de Gramática Cinematográfica en diferentes universidades del país y en Chile, donde abrió un cineclub, fue gerente de Emelco Chilena S.A. y fundó, además, T.E.A., su propia agencia de cine publicitario. En 1974, Daniel Tinayre le pidió colaboración en el guión de "La Mary", aportes que el esposo de su hermana Mirtha, sin consultarlo, cuestionó, dejando una marca indeleble a una larga relación. Definitivamente en la Argentina dirigió "Los chantas (1975), interesante relato acerca de personajes típicos de Buenos Aires, con la colaboración en el guión de Norberto Aroldi, y "Los muchachos de antes no usaban arsénico" (1976), la considerada su obra cumbre. Se trató de una comedia de humor negro, según libro de Gius, inspirada en el estilo Frank Capra, pero con ael tono ácido, corrosivo, de los estudios británicos Ealing de la década del 50, estrenada en coincidencia con el golpe militar de 1976, que frenó la posibilidad de llegar a más público. El entonces Instituto Nacional de Cinematografía (hoy Incaa), la eligió como aspirante a competir por el Oscar de la Academia de Hollywood a la mejor película hablada en otro idioma de 1976. Su última película fue el memorable thriller "Noches sin lunas ni soles" (1984), con libro de Ruben Tizziani, y papeles centrales interpretados por Alberto de Mendoza y Luisina Brando. Desde entonces se dedicó al dictado de talleres de enseñanza de cine de los que surgieron numerosos cineastas y cuyos cortometrajes en ese ámbito, más de cien, participaron y fueron premiados en numerosas muestras internacionales. Entre quienes fueron sus alumnos se destacan Lucrecia Martel, Leonardo Di Cesare, Juan José Campanella, Jose Celestino Campusano, Gustavo Taretto, Alejandro Magnone y Has Garrino. Hace una década, "Josecito" como lo cita habitualmente Mirtha Legrand en sus almuerzos y cenas, fue nombrado presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en dónde desde el primero, el 23º, estuvo atento hasta el último detalle de su producción, programación y ejecución, dando cátedra de sus conocimientos a todo el equipo que lo acompañó estos años. Cinéfilo y amante de recorrer las librerías de saldo de la calle Corrientes, en su vieja modalidad, hincha de Racing, obsesivo, elegante -estilo David Niven, pañuelo al cuello incluido-, y muy memorioso, no perdía oportunidad de dar su toque a cualquier conversación, en especial las de cine, los sábados al mediodía. En 2002 recibió el Cóndor de Plata a la trayectoria, de la Asociación de Cronistas Cinematográficos; en 2013 el historiador Mario Gallina lo homeajeó con el libro "Estoy hecho de cine" y finalmente, en 2018, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales publicó una caja conteniendo su filmografía y el libro "Fotogramas de la memoria", de Rafael Valles, qué repasa con el director su vida y obra,
Desde el nacimiento de Mickey Mouse, el sello Disney, ha dado un sinfín de grandes e inolvidables creaciones animadas, pero sin lugar a dudas hay dos que concentran contenidos argumentales y artísticos fuera de lo común, como "Fantasía" (1940) y "El Rey León" (1994), que ocupan el podio de los emblemas cuya simbología permite infinidad de análisis. "El Rey León" tiene como eje el círculo (o ciclo) de la vida a partir de la relación de un padre con su hijo, un vínculo que en el caso del genio creativo de Walt Disney siempre fue complejo, pocas veces tan claro y contundente como en el reino animal, con la obsesión de dar a animales de diversas especies características antropomórficas, inclusive hablar como humanos. En este caso se trata de Mufasa, un monarca león, generoso e inteligente, y su gran reinado en la sabana africana, donde como en todo reino existe un territorio sombrío en el que mora su hermano envidioso, rodeado de seres predadores, horda primitiva que sólo responde a instintos básicos. Lo que ocurre después es previsible: el pequeño hijo del rey, curioso y algo imprudente como todos los niños, será tentado por el mal y desatará el gran conflicto de la historia, obviamente azuzado por Scar, hermano del rey, que dispuesto a la traición, intentará y logrará a fuerza de mentiras y emboscadas, someter a su familia y a sus súbditos. La muerte de Mufasa esta escrita desde que conocemos a este repulsivo hermano, siempre custodiado por una guardia-troupe de hienas descuajeringadas, torpes, desaliñadas, de instinto carroñero, capaces de cualquier bajeza con tal de sostener a su perverso líder. Tras ese primer acto con tremenda fuerza shakespeariana (como toda la historia atravesada por "Hamlet"), Simba emprende su éxodo y en el camino se cruzará con un curioso dúo una suerte de Quijote y Sancho Panza, la suricata Timón y el jabalí Pumba, perfectos para las bromas aún en tiempos difíciles, con los que emprenderá su camino a la madurez. "Siempre que el mundo te dé la espalda tú tienes que darle la espalda al mundo", le recomienda un Timón siempre desopilante a Simba, poco antes de enseñarle el Hakuna Matata, su célebre himno "no hay problema" o "todo bien", en idioma sajuili. La dictadura de Scar se impone, pero las piezas del rompecabezas deben ponerse en orden y para lograr eso Simba tiene que aprender a imponerse rugiendo como lo hacía su padre, y asumir su papel de líder en la batalla final, y lo consigue. "Recuerda", es la palabra que se convierte en clave del relato, porque la memoria siempre es valiosa para no volver a repetir errores y para también poder caminar de cara al futuro. Jon Favreau usó el original que dirigieron Rob Minkoff y Roger Allers como storyboard, un guión sólido de Irene Mecchi, John Roberts y Linda Woolverton, así como una veintena de colaboradores, y vuelve con las impresionantes composiciones de Hans Zimmer, Tim Rice y Elton John en las letras, aportando un realismo documental estilo Animal Planet. Frente a este desafío, logra una digna revisión con personalidad propia, qué se diferencia del original, agraciado por el uso de la caricatura con arma para convencer a los mas chicos y al mismo tiempo a sus padres, en mayor medida eclipsada por el extremo fotorealismo, a pesar de que sigue conservando una dosis de humor original que se convirtió en su sello distintivo e inimitable. Sin lugar a dudas esta nueva versión de "El Rey León" tendrá como consecuencia un repaso de la original, tanto por los grandes que la vieron con sus hijos, y sus hijos con sus nietos, multiplicando por tres la taquilla sea en las salas o en los hogares, y abre la esperanza de que alguna vez aquí llegué también su versión teatral. Si hay algo concreto que han logrado Disney y sus herederos creativos a lo largo de 90 años es la combinación perfecta entre arte e industria, en viejas épocas con las reposiciones de sus éxitos y actualmente con las nuevas versiones en plataformas múltiples, y este 2019, sin lugar a dudas será el gran año de su historia.
El
director Narciso "Chicho" Ibañez Serradlor falleció hoy 6 de junio en
Madrid, a los 83 años, en febrero había recibido elGoya de Honor por su
trayectoria tanto por sus dos largometrajes como por la infinidad de
producciones televisivas, en la 33 ceremonia de los premios que entregó
la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España en la
ciudad de Sevilla.
Ibáñez
Serrador, hijo de los actores Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador,
nacido en Uruguay pero criado en la Argentina, más tarde y al igual que
su padre radicado finalmente en España, estaba afectado en su salud hace
algunos años, y debió recibir el premio en su casa en forma previa. Aquella
noche premiados cineastas como Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró,
Juan Antonio Bayona, Rodrigo Cortés, Alex de la Iglesia, Juan Carlos
Fresnadillo, Paco Plaza y Nacho Vigalondo, subieron al escenario para
homenajearlo con sus palabras. Al
terminar una breve introducción de cada de uno de ellos se presentó un
vídeo grabado especialmente por Bayona, con entrevistas a figuras que
reconocen el talento y al aporte de Ibañez Serrador a la televisión y al
cine español de género. Chicho
Ibañez Serrador cómo se lo conoció popularmente, también fue autor de
sus guiones, muchas veces con el seudónimo de Luis Peñafiel. Su
carrera comenzó en la Argentina en 1959, habiendo sido adaptador de
numerosos relatos de suspenso y terror para el viejo Canal 7
protagonizados por su padre, de los que no se conservan registros, y
tuvo principal influencia de la serie de televisión "Obras maestras del
terror" (1959) y el film "Historias de terror" (1960), de Enrique
Carreras. También
en 1959 estrenó su comedia teatral picaresca "Aprobado en castidad",
que fue presentada en Mar del Plata durante cinco temporadas, para luego
trasladarse a Madrid cómo "Aprobado en inocencia", donde permaneció
seis meses en cartel. Al
promediar la década del 60 marchó rumbo a España junto a su padre para
inciar su carrera en la televisión como autor y director, y a veces
actor, de series y telefilmes memorables e incursionar sólo dos veces en
el cine. En
su carrera de medio siglo, ibañez Serrador adapto relatos de autores
como Cornell Woolrich, Robert Louis Stevenson, Edgar Allan Poe, Ray
Bradbury, W.W. Jacobs, Alfonso Paso y también Jacobo Langsner, entre
muchos otros. "Revolucionó
la tele", "Nos enseñó a mirar y apreciar el terror", "Maestro no solo
de cines sino de cineastas", "Creador de pesadillas único y original" o
"Contagiador de amor y pasión por el terror" fueron algunas expresiones
dedicadas al homenajeado. En
el vídeo se incluyeron imágenes de las producciones más importantes del
creador del concurso televisivo "1, 2, 3", como "La culpa", "El último
reloj" o 'Historias de la frivolidad', de sus únicos dos largometrajes,
"¿Quien puede matar a un niño?" y "La residencia", numerosos unitarios
algunos con elencos argentinos, y del ciclo de 28 episodios "Historias
para no dormir".
Como a
otros grandes directores, desde Ingmar Bergman y Federico Fellini a
Woody Allen, a Pedro Almodóvar le llegó la hora crucial de hacer
memoria de su niñez, de sus tiempos de esplendor, y de su presente,
con formato de cine, y el espejo ideal que encontró fue el de "Dolor
y gloria", una de sus mejores obras.
En septiembre,
Almodóvar cumplirá 70 años y ya acredita más de 20 películas,
una filmografía que varias veces lo llevó a competir en el Festival
de Cannes y pudo alcanzar la gloria de convertirse, tras el reinado
de Carlos Saura, en el más importante nombre del cine español, por
cantidad y calidad en las últimas cuatro décadas.
A Salvador
Mallo, el director de cine que protagoniza esta historia, le duele el
cuerpo en el preciso instante en el que también empieza a recordar
el pasado, un presente en el que solo disfruta, a su manera, los
singulares cuadros de su enorme living, salvo que pueda movilizarse
mejor y, de paso, redimirse a sí mismo.
Salvador sufre el drama
común a todos los que tratan de sostener el deseo del arte, sea un
escritor, un pintor, un actor o un cineasta: tratar de vivir creando
mundos que lo alejen todo el tiempo de la idea de finitud, el de la
insoportable levedad del ser.
Pero un día se da cuenta de que
ni física ni mentalmente puede soportar el desgaste de la máquina a
la qué tanto tiempo explotó para olvidarse de que algún día,
cercano o lejano pero en cualquiera de las variantes real, le pasará
la factura simplemente por haber tratado de ser de día y de noche,
de vanguardia.
No queda ninguna duda de que Salvador es el mismo
Almodóvar, cuando se mira en un espejo muy pulido y que apenas
distorsiona la realidad, como la memoria siempre traicionera, y lo
deja desnudo frente a la vida y a la muerte, que llegara tan
inesperadamente como la vida, el día en que supo había nacido.
Este
cineasta, que creció pobre y al que el tiempo le permitió ser
exitoso, pero no pudo a fin de cuentas resolver su deseo por
completo, descubre que puede encontrar, y reencontrar, aquellas cosas
que forman parte de sus recuerdos, algunas todavía vivas, pero a los
lejos, con solo cambiar de signo la melancolía.
Almodovar
propone una de sus historias más sólidas, tanto en lo narrativo
como en lo emotivo, y recorre un camino que lo lleva a contar qué es
lo que verdaderamente siente detrás de su disfraz de autor, que ya
es pasado ser el niño rebelde del destape español, después de casi
cuatro décadas de dictadura.
Para resolver este personaje
recurrió a Antonio Banderas, un actor de sus primeros tiempos, qué
se transforma, dado que es un actor con todas las letras, en ese otro
yo (no un calco sino un “otro”) del cineasta capaz de expresar
con su caligrafía un texto ajeno que, a la vez, y es evidente,
siente como propio, como visceral.
Para Banderas sólo es
necesario valerse de las armas que los actores suelen usar en dosis
perfectas, la forma de hablar o de mirar, la manera de estar sobrio o
con una dosis de estimulantes, liberando incluso ligeros gestos
afectados qué hablan de su elección, de deseo en el más amplio
sentido de esa definición.
La palabra deseo cumple un papel
importante en la filmografía de Almodóvar, incluso es el nombre de
su productora, y Argentina también está presente en varios
momentos, como el país de una buena amiga, del amor de sus tiempos
de ebullición artística, ahora en vísperas de una esposa llamada
Lucrecia, como Martel la cineasta para la que el director manchego
produjo "Zama," y de quién en el filme se ve un fragmento
de "La niña santa".
Desde el homenaje inicial a
mujeres que parecen sacadas de un relato de Lorca, entre las que se
recorta su propia madre, hasta el mundo de su cuerpo martirizado
recreado por -el argentino- Juan Orestes Gatti, que de los discos de
Sui Generis, llegó a convertirse en la interpretación onírica del
imaginario almodovariano.
Y está Penélope Cruz como su madre,
y la insuperable Julieta Serrano como esa misma mujer anciana,
Cecilia Roth, y Leonardo Sbaraglia, y también Asier Etxeandia y el
niño Asier Flores, como ese Salvador que ya es parte de la leyenda,
lo que fue y comienza a ser parte de un sueño lejanísimo y solo
asible por la magia del cine.
Hace muchos años, el crítico Claudio España me dijo: “Alguna vez conocerás a Diego”. El nombre salió a cuenta de que en esa charla de café el tema era la crítica de cine, la de aquí y la de España. Se refería a Diego Galán. Los años pasaron y en mi primera incursión en el Festival de San Sebastián se dio la oportunidad. Pero ¿quién era Diego Galán, ese personaje del que todos hablaban?
Una buena pregunta con una larga, inacabable, respuesta.
Cuenta la historia que Galán nació en Tánger, en 1946, pero que y siendo poco más que un adolescente llegó a Madrid. No estaba en sus planes el cine y sin embargo el cine se cruzó en su camino. Primero intentó ser actor y poco después cineclubista. Ahora recuerda que muy joven todavía, su audacia le permitió hablar, y lo que es aún peor, escribir acerca de películas como el que más, y que poco le importaba el qué dirán. Sin embargo fue en ese preciso momento de su vida cuando descubrió que era su pasión. Y escribió en revistas, intentó hacer cine detrás de las cámaras pero no le fue nada bien (lo reconoce), pero si pudo reflexionando sobre cine español en la TV, y poco a poco logró construirse a si mismo como un referente de la investigación y la crítica hasta alcanzar el primer puesto en el festival donostiarra, al que pudo devolverle la mejor categoría entre los no especializados, según los parámetros de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films (FIAPF), que había perdido en tiempos de crisis.
Galán fue director de la muestra a orillas del Cantábrico en dos periodos que totalizan más de una década y, al mismo tiempo, se convirtió en crítico del diario El País y escribió una docena de libros, muy apreciados por el público cinéfilo, sin caer nunca en el elitismo.
“En el teatro Victoria Eugenia, entonces sede del festival, tenía una pequeña oficina junto al escenario y desde allí podía oler la reacción del público, descubrir que tipo de silencio era el de la platea y saber incluso si las toses eran por inquietud o disgusto”, reflexiona a su paso por Buenos Aires, donde fue uno de los organizadores del seminario Imágenes compartidas, organizado por el CCEBA, en coincidencia con el mercado Ventana Sur.
Galán es uno de los apellidos importantes de la cultura cinematográfica española de las últimas cuatro décadas. Lo demostraron su columna semanal para el diario El País (Cámara oculta), y libros como Diez palabras sobre Berlanga, , sus apuntes sobre el festival Jack Lemmon nunca cenó aquí, Fernando Fernán Gómez ese señor tan pelirrojo y más recientemente su biografía apropósito de Pilar Miró.
En su blog de internet –para el canal TCM español, donde ha conducido varios ciclos de revisión, confiesa que “Me gusta el cine como a casi todo el mundo pero con frecuencia prefiero ver películas olvidadas, especialmente aquellas que pasaron sin pena ni gloria por las pantallas o que mucha gente no ha podido ver porque fueron prohibidas o porque los comerciantes del cine las maltrataron”.
A la pregunta “Si fueras a parar a la isla de Lost, que diez películas te gustaría tener”, Diego Galá responde: “Mis 10 películas posibles, podría haber mil más…” y dijo:
La malvada (All about Eve, Joseph L. Mankiewicz, EE.UU./1950)
Cautivos del amor (Besieged, Bernardo Bertolucci, España/1998)
Bodas de sangre (Carlos Saura, España/1981)
Plácido (Luis G. Berlanga, España/1961)
Rosaura a las diez (Mario Soffici, Argentina/1958
Los compañeros (I compagni, Mario Monicelli, Italia/1963)
Vivir (Hou zhe, Zhang Yimou, China/1994)
Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli, Luchino Visconti, Italia/1960)
Ser o no ser (To Be or not to Be, Ernst Lubistch, EE.UU./1943)
Cantando en la lluvia (Singing in the Rain, Gene Kelly y Stanley Donen, 1952)
Diego Galán, una de las figuras más relevantes del cine español desde que en 1967 escribió sus primeras críticas en la revista Nuestro Cine, director y escritor, falleció ayer a los 72 años de edad en su domicilio madrileño, según informó el diario El País. Galán se desempeñó en casi todos los campos relacionados con el cine, por ejemplo dos veces la dirección del Festival Internacional de Cine de San Sebastián entre 1986 y 1989 y de 1995 a 2000, permaneciendo siempre vinculado al certamen, incluso cuando ya no ocupaba el cargo, como asesor Además de colaborar de forma habitual en la revista fotogramas, firmó críticas en las publicaciones culturales más punteras de su época, como el semanario ‘Triunfo’, y en diarios como ‘El País’. Su carrera como director comenzó con cortometrajes, para luego dirigir las series ‘Memorias del cine español’, ‘Queridos cómicos’ y ‘Una historia de Zinemaldia’, y los documentales ‘Con la pata quebrada’, ‘Elio Bernhayer, maestro del diseño’ o ‘Manda huevos’. También fue jurado en los festivales internacionales de Berlín o Cannes, y publicó libros como ‘Un joven llamado Saura’ (2009), ‘Pilar Miró, nadie me enseñó a vivir’ (2006), ‘15 mensajes a Fernando Rey’ (1992) o ‘Fernando Fernán Gómez, ese señor tan pelirrojo’ (1984), así como recibió la Medalla de Oro de la Academia de Cine en 2018. En una de sus últimos visitas a Buenos Aires confesó a Telam sus 10 películas para llevarse a una isla: "Ser o no ser" (1943), "La malvada" (1950), "Cantando bajo la lluvia" (1952), la argentina "Rosaura a las diez" (1958), "Rocco y sus hermanos" (1960), "Plácido" (1961), "Los compañeros" (1963), "Bodas de sangre" (1981), "Vivir" (1994) y "Cautivos del amor" (1998).
El cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, autor de obras como "Amores perros", "21 gramos", "Beautiful", "Birdman", y "El renacido", fue elegido presidente del jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes, que se realizará entre el martes 14 y sábado 25 de mayo, informaron hoy los organizadores de la muestra. "Desde el comienzo de mi carrera, el Festival de Cine de Cannes ha sido importante para mí. Me siento honrado y encantado de regresar este año, y estoy sumamente orgulloso de presidir el jurado. El cine fluye por las venas del planeta y este festival es el corazón", dijo el cineasta, según expresa el comunicado oficial. "Con el jurado, tendremos el privilegio de ser los primeros espectadores de las nuevas películas de nuestros colegas cineastas de todo el mundo. Es un verdadero placer y una gran responsabilidad, que asumiremos con pasión y dedicación.", concluyó. Pierre Lescure, presidente del Festival de Cine de Cannes, y Thierry Frémaux, delegado general, están honrados de que el cineasta haya respondido a su invitación: "Es muy raro que Alejandro González Iñárritu acepte participar en un jurado y esta es la primera vez que un artista mexicano preside el jurado del Festival de Cine de Cannes. Cannes es el lugar de todos los cines, y gracias a la presencia del autor de 'Babel', todo el cine mexicano celebrará el festival. " "Además de ser un cineasta atrevido y un autor siempre sorprendente, Alejandro también es un hombre de convicción, un artista de su tiempo. Siempre nos alegró darle la bienvenida a la Croisette y, en 2017, particularmente orgullosos de presentar en la Selección Oficial "Carne y Arena", su instalación de realidad virtual que evocó el tema de los migrantes con gran fuerza y humanidad. " González Iñárritu sucederá a Cate Blanchett, presidenta de la 71ª edición del Festival de Cine de Cannes, cuyo jurado otorgó la Palma de Oro a A Family Affair del director japonés Kore-eda Hirokazu.
1 Por más que se disfrute y analice la obra de Léos Carax, la conclusión a la que llegaremos es que siempre seremos sabios ignorantes.
Hace casi tres décadas tuvo su big bang con nucleo en París, riveras izquierda y derecha del Sena, y desde entonces, más allá de sus maravillosas obras que pueden contarse con los dedos de una mano, su nombre y apellido artístico encierra un enigma de nueve letras, un curioso anagrama entre Alex y Oscar. Nació como Alexandre Christoph Dupont, y siempre soñó con el cine. Convengamos que su infancia y adolescencia transcurrió al mismo tiempo que la nouvelle vague se consagraba en el mundo, con el nombre de uno sus cineastas favoritos: Jean-Luc Godard. Con las letras de Alex, su nombre, y Oscar, por el premio de Hollywood, pudo rearmar el elegido, Léos Carax, que podría ser austríaco, o de algún rincón de esa gran Europa que estaba ansiando una nueva vuelta de tuerca al lenguaje cinematográfico. Curiosamente, Carax comenzó todo muy-muy joven, al promediar la década del 80, y mucho tuvo que ver Cahiers du Cinema en todo esto porque en el Centre Censier de La Sorbonne, conoció a los influyentes críticos de esa revista, dos Serge, Darrney y Toubiana. Iggy Pop, Marilyn Monroe, David Bowie, Tintín, son íconos que lleva en su mochila, al punto que tras enamorarse (si, así fue, de Juliette Binoche), pensó que ella podría interpretar al personaje de Herge. Aquella creación de la historieta no fue, pero si otras. 2 “Nací en 1976 en una sala a oscuras; para mi es muy difícil que haya nacido antes bajo un nombre sacado de formularios. Hice cine para ser huérfano. Antes, era como si yo hubiera dormido durante diecisiete años y por eso me renombré”, confesó. Dejó el secundario a los 16, y de su Suresnes natal se fue a París, cerquita del Louvre. “Conocí a un chico llamado Elie Poicard, quien me inició en ese momento. Después, todo fue rápido”, recordó. “Desde el momento en que descubrimos a Lilian Gish en un Vidor, ya la estábamos viendo en un Griffith; después veríamos otros Griffith sin Lilian Gish, y así. Viajé muy rápido dentro de viejas películas como esas, completamente solo”, dijo a Irrockumptibles. Bólex de 16 mm en mano, hizo “La niña amada”. Todavía le afectaba el shock de haber visto por tevé “Las damas del bosque de Boulogne” (Robert Bresson), en especial aquellos diálogos poéticos para nada realistas del poeta trasgresor Jean Cocteau. Fue el prólogo de su paso por el periodismo cinematográfico y su segundo corto, un bombón noir que tituló “Strangulation Blues”, el Gran Prix del Festival de Hyéres, en 1979. Como buen rebelde es autodidacto. El Alex que nació Léos, comenzaba a caminar. Sus escritores, jura los únicos que dice necesitar para la isla desierta, son Louis Ferdinand Celine, René Char y Charles-Ferdinand Ramuz. 3 En verdad, más allá de un puñado de cortometrajes, Carax comenzó su filmografía de cinco largometrajes con “Boy Meets Girl” (1984) que, como todas sus obras, habla de relaciones humanas y sus padeceres, con la mirada puesta en aquella imagen devuelta por un espejo donde realidad y poesía se confunden. El tema a tratar y con el que sacudir a una nueva generación era todo aquel que tuviese como eje a jóvenes angustiados por su propia explosión hormonal, en tiempos que exigían cambios. El cine de Carax lo demostró intituiva y persistentemente a partir de “Boy Meets Girl” (1984), acerca de si mismo encarnado por Denis Lavant, su fetiche -casi total- en cuatro de sus cinco largos y en el memorable episodio “Merde”, del tríptico “Tokyo!” (1998). Alex y Mirelle, Denny Lavant y Mirelle Perrier, nacieron (como Carax) en 1960 pero no se conocen y el cineasta cuenta su historia como si se tratara de un film mudo, y poniendo toda su cinefilia en cada plano, en cada escena, en busca de un sello personal. “Mala sangre” (1986), con Juliette Binoche, Dennis Lavant y Juliette Delpy fue distinta, y aseguró que su la luz fuese compuesta como una partitura. La historia es simple: el STBO, una enfermedad de jóvenes que se contagia por culpa del sexo sin emoción ni compromiso, que tiene cura pero las autoridades la esconden, hasta que una mujer paga para que alguien la consiga. Carax desafíó la esclerosis del viejo cine francés. Sus personajes eran jóvenes, como él y no se asustaban al mirarse en el espejo, ni necesitaban tomar grapa con miel para despegar e! catarro, porque tenían otros recursos para salir de apuros similares. 4. Furia de vivir, desesperación, rengueras, ojos de vidrio, mentiras, el nombre Alex, Oscar o Merde que se repiten en circunstancias de uno y otro relato y que de golpe pueden hacer creer que se trata de uno solo, que intenta mostrar que es lo que pasa por su cabeza. En “Los amantes de Pont Neuf” (1991), que pensó en Super 8 blanco y negro, Alex, un marginal acróbata y alcohólico convierte en habitación de pensión un balcón del puente sobre el Sena más viejo de París, clausurado por un reciclaje, donde próximo a su manta, otro ciruja veterano y de mal talante, ex portero de un museo, le provee de amistad, consejos y ampollas con droga. Todo bien hasta que aparece ella, Michelle, en la piel de Binoche, que pinta y dibuja, gran carpeta bajo el brazo, tiene un ojo mocho, y se engancha a primera vista con el saltinbanqui que, no caben dudas si bien es Lavant es a la vez alter ego del cineasta que entonces se estaba enamorando de la joven y ascendente actriz. Así nace una historia de amor bizarro en medio de la inmundicia, a las corridas por los pasillos del metro, y con una vuelta de tuerca que terminará por abrir la esperanza a esa chica con una rara enfermedad oftalmológica, una acción desatada por el amour fou, y un happy end demasiado pum para arriba para tanta oscuridad. “Los amantes...” es un relato con mucha danza, con música y fuegos artificiales en medio de festejos que, para los protagonistas, tan cercanos como lejanos, con pulsiones de vida pero en igual medida de muerte, de excesos y de poesía. Su siguiente incursión volvió a sorprender. “Pola X” (1999), según un relato de Herman Melville, cuenta la historia de Pierre, un joven escritor que huye de su mansión natal, del calor de su madre burguesa, el fantasma de su padre diplomático, y de su prometida, para meterse en una París marginal, desafiar a todos con un amor incestuoso, en un entorno de inmigración rusa, que pervive en ruinas fabriles e impulsa la acción directa violenta. En este audaz relato, con Guillaume Depardieu, como el escritor, y Catherine Deneve, como su madre, aparecerá Ekaterina Golubeva (hasta poco atrás esposa del lituano Sharunas Bartas, ella misma visitante del Festival de Mar del Plata en 1996), como esa hermanastra depresiva, con ropa raida, sin un euro y también en fuga, que ya se había convertido en la nueva pasión de Carax. 5 En 2008, es decir una década después de la anterior, la productora Anne Pernod-Sawada lo convoca, igual que a Joon-Ho Bong y Michel Gondry, para “Tokyo!” un tríptico relacionado con la ciudad capital de Japón, y el resultado es “Merde”, poco más de media hora acerca de un ciruja, evidentemente europeo porque lo interpreta Lavant, que surge de las cloacas de Tokyo, donde hay tanques de guerra y cajas con granadas abandonadas, solo para hacerle la vida imposible a los transeuntes, incluso liquidándolos. El mediometraje es memorable y vale como un largometraje por su tratamiento del absurdo, del humor negro y de la ironía absoluta, un extremismo que supera el ridículo del trazo hiperrealista, para abordar la inmortalidad de lo repulsivo. Carax va más allá y lo gracioso o vomitivo-excesivo deviene interpretable desde diferentes ángulos. En materia de cine, el relato no muestra las costuras, por lo contrario es de una impermeabilidad que asombra, y se puede ver ad infinitum. En 2011, un golpe duro sacudió la vida del director, cuando Golubeva, su segundo gran amor, murió, sin dar demasiadas explicaciones y como si se tratara de un personaje sacado de sus películas, probablemente a consecuencia de la depresión que le habría provocado no haber alcanzado un mejor lugar en su carrera muy lejos de donde había nacido y tres hijos a cuestas. 6 Un año después la vuelta de Carax al largometraje fue con todo: más grande y golpeado pero igualmente transgresor. “Holy Motors” (2012), le permitió hablar acerca de la vida y de la muerte, recorrer París, el visible y el invisible, incluso una de sus inmensas tiendas departamentales abandonadas camino a un nuevo destino, con todos los homenajes que uno pueda imaginar a sus anteriores cuentos, que emocionaron a quienes la vieron en Cannes y Sitges, donde fue premiada. Lavant encarna a a una docena de personajes distintos, uno solo ya visto antes -el Merde de “Tokyo!”-, que cumplen con el arte de emprender misiones muy singulares, siempre a bordo de una limousine, una suerte de mini-motorhome de rodaje, una tremenda performance que concluye con una puesta con Kilye Minogue que canta como en un musical... y termina mal. Holy Motors es el nombre que lleva esa servicio de limos blancas que hablan entre ellas de noche, tratando de explicar cuál es su misión, un recorrido que tiene mucho que ver con el del propio Carax o de sus alter egos (sea como siempre Lavant o excepcionalmente Guillaume Depardieu), y donde tiene peso específico el destino, el amor loco, la poesía y el paisaje urbano. 'Hacer una película es un secreto que se evapora poco a poco" explica. "Sí yo supiera componer, el 50% de los diálogos serian reemplazados por música, sobre todo en las escenas nocturnas… Hago cine porque es lo único que no me acompleja. Sin la cámara en la mano me siento un boludo”, dixit Carax, que piensa a principios de 2019 hacer su primera película en inglés, el musical “Annette”, acerca de un comediante que enviuda de una cantante de ópera y queda a cargo de su hija de dos años, la que esconde un regalo. Será con Adam Driver (“Paterson”, “El infiltrado del KKKlan”), Michelle Williams (“Manchester frente al mar”,“Venom”) en los papeles principales, y a rodarse en Antwerp, en Bélgica. A tener paciencia. (* En varios países de latinoamérica se dice que, algo es “del carajo” -que suena foneticamente similar a “caraxo”-, cuando es sorprendente o maravilloso)
Promedia
el mes de la primavera y llegan siete novedades a las pantallas,
cuatro argentinos, como “Acusada”, de Gonzalo Tobal, que
recientemente se vió en Venecia, “Ahi viene”, de Federico
Jacobi; “Disculpas por la demora”, de Shlomo Slutzki y Daniel
Burak y “No viajaré escondida”, de Pablo Hernán Zubizarreta. De
otros orígenes son “La esposa”, de Bjorn Runge y “Hotel de
criminales”, de Drew Pearce. = = = = = “ACUSADA” Una
joven estudiante universitaria participa de una fiesta donde una
amiga termina apuñalada en circunstancias misteriosas que la
comprometen. Mientras
las sospechas recaen en ella por más de un motivo, sus padres y su
defensor hacen malabarismos por encontrarle una coartada creíble... Gonzalo
Tobal ha dirigido cortometrajes, y los largometrajes “Villegas” y
(idem,
Argentina/2018)
Dirección: Gonzalo
Tobal. Guión:
Ulises
Porra, Gonzalo Tobal. Fotografía:
Fernando
Lockett. Edición:
Alejandro
Carrillo Penovi. Música:
Intérpretes: Lali
Espósito, Leonardo Sbaraglia, Inés Estévez, Gerardo Romano, Daniel
Fanego, Gael García Bernal. Distribuidora:
Warner Bros. 114
min. SAM16.
= = = =
= “AHÍ
VIENE” Los
últimos días de vida de un hombre que vive solo en una casa
totalmente deteriorada por el paso del tiempo y la dejadez. El
hombre cambia su actitud de cara a la muerte, lo que
repercute en la tensa relación que mantiene con el hijo. Federico
Jacobi es
director y director de fotografía, estudió
en Buenos Aires Comunicación, actualmente
preside el Cluster Audiovisual de la Provincia de Buenos Aires, y
esta es
su ópera prima. (idem,
Argentina/2018)
Dirección: Federico
Jacobi. Guión:
Gastón
Varela, basado en su cuento “El camino”. Fotografía:
Javier
Paglia. Edición:
Federico
Jacobi. Música:
Walter
Jacobi. Intérpretes:
Daniel
Quaranta, Nahuel Yutich, José Celestino Campusano. Distribuidora:
Jacques Toriglia Michelle.62
min. SAM13.
= = = =
= “DISCULPAS
POR LA DEMORA” Motivado
por las coincidencias de profesión, origen y apellido, el
periodista y documentalista argentino-israelí Shlomo Slutzky
contacta en la red al periodista argentino-holandés Mariano
Slutzky.
Shlomo descubre que Mariano es el hijo de Samuel ‘Sami’
Slutzky,
el primo médico de su padre, innombrado en la familia desde su
desaparición en
la última dictadura cívico-militaren
1977. Shlomo
Slutzky y Daniel Burak, el primero debuta en la dirección, mientras
que el segundo es, además de productor, autor de “Bar El Chino”,
y director de varias piezas teatrales. (idem,
Argentina/2018) Dirección: Shlomo Slutzky, Daniel Burak. Guión:
Shlomo Slutzky, Daniel Burak, Malen Azzam. Fotografía: Daniel Burak.
Edición: Marisa Monte, César Custodio, Andrés Tambornino. Música:
G.R.U.Z. Intérpretes: Distribuidora: Machaco Films. 96 min. SAM13.
= = = =
= “NO
VIAJARÉ ESCONDIDA”
La
escritora y periodista Blanca Luz Brum se ha convertido en un símbolo
de la emancipación femenina en el continente y las versiones sobre
su vida son variadas y disímiles, los testimonios de quienes la
conocieron, llenos de contradicciones.
Pablo
Hernán Zubizarreta es director, y junto con Juan Pablo Young
dirigieron “4 de julio: la masacre de San Patricio”, y luego en
solitario “Grete, la mirada oblicua”. (idem,
Argentina/2018(. Dirección: Pablo Hernán Zubizarreta. Guión: Juan
Pablo Young, Pablo Hernán Zubizarreta. fotografía: Miguel Caram,
Santiago Salvini, Enrique Sorkin, Pablo Hernán Zubizarreta, Martin
Sapia. Edición: Fernando Vega. Música: Pata Kramer. Intérpretes:
Valeria De Luque, Malena Narvay, Violeta Narvay, Mercedes Morán.
Distribuidora;: Bellasombra SRL. 112 min. ATP, con reservas.
= = = =
= “LA
ESPOSA” Joan
Castleman es una buena esposa, de belleza madura y natural, la mujer
perfecta, pero lo cierto es que lleva cuarenta años sacrificando sus
sueños y ambiciones para mantener viva la llama de su matrimonio con
su marido, escritor. Joan ha llegado a su límite, y en vísperas de
la entrega del Nobel de Literatura a Joe, decide desvelar su secreto
mejor guardado. Bjorn
Runge es un guionista y director sueco de televisión y cine, autor
de cortometrajes y este es su séptimo largometraje. (“The
Wife”, Gran Bretaña-Suecia-Estados Unidos/2018 )
Dirección: Bjorn
Runge. Guión:
Jane
Anderson, basado en el relato “Ther Wife”, de Meg Molitzer.
Fotografía:
Ulf
Brantas. Edición:
Lena
Runge. Música:
Jocelyn
Pook. Intérpretes:
Christian
Slater, Glenn Close, Max Irons. Distribuidora:
BF
Distribution+París Films. 100
min. SAM13.
= = = =
= “HOTEL
DE CRIMINALES” Los
Ángeles, 2028: un traficante de armas, un sicario francés, unos
ladrones y un policía herido irrumpen en el Hotel Artemis, un
hospital privado para criminales, dirigido por una mujer a la que
todos llaman La Enfermera. Drew
Pearce es guionista y director de televisión que debuta en el cine
con este largometraje. (“Hotel
Artemis”, Estados Unidos/2018) Dirección: Drew Pearce. Guión:
Drew Pearce. Fotografía: Chung-hoon Chung. Edición: Gardner Gould,
Paul Zucker. Música: Cliff Martínez. Intérpretes: Jodrie Foste,
Sofia Boutella, Jeff Goldblum. Distribuidora: Diamond Films. 94 min.
SAM16.
El
primer jueves de septiembre llegó con diez estrenos, seis de los
cuales son argentinos, como “Teatro de guerra”, de Lola Arias;
“Un año de danza”, de Cecilia Miljiker; “Yanka y el espíritu
del volcan”, de Iván Abello; “Los vagos”, de Gustavo Biazzi;
“El año del león”, de Mercedes Laborde y “El último hombre”,
de Rodrigo H. Vila
Del
exterior llegan “La monja”, de Colin Hardy; “Todos lo saben”,
de Asghar Farhadi; “Demonios de medianoche”, de Travis Zariwny y
“La casa del mar”, de Robert Guediguian.
= =
= = =
“TEATRO
DE GUERRA”
Es
un ensayo sobre cómo representar la guerra, interpretado por
antiguos enemigos, en el que veteranos argentinos y británicos de
la Guerra de Malvinas se unen para discutir, ensayar y representar
sus memorias, 35 años después del conflicto.
Lola
Arias escritora, actriz, performer teatral y este es su debut como
directora de cine.
(“Theatre
of War”, Argentina-España-Alemania/2018) Dirección: Lola Arias.
Guión: Lola Arias. Fotografía: Edición: Intérpretes:
Distribuidora: Compañía de Cine. 73 min. SAM13.
= =
= = =
“UN
AÑO DE DANZA”
Sigue
durante un año a una docena de niños de 8 a 12 años en su exigente
rutina de danza y ensayos, motivados por el sueño de poder aprender
a bailar en una de las escuelas más exigentes de América latina.
Es
el debut de Cecilia Miljiker en la dirección de un largometraje.
(idem,
Argentina/2017) Dirección: Cecilia Miljiker. Guión: Cecilia
Miljiker. Intérpretes: Distribuidora: Independiente. 83 min. ATP.
= =
= = =
“YANKA
Y EL ESPÍRITU DEL VOLCÁN”
Yanka
es una niña de trece años que vive en la ciudad junto a su padre,
mientras que su madre, que los abandonó hace diez años, dejándole
a ella como único recuerdo un collar con tres piedras. Según
testigos, la madre se perdió en el bosque del Copahue la noche en
que el volcán entró en erupción por última vez y nunca más se
volvió a saber de ella.
Tras
intensos meses de búsqueda las autoridades la dieron por muerta.
Yanka nunca creyó en esta version y siempre sostuvo que su madre
estaba viva...
Es
el debut del cineasta neuquino Iván Abello en la dirección de un
largometraje.
(idem,
Argentina/2017) Dirección: Iván Abello. Guión: Fernando Regueiro,
Julieta Ledesma, Iván Abello. Fotografía: Matías Nicolás.
Edición: Pablo Barbieri Carrera. Música: Ruy Folguera.
Intérpretes: Maite Lanata, Ivan Abello, Hugo Arana, Lucía Arroyo.
Distribuidora: Digicine. 90 min. ATP.
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“LOS
VAGOS”
Ellos
uieren explotar los restos de adolescencia que les queda en el
tintero, antes de que la carroza de la adrenalina juvenil se
convierta en la calabaza del compromiso y las responsabilidades.
Guiada por el caminar flotante de Ernesto, la historia retrata la
rutina desordenada de un grupo de amigos mientras pasan sus
vacaciones entre Posadas e Ituzaingó.
Es
el debut de Gustavo Biazzi en la dirección de un largometraje.
(idem,
Argentina/2017) Dirección: Gustavo Biazzi. Guión: Gustavo Biazzi.
Fotografía: Alejo Maglio. Edición: Leandro Aste. Intérpretes:
Agustín Ávalos, Ana Clara Lasta, Emanuel Gómez, Juan Pablo Vitale,
Marcelo Enríquez, Walter Casco, Bárbara Hobecker. Distribuidora:
Cine Tren. 88 min. SAM13.
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= = =
“EL
AÑO DEL LEÓN”
León,
compañero de Flavia desde hace ocho años, murió. Como Flavia llora
su pérdida, también está confundida, abrumada por las tareas
diarias y las situaciones que la hacen sentir frágil e incompleta.
Su misma vida es desconocida. Lucía, la hija de León con su ex
esposa, irrumpe en la vida de Flavia en busca de la figura paterna
que ya no está.
Es
el debut de Mercedes Laborde como directora de un largometraje.
(idem,
Argentina/2018) Dirección: Mercedes Laborde. Guión: Merces Laborde.
Fotografía: Carla Stella. Música: Flormaleva. Intérpretes: Lorena
Vega, Malena Moiron, Julieta Vallina. Distribuidora: Primer Plano
Film Group. 84 min. SAM16.
= =
= = =
“EL
ÚLTIMO HOMBRE”
Cuenta
la historia de un veterano de guerra con trastorno de estrés post
traumático que luego de establecer una relación con un dudoso
mesías abandona su vida cotidiana y comienza a entrenarse de una
manera extrema en un refugio subterráneo. Todos dudan de su
integridad mental pero cuando él mismo empieza a planteárselo algo
extraordinario sucede
Rodrigo
H. Vila es productor y director, de televisión y cine, primero con
documentales, como “Mercedes Sosa: La voz de Latinoamérica” y
“Boca Juniors: Confidencial”, y esta es su primera ficción.
(idem,
Argentina-Canada/2018) Dirección: Rodrigo H. Vila. Guión: Rodrigo
H. Vila, Gustavo Lencina, Dan Bush. Fotografía: Daniel Ortega.
Edición: Luis de la Madrid, Jordi López. Música: Emilio Kauderer.
Intérpretes: Hayden Christensen, Harvey Keitel, Rafael Spregelburd,
Fernán Mirás. Distribuidora: UIP. SAM16.
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“LA
MONJA”
Cuando
una joven monja en una abadía de clausura en Rumanía se suicida, un
sacerdote con un pasado poseído y una novicia a punto de tomar sus
votos son enviados por el Vaticano para investigar.
Arriesgando
sus propias vidas, su fe y sus almas, se enfrentan a una fuerza
maléfica, una monja demoníaca, en una abadía que se convierte en
un campo de batalla de horror entre los vivos y los condenados.
Corin
Hardy es guionista, director de fotografía y cineasta, autor de
videoclips y de su primer largometraje “Los hijos del diablo”.
(“The
Nun”, Estados Unidos/2018) Dirección: Colin Hardy. Guión: Gary
Dauberman, James Wan, Fotografía: Maxime Alexandre. Edición: Michel
Alter, Ken Blackwell. Música: Abel Korzeniowski. Intérpretes:
Teresa Farniga, Demian Bichir, Bonnie Aaroms, Charlotte Hope.
Distribuidora: Warner Bros. 98 min. SAM13, con reservas.
= =
= = =
“TODOS
LO SABEN”
Laura
viaja con su familia desde Buenos Aires a su pueblo natal en España
para una celebración y lo que iba a ser una breve visita familiar se
verá trastocada por unos acontecimientos imprevistos, que cambiarán
las vidas de los implicados.
Asghar
Farhadi es iraní, ganador del Oscar por sus filmes “Una
separación” y “El cliente”.
(“Everybody
Knows”) Dirección: Asghar Farhadi. Guión: Asghar Farhadi,
Fotografía: José Luis Alcaine. Edición: Hayedeh Safian. Música:
Alberto Iglesias, Javier Limón. Intérpretes: Penélope Cruz,
Javier Bardem, Ricardo Darín, Eduard Fernández. Distribuidora:
Energía. 132 min. SAM13, con reservas.
= =
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“DEMONIO
DE MEDIANOCHE”
Alex
vive en una antigua mansión donde cuida a su abuela, Anna, quien
padece una enfermedad mental. Mientras busca un espejo de su abuela,
Alex y su amiga Miles encuentran una caja en el altillo.
Con
gran curiosidad la abren, sólo para descubrir un juego que deciden
jugar y seguir las reglas leyéndolas en voz alta, pero no es una
broma, poeque despertaron al demonio...
Travis
Zariwny fue diseñador de producción y este es su cuarto
largometraje.
(“The
Midnight Man”, Estados Unidos/2018) Dirección: Guión: Travis
Zariwny según la historia de Rob Kennedy. Fotografía: Gavin Kelly.
Edición: Kyle Tekiela. Música: Olaf Pyttik. Intérpretes: Summer H.
Howell, Keenan Lehmann, Meredith Rose. Distribuidora: Impacto Cine.
95 min. SAM16
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“LA
CASA JUNTO AL MAR”
En
pleno invierno, Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa de su
anciano padre, ella es actriz en París, el segundo acaba de
enamorarse de una mujer más joven, y el tercero es el único que se
quedo en ese hogar para seguir con el restaurante familiar.
Es
el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les
transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este
lugar mágico en torno a un restaurante para obreros.
Robert
Guediguian es
especialista en temas con connotación social, con mucha
participación en festivales, entre ellos “Las nieves del
Klimanjaro”, “El viaje a Argelia” y “La ciudad está
tranquila”.
(“La
villa”, Francia/2017) Dirección: Robert Guediguian. Guión: Robert
Guediguian, Serge Valenti. Fotografía: Pierre Milon. Edición:
Bernard Sasia. Intérpretes: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Daroussin,
Gérard Meylan, Jacques Boudet. Distribuidora: Mont Blanc Cinema. 107
min. SAM13.